Trump promete paz mientras amenaza con “aniquilar” Irán desde la tribuna de la ONU

Donald Trump volvió a convertir este martes la tribuna de Naciones Unidas en un escenario para defender su política exterior y lanzar una de sus advertencias más contundentes contra Irán. Ante los líderes internacionales reunidos en Nueva York, el presidente estadounidense planteó un dilema extremo: alcanzar un acuerdo con Teherán o “aniquilar” la República Islámica.

La amenaza llega cuando la guerra entre Estados Unidos e Irán se acerca ya a los siete meses y lejos de encontrarse una salida clara, el conflicto muestra nuevos síntomas de escalada. Trump sostiene que su ofensiva era necesaria para impedir que Irán desarrollase un arma nuclear, mientras que ahora asegura que todavía existe una vía diplomática.

El presidente estadounidense llegó incluso a pronosticar que podría alcanzarse un acuerdo después de las elecciones legislativas de medio mandato del próximo 3 de noviembre. Una referencia que introduce un evidente componente electoral en un discurso dedicado, en teoría, a la política internacional.

Una de las principales líneas argumentales de Trump fue presentar la intervención militar estadounidense como una acción destinada precisamente a preservar la paz. El presidente reivindicó que Estados Unidos ha actuado allí donde otros países se han limitado a hablar. Su mensaje fue construido alrededor de una idea repetida durante su mandato: el uso del poder militar estadounidense como herramienta para imponer condiciones a sus adversarios.

Pero el conflicto está lejos de haber terminado. La participación de los hutíes de Yemen ha abierto además la posibilidad de una extensión de las hostilidades por Oriente Próximo, mientras persisten las dificultades para alcanzar un acuerdo que permita detener las operaciones militares.

“Aniquilar” Irán o llegar a un acuerdo

El momento más contundente del discurso llegó cuando Trump explicó que todavía debe tomar una decisión sobre el futuro de la guerra. El presidente planteó públicamente la posibilidad de negociar un acuerdo que permita a Irán reconstruirse o, en caso contrario, “aniquilar” la República Islámica. Su amenaza no se limitó a hablar de una nueva ofensiva militar, sino que utilizó términos que apuntan a una escalada de consecuencias potencialmente mucho mayores.

Al mismo tiempo, introdujo una salida negociadora y afirmó que cree posible alcanzar un pacto después de las elecciones de noviembre. La combinación de ambos mensajes resulta especialmente significativa: por un lado, el presidente estadounidense amenaza con llevar la guerra hasta sus últimas consecuencias; por otro, sostiene que existe una posibilidad de acuerdo.

El calendario electoral estadounidense sobrevuela la nueva estrategia de Trump. Las elecciones de medio mandato están previstas para el 3 de noviembre, dentro de apenas unas semanas. En ellas se renovarán escaños de la Cámara de Representantes y parte del Senado, y constituyen una prueba política de gran importancia para la Administración republicana.

Trump ha vinculado explícitamente la posibilidad de un acuerdo con Irán al periodo posterior a esos comicios. La referencia electoral resulta especialmente relevante porque el presidente afronta el debate sobre una guerra que se prolonga mucho más de lo inicialmente anunciado por su Administración.

La intervención militar que, según las primeras previsiones, debía ser relativamente breve se aproxima ahora a los siete meses. Y el propio discurso presidencial vuelve a colocar el final del conflicto en un horizonte posterior, en este caso después de las elecciones.

Trump se presenta ante el mundo como el hombre que “hace la paz”

El mandatario se presentó ante los dirigentes internacionales como un presidente que ha conseguido poner fin a diferentes conflictos, mientras defendía al mismo tiempo una guerra que lleva casi siete meses.

El mandatario aseguró que ha logrado terminar hasta ocho guerras y contrapuso su actuación a la de dirigentes que, según su relato, se limitan a hablar de paz sin actuar.

Ese mensaje encaja con la estrategia política que Trump ha utilizado durante su segundo mandato: proyectarse ante sus electores como un presidente capaz de utilizar la fuerza estadounidense para obtener resultados y, simultáneamente, reivindicar un papel de negociador cuando las condiciones lo permiten. La cuestión iraní representa ahora la prueba más compleja de ese planteamiento.

La intervención del presidente ante Naciones Unidas deja así una imagen muy definida de la política exterior estadounidense: presión militar, amenazas económicas, negociaciones directas y una defensa explícita de la utilización del poder estadounidense para imponer cambios.

Pero el componente electoral también resulta difícil de separar del discurso. Trump ha situado noviembre como una fecha relevante para el posible acuerdo con Irán y ha utilizado buena parte de su intervención para defender ante la audiencia internacional las decisiones adoptadas durante los últimos meses.

Mientras tanto, la guerra continúa y no existe todavía un acuerdo que permita garantizar su final.

El presidente estadounidense ha presentado dos caminos: negociación o escalada. La primera opción queda situada después de las elecciones de noviembre; la segunda, la amenaza de “aniquilar” Irán, ha sido pronunciada públicamente ante la Asamblea General de Naciones Unidas.

La gran incógnita ahora es si la amenaza servirá para forzar a Teherán a negociar o si, por el contrario, contribuirá a prolongar una guerra que ya se acerca a los siete meses y cuyo final continúa sin estar a la vista. @mundiario