Friedrich Merz afronta este domingo una de las jornadas políticas más delicadas desde que llegó a la Cancillería. Las elecciones de Berlín y Mecklemburgo-Pomerania Occidental no decidirán directamente la composición del Gobierno federal, pero llegan en un momento en el que el canciller y la Unión Demócrata Cristiana (CDU) están sometidos a una presión interna creciente después del descalabro sufrido en Sajonia-Anhalt. El resultado podría convertirse así en la prueba de fuego para la coalición entre democristianos y socialdemócratas.
La CDU llega especialmente debilitada a la cita. En el último Länder de este ciclo electoral pasó del 37 % obtenido en 2021 al 17,2 %, mientras Alternativa por Alemania (AfD) alcanzó el 43,8 %. El resultado abrió por primera vez la posibilidad de que la ultraderecha encabezara un Gobierno regional en Alemania desde la fundación de la República Federal, aunque la formación se quedó a las puertas de la mayoría absoluta y necesita de la abstención de la izquierda conservadora de la Alianza Sahra Wagenknetch (BSW) para gobernar.
En Mecklemburgo-Pomerania Occidental, el último sondeo de Forschungsgruppe Wahlen, realizado entre el 14 y el 17 de septiembre a 1.395 personas, sitúa a la Partido Socialdemócrata (SPD) en el 37 % y a AfD en el 36 %. La CDU aparece con apenas un 6 %, por detrás de Die Linke (La Izquierda), con un 9 %, y empatada con Los Verdes en umbral de representación parlamentaria. Otros estudios publicados esta semana han colocado a la ultraderecha por delante de los socialdemócratas, por lo que la fotografía demoscópica sigue siendo ajustada.
La situación es diferente en Berlín. El último sondeo de Forschungsgruppe Wahlen concede a Die Linke un 22 %, a la CDU un 20 %, a AfD un 18 %, a los Verdes un 15 % y a la SPD un 12 %. El promedio de los sondeos de los últimos días mantiene también a la izquierda radical heredera de la Alemania oriental ligeramente por delante de la democracia cristiana y a la ultraderecha en tercera posición.
La CDU gobierna actualmente la capital en coalición con la SPD. Una pérdida del Ejecutivo berlinés supondría, por tanto, otro revés para los democristianos en uno de los principales escaparates políticos del país. Además, la suma de las fuerzas de izquierda dispone de distintas posibilidades aritméticas de Gobierno.
Merz se mantiene alejado de las campañas
El canciller ha optado por un perfil discreto durante la campaña. Su ausencia ha sido especialmente visible en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, mientras que en Berlín intervino este jueves ante representantes de la CDU para respaldar al candidato democristiano Stefan Evers.
La estrategia responde a un problema que el propio Merz reconoció públicamente a comienzos de septiembre: admitió tener dificultades para conectar emocionalmente con una parte de la ciudadanía. La caída de la CDU y el avance de AfD han alimentado desde entonces el debate sobre su capacidad para mantener cohesionada a la formación.
A escala nacional, la situación también se ha deteriorado. Una encuesta de YouGov citada esta semana sitúa a AfD en el 29 % y a la CDU/CSU en torno al 18,5 % ante unas hipotéticas elecciones federales. Son datos de intención de voto, no una previsión de resultados, y reflejan una fotografía nacional distinta de la que ofrecen los comicios regionales.
La oposición de la propia CDU
El problema para Merz no se limita a las encuestas. Después del resultado de Sajonia-Anhalt, algunas voces de la CDU han reclamado públicamente cambios en la dirección. Tino Schomann, vicepresidente de la CDU de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, llegó a pedir la sustitución del canciller y cuestionó abiertamente su capacidad para dirigir el Gobierno. El presidente de la CDU en Baja Sajonia, Sebastian Lechner, también reconoció la existencia de un problema de credibilidad en Berlín.
La dirección nacional, sin embargo, ha tratado de cerrar la puerta a una crisis de liderazgo. Ocho presidentes regionales de la CDU emitieron esta semana una declaración conjunta en apoyo de Merz y pidieron evitar las discusiones sobre personas. Hendrik Wüst, uno de los dirigentes cuyo nombre ha aparecido en las especulaciones sobre un eventual relevo, también ha defendido que ahora no es momento de abrir una batalla interna.
A la presión electoral se suma el desgaste provocado por la situación económica. Dentro de la CDU crecen las demandas para que el Gobierno reduzca el coste de la energía y los carburantes y alivie la presión fiscal sobre los hogares. El precio de los combustibles se ha convertido en uno de los principales símbolos del malestar. Los sectores críticos con Merz reclaman medidas inmediatas mientras el Gobierno defiende un programa de reformas estructurales destinado a recuperar competitividad y crecimiento.
La relación con AfD constituye otro de los puntos de fricción. Merz y la dirección de la CDU mantienen el rechazo a cooperar políticamente con la formación, pero dentro del partido existen diferencias sobre la conveniencia de iniciar un procedimiento para intentar ilegalizarla. Wüst ha planteado una comisión federal y regional que estudie, junto a los servicios de inteligencia, si existen fundamentos jurídicos suficientes para llevar la cuestión ante el Tribunal Constitucional. Merz se ha mostrado contrario a iniciar ese procedimiento sin garantías de que pueda prosperar. @mundiario
