El Deportivo salió del Coliseum con un punto, pero también con una sensación que empieza a repetirse en este inicio de temporada: no necesita dominar ni jugar especialmente bien para competir hasta el final. En Getafe estuvo durante demasiado tiempo lejos de lo que pretende Antonio Hidalgo y, aun así, acabó mucho más cerca del 1-2 que de encajar el segundo.
Ese fue precisamente el principal error del Dépor. El Getafe consiguió llevar el encuentro al terreno que quería: presión alta, interrupciones, disputas, segundas jugadas y enormes dificultades para que los blanquiazules construyesen desde atrás. Hidalgo conocía perfectamente el tipo de partido que propondría Bordalás, pero su equipo cayó en él durante demasiados minutos.
La primera parte dejó muy poco del Deportivo que había mostrado capacidad para tener el balón ante el Valencia o para hacer daño al Villarreal. Las posesiones fueron incómodas, la salida estuvo constantemente amenazada y Aubameyang y Nsongo Bil quedaron demasiado aislados. El Dépor empezó a aparecer algo más antes del descanso, pero nunca consiguió imponer realmente su fútbol.
Ahí también apareció una virtud de Hidalgo. El técnico no esperó a ir por debajo para tocar el equipo. En el minuto 62 retiró a Marc Casadó y dio entrada a Adama Traoré, buscando profundidad y una amenaza que hasta entonces apenas había existido por fuera. El movimiento llegó antes del gol de Terrats y evidenció que el entrenador ya había detectado que el partido necesitaba otra cosa.
El 1-0 llegó cuatro minutos después y obligó a acelerar todavía más los cambios. Entraron Yeremay y Zakaria Eddahchouri y el Deportivo comenzó a jugar muchos metros más cerca del área de David Soria. Lo que hasta entonces había sido un encuentro construido a medida del Getafe empezó a escapar del control azulón.
Yeremay tuvo mucho que ver en la reacción. El canario colocó el centro que Aubameyang convirtió en el empate y dejó una de sus primeras acciones verdaderamente determinantes de la temporada. Del ’10’ se esperaba probablemente una presencia mayor desde las primeras jornadas, pero su situación requiere paciencia: viene de una pubalgia que le condicionó durante meses y todavía está recuperando continuidad y ritmo competitivo.
Eso no significa que su importancia haya disminuido. Todo lo contrario. El Deportivo necesita recuperar al mejor Yeremay porque sigue siendo uno de los pocos futbolistas de la plantilla capaces de romper un partido mediante una acción individual. En Getafe no necesitó demasiado tiempo para hacerlo: recibió con espacio, levantó la cabeza y puso el balón exacto para que Aubameyang volviese a aparecer cuando más lo necesitaba el equipo.
Pero seguramente lo más valioso estuvo después del 1-1. El Deportivo no se conformó con haber salvado el partido. Adama siguió atacando por la derecha, Aubameyang rozó otro remate, Zakaria estuvo muy cerca de marcar y Giménez dispuso de una ocasión clara a balón parado. El equipo que había sufrido durante buena parte del encuentro terminó obligando al Getafe a defender el empate.
🔚 Final do #GetafeDépor
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— RC Deportivo (@RCDeportivo) September 13, 2026
Al Deportivo no le está haciendo falta jugar bien para sumar e incluso ganar partidos. Ya ocurrió en Villarreal y volvió a suceder en Getafe. Eso también es propio de los equipos grandes: sacar resultados cuando el fútbol no aparece, sobrevivir a los malos momentos y encontrar una forma de competir incluso en un día incómodo. No significa que jugar así sea sostenible, pero sí que este Dépor dispone de muchos más recursos que hace unos meses.
El Dépor deberá corregir la facilidad con la que aceptó durante una hora el guion del Getafe, porque habrá partidos en los que reaccionar tarde tendrá un precio mayor. Pero también puede extraer una conclusión positiva: incluso cuando el encuentro se le pone cuesta arriba, tiene banquillo, talento y capacidad de respuesta para cambiarlo. En el Coliseum no ganó, aunque por cómo terminó el partido nadie habría podido considerar injusto que lo hubiese hecho. @mundiario
