La roja de Angeliño no puede esconder el peor Dépor del curso

La expulsión de Angeliño condicionó el intento de remontada, pero utilizarla para explicar la derrota sería esconder el verdadero problema del Deportivo. Cuando el lateral vio la roja, el equipo ya perdía 0-1 y llevaba casi una hora sin encontrar soluciones ante un Sevilla que tampoco necesitó ofrecer demasiado. Los de Hidalgo jugaron probablemente su peor partido del curso porque nunca consiguieron llevar el encuentro hacia donde más les convenía.

El Sevilla no necesitaba la pelota. Su propuesta fue mucho más sencilla: juntar líneas, elevar el nivel físico, presionar arriba y castigar cualquier circulación lenta del Deportivo. Y precisamente eso fue lo que encontró. El conjunto coruñés movió el balón con una parsimonia excesiva, tardó demasiado en progresar y facilitó que el rival llegase siempre a tiempo a cada presión.

La posesión, por momentos, fue casi decorativa. Los centrales podían tocar, los centrocampistas podían ofrecerse y el balón podía cambiar de lado, pero prácticamente nunca ocurrió nada después. Faltaron conducciones que rompiesen líneas, pases verticales y futbolistas capaces de recibir a la espalda del centro del campo sevillista. El Dépor tuvo balón, pero muy pocas veces tuvo fútbol.

También estuvieron demasiado lejos del área los jugadores llamados a marcar diferencias. Yeremay apareció muchas veces en zonas en las que podía recibir, pero no en aquellas desde las que suele hacer daño. Aubameyang quedó completamente aislado y Nsongo apenas intervino. Cuando tus mejores atacantes reciben a 40 metros de la portería o directamente pasan largos periodos sin entrar en juego, el rival ya ha ganado una parte importante del partido.

Y lo más preocupante fue que el Sevilla tampoco exigió una actuación extraordinaria. No sometió al Deportivo ni acumuló ocasiones constantemente. Simplemente esperó, apretó cuando debía hacerlo y comprobó que cada recuperación podía convertirse en una situación peligrosa porque el equipo de Hidalgo estaba demasiado abierto y demasiado lento para corregir sus propias pérdidas.

El cambio de Adama Traoré al descanso fue casi una admisión de que el plan inicial no estaba funcionando. Hidalgo buscó velocidad y desequilibrio porque su equipo había sido incapaz de generar ambas cosas durante los primeros 45 minutos. Pero antes de que el Deportivo pudiera modificar realmente el partido, llegó el 0-1. Stassin avanzó con demasiada facilidad, Leo Román salvó el primer disparo y Miguel Sierra aprovechó el rechace.

Tampoco fue casual que el gol apareciese de esa manera. El Sevilla no necesitó construir una gran jugada colectiva. Le bastó con acelerar una acción y atacar a una defensa que quedó expuesta. Esa diferencia de ritmo fue una constante: mientras el Dépor necesitaba demasiados pases para avanzar unos metros, el rival era capaz de plantarse cerca del área con mucha menos elaboración.

Hidalgo introdujo entonces a Mario Soriano y Asp Jensen para intentar despertar al equipo, pero la expulsión de Angeliño terminó de complicar cualquier reacción. Su debut oficial acabó con una entrada innecesaria sobre Sierra que, tras la revisión del VAR, pasó de amarilla a roja directa. Fue un error importante, aunque tampoco conviene utilizarlo como coartada para todo lo anterior.

Con diez, el Deportivo mostró más voluntad que fútbol. Adama consiguió acelerar alguna acción, Asp Jensen apareció algo más cerca del área y el equipo asumió riesgos, aunque las ocasiones claras siguieron siendo escasas. Riazor empujó y los jugadores buscaron el empate, pero nunca dio la sensación de que el Sevilla estuviese realmente contra las cuerdas.

La primera derrota de la temporada no debería provocar alarmas después del buen arranque del equipo, pero tampoco merece ser maquillada. El Dépor fue lento, previsible y poco profundo, alejó a sus mejores jugadores de las zonas decisivas y facilitó exactamente el partido que quería su rival. Las primeras cinco jornadas demostraron que este equipo puede competir en Primera; el Sevilla recordó que, cuando baja el ritmo y pierde agresividad con el balón, también puede parecer mucho más vulgar. @mundiario