El temido infierno de Santiago de Chile terminó reducido a un plácido paseo dominical para el tenis español. Lo que en la previa se presentaba como una emboscada clásica en suelo sudamericano se transformó en una exhibición absoluta de autoridad. El combinado dirigido por David Ferrer no concedió el más mínimo resquicio a la épica local, desarmó cualquier intento de rebelión ambiental y certificó un contundente 0-4 para sellar su pasaporte hacia la fase definitiva de la Copa Davis en Bolonia.
La pista del Estadio Nacional de Santiago asistió atónita a la demolición de una estadística intocable. El conjunto chileno no caía derrotado ante su público desde el lejano 2011, acumulando un registro inmaculado de 12-0 como anfitrión bajo la capitanía de Nicolás Massú. Sin embargo, los números saltaron por los aires frente a la solidez ibérica: tras las victorias del sábado firmadas por los jóvenes Dani Mérida y Rafa Jódar, la serie quedó vista para sentencia a las primeras de cambio en la jornada decisiva.
El encargado de poner la firma definitiva fue el dobles integrado por Pedro Martínez y Jaume Munar. La dupla española atropelló sin contemplaciones a la pareja compuesta por Alejandro Tabilo y Tomás Barrios, resolviendo el pulso con un demoledor 6-0 y 6-3 en apenas una hora y trece minutos. Los pupilos de Ferrer rozaron la perfección táctica e incluso acariciaron el doble ‘rosco’, desnudando la absoluta desconexión del conjunto anfitrión.
Con la eliminatoria resuelta en un abrir y cerrar de ojos, el trámite protocolario del cuarto punto sirvió para agrandar la fiesta visitante. Martín Landaluce se estrenó en el casillero de la Davis superando con suficiencia a Matías Soto por 6-2 y 6-3, completando la barrida y confirmando la infinita profundidad de recursos de una delegación que compitió sin sus principales espadas de la clasificación ATP.
El mérito de Ferrer cobra una dimensión superlativa al repasar las ausencias de peso. España viajó a territorio hostil sin la presencia de su número uno, Carlos Alcaraz, prescindió de Alejandro Davidovich y no pudo contar con el veterano Marcel Granollers en la modalidad de dobles. Pese al rompecabezas, el técnico alicantino volvió a enhebrar un grupo cohesionado que rindió a un nivel inalcanzable para la escuadra local.
Se viene el bombo de Bolonia
La clasificación para la cita boloñesa, que se disputará del 24 al 29 de noviembre, prolonga una regularidad envidiable: España ha estado presente en las siete fases finales celebradas desde la implantación del formato actual en 2019.
El éxito en tierras andinas, sin embargo, abre de par en par un dilema logístico de cara a la citación definitiva, obligando al capitán a descartar a piezas que acaban de rendir a la perfección.
El regreso de Carlos Alcaraz se da por seguro si los problemas musculares no interfieren en su calendario de otoño, lo mismo que la inclusión de Marcel Granollers como tótem del dobles y el prometedor Rafa Jódar. De este modo, Dani Mérida, Martín Landaluce, Jaume Munar, Pedro Martínez y el propio Davidovich pugnarán por los dos billetes restantes para completar la expedición de cinco tenistas.
En el sorteo de este martes, la Armada acudirá blindada por su condición de cabeza de serie gracias al segundo puesto en el escalafón ITF, estatus que evitará un choque prematuro con Italia —tricampeona consecutiva y gran dominadora del certamen— hasta una hipotética final. El cartel boloñés promete emociones fuertes tras las sorprendentes eliminaciones de gigantes como Estados Unidos y Francia a manos de checos y canadienses.
Con la Ensaladera en juego a final de año, Bolonia podría ser el escenario de un choque estelar entre las tres mejores raquetas del planeta: Jannik Sinner defendiendo la corona de los anfitriones, Alexander Zverev con Alemania y Alcaraz al frente de una España lanzada. El sueño de repetir el título de 2019 vuelve a cobrar vida tras una lección de madurez y carácter al otro lado del Atlántico. @mundiario
