El Barça sigue teniendo muchos argumentos, pero pocos resultan tan determinantes como Lamine Yamal y Raphinha. En el Ciutat de València volvieron a marcar el ritmo de un ataque que parece encontrar soluciones casi siempre que alguno de los dos entra en contacto con el balón. Dos goles del primero, dos asistencias del segundo y otra victoria para mantener el pleno y recuperar los tres puntos de ventaja al frente de La Liga.
Hansi Flick ha conseguido que ambos convivan sin necesidad de repartirse el protagonismo. Lamine necesita el balón para desequilibrar, encarar y crear desde la derecha; Raphinha puede aparecer por fuera, por dentro o atacar un espacio sin participar durante varios segundos en la jugada. Son futbolistas diferentes, pero ahora mismo complementarios hasta el punto de convertirse en la principal referencia ofensiva del campeón.
El brasileño volvió a demostrarlo ante el Levante sin necesidad de marcar. Participó directamente en dos goles con dos asistencias y confirmó que su extraordinario comienzo de temporada no depende únicamente de su facilidad para llegar al área. Había marcado ocho tantos en los cinco primeros partidos oficiales del curso y esta vez cambió el gol por la creación.
Lamine hizo justo lo contrario. Marcó el segundo después de una acción construida junto a Raphinha y convirtió el penalti que colocó el 0-3 nada más comenzar la segunda mitad. Son ya tres jornadas consecutivas de Liga firmando un doblete. El extremo ha comenzado la temporada convirtiendo en rutina cifras que para prácticamente cualquier otro futbolista serían extraordinarias.
Todo parecía encaminado mucho antes. Xavi Espart había abierto el marcador a los cinco minutos y el Barça encontró después espacios suficientes para imponer su enorme superioridad ofensiva. Cuando Lamine hizo el tercero, la sensación era que el partido estaba terminado. El equipo de Flick había vuelto a golpear pronto, había aprovechado sus oportunidades y tenía tres goles de margen.
También ahí aparece parte del mérito del técnico alemán. Este Barça juega con una confianza enorme porque sabe que puede atacar de muchas maneras. Puede acumular posesión, presionar arriba, correr cuando recupera o dejar que sus extremos resuelvan situaciones individuales. Flick ha construido un equipo que no necesita dominar siempre de la misma forma para generar ocasiones y que ha empezado el campeonato con cinco victorias en cinco jornadas.
Pero el partido dejó también una advertencia importante. Con 0-3, el Barça desconectó. Bajó la intensidad, perdió precisión y empezó a conceder situaciones que hasta entonces había controlado. Iván Romero aprovechó un error de Xavi Espart para hacer el 1-3 y demostrar que el encuentro todavía tenía minutos suficientes para complicarse.
El problema fue que aquel gol no sirvió como aviso. El Barça siguió jugando con una marcha menos y Roger Brugué aprovechó otro desajuste para colocar el 2-3 en el minuto 88. Lo que durante más de una hora había parecido una victoria indiscutible se convirtió de repente en un final incómodo que nunca tendría que haberse producido.
FLICK’S BARÇA. BUILT DIFFERENT. pic.twitter.com/kxK0wWS55s
— FC Barcelona (@FCBarcelona) September 13, 2026
Adeyemi evitó que la desconexión tuviese consecuencias mayores. El alemán apareció en el añadido, fabricó una magnífica acción individual y convirtió el 2-4 que devolvió la tranquilidad. Sin ese cuarto gol, el Barça habría terminado defendiendo por la mínima un partido que había tenido completamente bajo control con tres tantos de ventaja.
La victoria confirma que el equipo de Flick está varios pasos por delante de muchos de sus rivales cuando mantiene la tensión. También recuerda que todavía existen defectos que pueden costar puntos cuando el nivel baja. Mientras encuentra ese equilibrio, el Barça continúa ganando porque tiene dos futbolistas capaces de cambiar partidos casi cada semana. Ahora mismo, cuando Raphinha marca el ritmo y Lamine pone el talento, el Barça baila al son que ellos deciden. @mundiario
