Durante décadas, el Ártico ocupó un lugar relativamente secundario en la agenda política europea. Era, sobre todo, una región asociada al cambio climático, la protección de ecosistemas, las comunidades indígenas y la investigación científica. Ese enfoque está cambiando. La guerra de Ucrania, la creciente actividad militar rusa, el interés de China por las rutas y los recursos del norte y la disputa geopolítica en torno a Groenlandia han convertido el Ártico en una cuestión directamente relacionada con la seguridad de Europa.
La cumbre celebrada en Rovaniemi, en el norte de Finlandia, ha puesto ese cambio de perspectiva sobre la mesa. Doce Estados miembros —Finlandia, Dinamarca, Estonia, Francia, Alemania, Grecia, Letonia, Lituania, Países Bajos, Polonia, Rumanía y Suecia— han reclamado que la Unión Europea adopte “un papel más estratégico y proactivo” en el Ártico europeo y que aumente sus recursos y su implicación. La declaración subraya que la transformación de la región tiene consecuencias crecientes para la seguridad y estabilidad de todo el continente.
No es solamente un cambio de lenguaje. La declaración sitúa en la misma ecuación la seguridad, las infraestructuras, la conectividad, la movilidad militar, las comunicaciones por satélite y la capacidad para responder a amenazas híbridas. Los doce países sostienen que el Ártico europeo forma parte integral de la Unión y recuerdan que allí existe una extensa frontera exterior de la UE con Rusia.
“La seguridad del Ártico es la seguridad europea” El presidente del Consejo Europeo, António Costa, resumió la nueva doctrina con una frase especialmente significativa: “Lo que importa en el Ártico importa para todos los Estados miembros de la Unión Europea”. En su interpretación, lo que sucede en el extremo norte ya no puede considerarse un problema exclusivamente regional.
La afirmación responde a una realidad geográfica y estratégica. Finlandia y Suecia son miembros de la UE y de la OTAN, Dinamarca mantiene la soberanía sobre Groenlandia y una parte importante de las conexiones europeas con el Atlántico Norte pasan por un espacio donde coinciden intereses militares, energéticos, comerciales y tecnológicos.
El primer ministro finlandés, Petteri Orpo, ha defendido que el Ártico debe ser tratado como una frontera estratégica. Para Helsinki, la transformación del entorno de seguridad es especialmente evidente: Finlandia comparte una extensa frontera terrestre con Rusia y considera que la seguridad del Ártico y la del Báltico están cada vez más conectadas. Estonia ha expresado una posición similar, señalando que incluso los países que no tienen territorio ártico están afectados por lo que ocurre en el extremo norte.
La idea resulta importante porque amplía la concepción tradicional de las fronteras europeas. La seguridad de la UE ya no se interpreta únicamente desde el flanco oriental, el Mediterráneo o el espacio marítimo atlántico. El norte se incorpora progresivamente a ese mapa.
Rusia vuelve a ocupar el centro del debate
La principal preocupación europea es Rusia. Moscú posee la mayor extensión territorial y la costa ártica más extensa del mundo y ha incrementado sus capacidades militares en la región. La OTAN ha descrito el aumento de la actividad rusa, la recuperación de instalaciones militares y la aparición de nuevas capacidades como parte de una transformación estratégica del Ártico.
Kaja Kallas, alta representante de la UE para Asuntos Exteriores, ha advertido de que Rusia está reactivando antiguas bases soviéticas y realizando ejercicios con misiles en el extremo norte. Al mismo tiempo, China aumenta su interés por la región. Para Kallas, el Ártico forma ya parte de la arquitectura de seguridad europea y la nueva estrategia comunitaria tendrá precisamente la seguridad como uno de sus ejes centrales.
La UE prepara esa nueva estrategia para las próximas semanas. El documento deberá actualizar la política ártica adoptada en 2021 y reflejar una realidad que ha cambiado considerablemente desde entonces. La propia Comisión Europea y el Alto Representante trabajan en una comunicación conjunta que está prevista para finales de octubre.
Una de las propuestas que refleja mejor esa transformación es la necesidad de aumentar la capacidad europea para operar en condiciones árticas. Kallas ha señalado que Europa necesita rompehielos y buques capaces de navegar en unas aguas cada vez más accesibles pero que continúan siendo extremadamente difíciles.
El interés de estos buques no es exclusivamente militar, ya que los rompehielos sirven para garantizar la navegación, la investigación científica, el rescate y el acceso a infraestructuras críticas. Sin embargo, en un entorno geopolítico disputado, también proporcionan presencia y capacidad operativa. Ante este escenario, Finlandia ha planteado incluso la posibilidad de construir y albergar una flota europea de rompehielos. Asimismo, la declaración conjunta de los doce países reclama inversiones adicionales en movilidad militar, conexiones transfronterizas, transporte, conectividad digital y tecnologías por satélite.
La cuestión es especialmente relevante porque muchas infraestructuras árticas tienen un doble uso. Un puerto, una red de comunicaciones, un enlace ferroviario o una instalación energética pueden ser esenciales para la economía y, al mismo tiempo, formar parte de la capacidad de respuesta ante una crisis.
El cambio climático es el otro gran factor que explica el nuevo interés por el Ártico. El retroceso del hielo está modificando progresivamente las condiciones de navegación y facilita el acceso a determinadas zonas que anteriormente permanecían bloqueadas durante largos periodos.
Eso aumenta el atractivo económico de la región. El Ártico contiene importantes reservas de hidrocarburos y minerales estratégicos y puede adquirir mayor relevancia para las cadenas de suministro europeas. También abre la posibilidad de nuevas rutas marítimas entre Europa y Asia.
Pero esa oportunidad económica tiene una consecuencia geopolítica: cuanto más accesible sea el Ártico, mayor será el número de actores interesados en controlar o influir sobre sus rutas, recursos e infraestructuras.
China lleva años desarrollando su concepto de Ruta de la Seda Polar y aumentando su actividad comercial y científica. Aunque no es un Estado ártico, Pekín considera la región relevante para sus intereses energéticos, minerales y comerciales. La UE observa ese movimiento mientras intenta evitar que el norte europeo quede determinado exclusivamente por Moscú, Washington o Pekín.
Groenlandia convierte el Ártico en un asunto europeo
La cuestión de Groenlandia añade otra dimensión. La isla, territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca, ocupa una posición estratégica entre América del Norte, el Atlántico y el Ártico. La insistencia de Donald Trump en que Estados Unidos necesita controlar Groenlandia por razones de seguridad ha obligado a los europeos a prestar todavía más atención a la zona.
La Comisión Europea ha respondido con una mayor implicación económica. Ursula von der Leyen visitó Nuuk recientemente y anunció un acuerdo de inversión de 200 millones de euros para proyectos relacionados con conectividad digital, materias primas, energía sostenible, educación, investigación y turismo. Europa necesita mantener su cooperación con Estados Unidos, pero también está intentando desarrollar capacidades propias y proteger sus intereses en una región donde Washington tiene una presencia militar histórica.
El concepto de “frontera estratégica” no significa que la UE esté creando una nueva frontera territorial. El Ártico europeo ya forma parte de varios Estados miembros y la defensa militar continúa dependiendo en gran medida de las capacidades nacionales y de la OTAN.
El siguiente paso será la estrategia que Bruselas presente en octubre y, después, su traducción al presupuesto europeo de largo plazo. El propio António Costa ha avanzado que la nueva realidad geopolítica deberá reflejarse en el marco financiero de la UE para 2028-2034.
Rusia ha convertido el norte en una zona militarmente relevante, China ha identificado sus oportunidades económicas y estratégicas, Estados Unidos mantiene intereses fundamentales y el deshielo está modificando las condiciones de acceso. Europa responde intentando estar presente antes de que las nuevas rutas, infraestructuras y recursos queden definidos exclusivamente por las grandes potencias. @mundiario
