Una derrota que pone todo en su sitio al deportivismo

Pocas derrotas pueden venir bien para un equipo, pero ¿y para una afición? Tácitamente no se sabe, pero se puede intuir que la derrota ante el Sevilla en la tarde de ayer en Riazor calmó un poco las embravecidas aguas del deportivismo que se querían encaminar hacia competiciones europeas a toda costa.

Centrándonos un poco en el partido y dejando al margen la gestión de cargas que decidió hacer Antonio Hidalgo, con cinco cambios en el once respecto al partido anterior, el Deportivo no jugó prácticamente a nada. O sí, a lo que quiso el Sevilla. El conjunto hispalense consiguió que la posesión blanquiazul fuese lenta, previsible y demasiado alejada del área, a la espera de encontrar un error para golpear. Ese error llegó tras el descanso y Miguel Sierra aprovechó el rechace de Leo Román para marcar el único gol del encuentro.

La expulsión de Angeliño complicó todavía más el escenario, aunque sería injusto decir que el Dépor no volvió a acercarse a la portería contraria. Curiosamente, sus dos ocasiones más claras llegaron con diez jugadores y tuvieron a Asp-Jensen como protagonista. Fueron dos fogonazos, no una reacción sostenida. El Sevilla logró que Aubameyang viviese lejos del área, que los futbolistas más importantes del Dépor recibiesen donde menos daño podían hacer y que el equipo de Hidalgo atacase casi siempre contra una defensa preparada.

Se presupone que los jugadores, muchos de ellos curtidos en mil batallas, saben mantener los pies en la tierra, pero la afición, sobre todo la deportivista, es muy soñadora. Se llegaba invicto a la cita ante el Sevilla, con nueve puntos después de cinco jornadas y muy cerca de los puestos de cabeza. La posibilidad de mirar hacia los cuatro primeros comenzaba a formar parte de las conversaciones alrededor de Riazor. El comienzo había dado argumentos para ilusionarse; otra cosa era convertir seis jornadas de Liga en una declaración de objetivos.

La derrota hace daño al equipo porque son tres puntos que se escapan de Riazor y eso no debería convertirse en algo habitual si el Deportivo quiere vivir una temporada tranquila. Pero también puede haber servido para rebajar unas ínfulas que empezaron a crecer durante el verano y que el buen inicio de Liga infló todavía más. Una plantilla atractiva, nombres como Aubameyang, Giménez, Casadó o Adama Traoré y un inicio sin derrotas habían provocado que la palabra Europa apareciese demasiado pronto.

Porque, por mucho que apetezca mirar hacia arriba, la primera cuenta del Deportivo sigue siendo la misma de tantas temporadas en Primera: los 44 puntos. No es una cifra escogida al azar. En la temporada 2010-11, el Dépor descendió con 43, el récord de un equipo que perdió la categoría en el actual formato de LaLiga, mientras el Mallorca se salvó con 44. Aquel golpe convirtió esa cifra casi en una barrera psicológica para el deportivismo. Primero hay que llegar hasta ahí. Después habrá tiempo para comprobar cuánto queda de temporada y hasta dónde puede alcanzar este equipo.

La derrota dejó además un sabor amargo después de la fiesta de aficiones que se vivió en A Coruña. Cerca de un millar de sevillistas ocuparon las gradas de Riazor dentro de los 28.506 espectadores que presenciaron el encuentro, después de una previa marcada por el buen ambiente entre dos hinchadas históricamente hermanadas. El resultado estropeó la tarde al deportivismo, pero quizá también ayudó a poner de nuevo los pies en el suelo. El objetivo continúa siendo sumar esos 44 puntos cuanto antes. Europa, si algún día tiene que entrar de verdad en la conversación, deberá hacerlo después.

Y el calendario apenas concede tiempo para digerir el golpe. Este domingo llegará a Riazor un Betis que ha ganado sus tres últimos partidos de Liga: 1-0 al Real Madrid, 1-2 al Villarreal y 1-0 al Getafe. Entre medias también venció 2-3 al Lille en Champions. Los verdiblancos suman 15 puntos, ocupan la tercera posición y llegan a A Coruña convertidos en uno de los equipos más en forma de este comienzo de campeonato.

Será el segundo enfrentamiento del Deportivo contra un participante de la actual Champions después del triunfo por 2-3 ante el Villarreal en La Cerámica. Otra prueba de máxima exigencia para comprobar cómo responde el equipo después de su primera derrota y hasta dónde puede competir frente a uno de los conjuntos llamados a estar arriba. Pero el partido ante el Sevilla también dejó un recordatorio necesario: septiembre no es momento para convertir Europa en una obligación. El Dépor acaba de volver a Primera y todavía tiene mucho camino por recorrer. Primero, los 44 puntos. Y después, si queda temporada por delante, a soñar, que eso sigue siendo gratis. @mundiario