Suecia queda al borde del cambio: la izquierda gana por la mínima, pero pactar será un calvario

Las elecciones legislativas suecas han dejado un ganador provisional, pero todavía no un Gobierno. El Partido Socialdemócrata de Magdalena Andersson vuelve a ser la fuerza más votada y el bloque de centroizquierda aparece por delante del conjunto de la derecha, aunque por un margen tan estrecho que cualquier lectura definitiva resulta prematura. Con alrededor del 95% del voto escrutado, la oposición suma 176 de los 349 escaños del Riksdag frente a 173 del bloque encabezado por el primer ministro saliente, Ulf Kristersson. La diferencia ronda apenas unas decenas de miles de votos y quedan papeletas por contabilizar, especialmente del voto anticipado y del extranjero.

La primera conclusión es, por tanto, más política que aritmética: Suecia se encuentra ante un posible cambio de Gobierno, pero no ante una mayoría cómoda. Andersson puede haber quedado en posición de intentar recuperar el poder que perdió en 2022, cuando los partidos de la derecha consiguieron 176 escaños frente a los 173 del centroizquierda. Cuatro años después, el tablero se ha invertido prácticamente en los mismos términos. La socialdemócrata, sin embargo, tendrá que convertir una suma electoral en una mayoría parlamentaria capaz de gobernar.

“Si este resultado se mantiene, Suecia tendrá un nuevo Gobierno, pero tenemos que esperar a que se haya contabilizado cada uno de los votos”, declaró Andersson tras conocerse los primeros resultados. Kristersson, por su parte, evitó reconocer la derrota y recordó que la diferencia podía quedar reducida o incluso desaparecer. “Aún no hay nada claro”, recalcó. “O tendremos una mayoría por la mínima, o nos faltará un escaño”. La cautela tiene una explicación evidente: en 2022 las primeras proyecciones también apuntaron inicialmente a una victoria del centroizquierda que terminó siendo corregida durante el escrutinio.

El problema para Andersson no está únicamente en la diferencia con la derecha. Está dentro de su propio bloque. Los socialdemócratas necesitan entenderse con Los Verdes, el Partido de la Izquierda y el Partido del Centro, cuatro formaciones que comparten la oposición al actual bloque gubernamental, pero que mantienen discrepancias sustanciales sobre cómo ejercer el poder.

Tras las reñidas elecciones generales, el Partido de la Izquierda (Vänsterpartiet) ha reclamado formalmente participar de forma directa en el Ejecutivo como condición para dar su apoyo. En contraste, el Partido del Centro (Centerpartiet) mantiene una línea roja insalvable: se niega rotundamente a formar parte de una coalición gubernamental en la que esté integrada la Izquierda, insistiendo en un «bloque de centro» libre de extremismos.

Esta contradicción sitúa en una posición sumamente compleja a Magdalena Andersson, quien lidera el bloque de centroizquierda con una ventaja extremadamente estrecha de apenas tres escaños frente a la derecha tradicional. Andersson necesita el respaldo parlamentario de ambas fuerzas políticas para lograr una investidura viable y sostener su gobierno minoritario. Sin embargo, la agencia Reuters y The Economist subrayan que las profundas diferencias ideológicas entre ambos aliados indispensables —particularmente en torno a la creación de un impuesto a las grandes fortunas, rechazado de pleno por el Centro, y el enfoque de la política energética— amenazan con encallar las negociaciones.

La aritmética parlamentaria tampoco obliga necesariamente a que los cuatro partidos formen un Gobierno conjunto. Suecia utiliza un sistema de parlamentarismo negativo, por lo que un primer ministro puede ser elegido siempre que no exista una mayoría absoluta de diputados en contra. Pero cuanto más estrecha sea la base política, mayor será la necesidad de alcanzar acuerdos para aprobar presupuestos y sacar adelante las principales leyes.

Ese será el verdadero examen para Andersson. Ganar el recuento es una cosa; construir una mayoría operativa es otra. “Todos los partidos tendrán que ceder y llegar a acuerdos, y nosotros también lo haremos”, afirmó Mikael Damberg, uno de los principales dirigentes socialdemócratas. La frase resume la naturaleza de las negociaciones que se avecinan.

El mapa político cambia, pero no vuelve al pasado

El resultado tampoco significa un regreso automático a la Suecia anterior al giro migratorio de los últimos años. Los socialdemócratas han endurecido notablemente su posición sobre inmigración y seguridad respecto a la etapa en la que Suecia mantenía una política mucho más abierta. Andersson ha defendido durante la campaña mantener buena parte de las restricciones aprobadas durante el mandato de Kristersson, aunque combinándolas con mayor inversión en bienestar, educación, servicios públicos y prevención de la delincuencia.

La inmigración, la seguridad y las bandas criminales han ocupado un lugar central en una campaña marcada por el debate sobre el orden público. Suecia ha experimentado una fuerte preocupación por los homicidios con armas de fuego y por el reclutamiento de jóvenes por redes criminales. La respuesta de los principales partidos ha combinado distintas dosis de endurecimiento penal, recursos policiales y políticas sociales.

La cuestión migratoria, por ello, no desaparece con un eventual regreso socialdemócrata. Los expertos consideran que un futuro Gobierno de Andersson probablemente mantendría una línea restrictiva, aunque pudiera introducir modificaciones respecto a las políticas aplicadas por la derecha.

Uno de los datos más relevantes del mapa electoral está en el comportamiento de los Demócratas de Suecia. La formación ultra de Jimmie Åkesson, que se convirtió en pieza esencial de la mayoría parlamentaria de Kristersson sin entrar formalmente en el Gobierno, retrocede hasta alrededor del 18%, frente al 20,5% de 2022, y pierde aproximadamente once escaños según las proyecciones. Por primera vez desde su entrada en el Parlamento, su porcentaje de voto cae en unas elecciones legislativas.

Además, deja de ocupar la segunda posición y queda por detrás de los Moderados de Kristersson. Es un cambio significativo porque durante años la trayectoria de los Demócratas de Suecia había sido ascendente, hasta convertirse en una fuerza determinante para la política migratoria y de seguridad del país.

El retroceso no permite concluir, sin embargo, que la cuestión migratoria haya perdido peso. Parte de sus propuestas ya forman parte del debate general sueco y los propios socialdemócratas defienden hoy posiciones más restrictivas que las de hace una década. Algunos analistas citados por Reuters interpretan el descenso de los Demócratas de Suecia también como resultado del voto táctico y de las reservas que todavía genera su pasado extremista.

Kristersson aún conserva margen de maniobra

La derecha tampoco ha quedado políticamente anulada. Kristersson mantiene una base parlamentaria considerable y ha gobernado durante cuatro años mediante una coalición de conservadores, democristianos y liberales, apoyada desde fuera por los Demócratas de Suecia. Durante la campaña había abierto además la puerta a incorporar formalmente a esta formación al Ejecutivo si su bloque conservaba la mayoría.

Ahora esa posibilidad se complica por el resultado, pero el primer ministro saliente no ha cerrado la puerta a intentar una nueva fórmula. “Cuando tengamos el resultado final, es una buena idea mirar las posibles combinaciones”, señaló, añadiendo que existen posibilidades que deben ser exploradas.

El problema es que cualquier alternativa exige concesiones. Una nueva mayoría de derechas necesitaría recuperar el terreno perdido y resolver la cuestión del papel que deben desempeñar los Demócratas de Suecia. Una mayoría de izquierdas, por su parte, tendría que superar las líneas rojas entre el Centro y la Izquierda.

El calendario favorece la prudencia. El escrutinio definitivo no llegará hasta mediados de semana, cuando se incorporen los votos que todavía faltan. Solo después comenzará formalmente la fase decisiva de conversaciones para elegir al próximo primer ministro. 

La experiencia reciente demuestra que Suecia puede necesitar semanas para resolver una elección ajustada. Después de los comicios de 2022 fueron necesarios 37 días para formar Gobierno, mientras que en 2018 el proceso se prolongó durante 134 días. La actual configuración puede volver a exigir paciencia si ninguno de los bloques consigue transformar su ventaja electoral en una mayoría parlamentaria estable. @mundiario