J.D. Vance reclama el trono republicano para 2028 en la clausura del ‘Trump-a-palooza’

J.D. Vance salió al escenario de Dallas como vicepresidente de Estados Unidos y terminó la noche como la figura republicana que más claramente dejó entrever su horizonte político después de Donald Trump. En la clausura de la primera gran convención republicana dedicada a unas elecciones de mitad de mandato, Vance ofreció un discurso de 40 minutos que combinó defensa de la familia tradicional, dureza contra la inmigración y el crimen, oposición a las políticas auspiciadas por el movimiento woke y una ofensiva frontal contra el Partido Demócrata. Su intervención fue recibida con una ovación prolongada y gritos de “¡J. D., J. D., J. D!”.

El vicepresidente no anunció una candidatura para 2028. Tampoco era necesario. La puesta en escena, el momento y el comportamiento de los asistentes hicieron el trabajo. Mientras el secretario de Estado, Marco Rubio, considerado uno de los posibles aspirantes a suceder a Trump, se encontraba fuera del país, Vance ocupó el centro del escenario en la clausura del denominado Trump-a-palooza. El presidente sigue siendo el eje indiscutible del Partido Republicano, vertebrador de la heterogénea y contradictoria coalición MAGA, pero Vance empieza a ocupar el espacio de quien podría representar su continuidad después de 2028.

El vicepresidente aprovechó su intervención para presentar una versión más convencional de su conservadurismo, aunque sin abandonar los principales ejes duros del trumpismo. El discurso estuvo construido alrededor de los derroteros de la oposición. Los demócratas, según ha enhebrado, “ya no es simplemente el partido de unos impuestos ligeramente más altos o de algunas leyes absurdas. No es el partido de FDR (Franklin Delano Roosevelt) o de JFK (John F. Kennedy). Ni siquiera el de Bill Clinton. Ahora es el partido que desprecia a Estados Unidos y a las personas que lo construyeron”.

Ahora es el partido que desprecia a Estados Unidos y a las personas que lo construyeron”, afirmó Vance, al definir al Partido Demócrata como el “partido del odio”. El tono fue especialmente duro con la inmigración y con las políticas culturales de la izquierda estadounidense. Vance defendió el endurecimiento de la política migratoria, la familia tradicional y una educación alejada de las posiciones que los republicanos engloban bajo el término paraguas woke. También reivindicó la restricción del derecho a la ciudadanía por nacimiento para determinados supuestos.

La intervención tuvo, además, aroma a campaña presidencial. Cuando un asistente interrumpió para reclamar que Vance fuera el sucesor de Trump, el vicepresidente respondió que ya habría tiempo para hablar de ello y que primero había que ganar las elecciones de noviembre. Fue una respuesta calculada porque no anunció aspiraciones, pero tampoco rechazó el escenario.

 

Un discurso marcado por la confrontación cultural

La aparición de un manifestante con banderas de México y Palestina añadió otro elemento al discurso. El hombre fue expulsado de la sala y Vance utilizó el incidente para dirigir un ataque contra la izquierda y contra quienes cuestionan la política migratoria republicana. El vicepresidente también apeló a que varias posiciones de la izquierda representan una amenaza para la identidad nacional. La inmigración, el islam, los tratamientos relacionados con la identidad de género y la educación fueron incorporados a un relato que buscó movilizar al electorado republicano a través de la batalla cultural.

Ese marco dominó buena parte de la convención. El senador de Texas Ted Cruz advirtió, por ejemplo, contra una supuesta implantación de la ley islámica en Estados Unidos y señaló a figuras y candidatos progresistas como exponentes de una izquierda que los republicanos adversan por su radicalidad.

El triunfo de Abdul El-Sayed en las primarias, candidato demócrata al Senado por Míchigan, fue el plato principal en los ataques a la oposición, dividida entre el establishment centrista que busca acotar el auge del ala progresista, vehiculada a través de izquierdistas cercanos a los Socialistas Democráticos de América (DSA). El perfil de joven médico musulmán y sus posiciones económicas progresistas lo han convertido en uno de los objetivos recurrentes del discurso republicano en esta convención, que ha declarado la guerra al socialismo. También aparecieron referencias a otros nombres de la izquierda estadounidense, como el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, y el candidato demócrata al Senado por Texas James Talarico.

 

Trump vuelve a reclamar el protagonismo

Pero el protagonismo de Vance tuvo un límite. Trump cerró la convención después del vicepresidente y volvió a demostrar que cualquier intento de proyectar una sucesión republicana sigue dependiendo de su propia figura. El presidente llegó al escenario tras dos jornadas en las que había ocupado buena parte del programa. La convención fue bautizada como Trump-a-palooza precisamente por el peso extraordinario que tuvo Trump en un encuentro destinado formalmente a preparar las elecciones legislativas de noviembre.

La principal novedad de los actos fue la promesa de un pago de 5.000 dólares a “todos” los adultos estadounidenses si los republicanos mantienen el control de la Cámara de Representantes y el Senado en las elecciones de noviembre. Trump presentó la medida como un “dividendo” derivado de la fortaleza económica del país, aunque no ofreció todos los detalles sobre su financiación ni sobre el mecanismo jurídico necesario para aplicarla. Reuters ha estimado que el coste podría superar el billón de dólares.

La propuesta provocó también dudas dentro del propio Partido Republicano. Algunos legisladores han cuestionado su viabilidad fiscal, mientras el sector más fiel al presidente la han defendido como una manera de trasladar a los ciudadanos los beneficios de la política económica de la Administración.

 

El homenaje a Charlie Kirk y el recuerdo del 11-S

La jornada estuvo atravesada además por dos aniversarios. El primero fue el primer aniversario del asesinato de Charlie Kirk, fundador de Turning Point USA y una de las figuras más influyentes del movimiento juvenil ultraconservador. Vance, que mantenía una relación personal con Kirk, le dedicó parte de su intervención y reivindicó su papel dentro del movimiento conservador. La convención incluyó un homenaje específico al activista.

El segundo fue el 25º aniversario de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Supervivientes y trabajadores que participaron en las labores de emergencia fueron homenajeados durante el acto, en una jornada en la que la memoria del terrorismo volvió a mezclarse con el discurso sobre seguridad nacional. El contraste entre ambos momentos resumió buena parte de la convención: solemnidad cuando el Partido Republicano recordó a sus muertos y una retórica mucho más combativa cuando los oradores regresaron a la batalla electoral.

La presencia de Vance en el centro del escenario deja una imagen significativa de cara al futuro del Partido Republicano. No existe todavía una carrera formal por la candidatura presidencial de 2028 y el vicepresidente no ha anunciado ninguna aspiración. Pero su posición dentro de la Administración, su capacidad para conectar con el movimiento conservador y su creciente protagonismo público lo colocan entre las figuras que previsiblemente tendrán peso en el debate sucesorio. @mundiario