Casi tres décadas después de la muerte de Diana de Gales, su hermano ha decidido abrir de nuevo el álbum familiar. Y no precisamente para limitarse a recordar las fotografías más amables. En El canto del cisne. Diana, mi hermana, Charles Spencer reconstruye buena parte de su relación con la princesa y aporta recuerdos personales que vuelven a colocar bajo el foco algunos de los episodios más delicados de la historia reciente de la familia real británica.
El libro, publicado en España el 23 de septiembre, llega cuando comienza la cuenta atrás para el 30º aniversario de la muerte de Lady Di. Spencer presenta su obra fundamentalmente como un homenaje a su hermana, pero entre los recuerdos de infancia, las anécdotas familiares y el relato de sus últimos años aparecen también historias capaces de alimentar la inagotable fascinación que sigue provocando la princesa. Y algunas son especialmente sorprendentes.
Una boda de cuento que comenzó con muchas dudas
Uno de los capítulos más reveladores se sitúa antes incluso de que Diana se convirtiera en princesa. Spencer cuenta que su hermana llegó a plantearse seriamente romper su compromiso con Carlos porque tenía dudas sobre los sentimientos del entonces príncipe.
Según su relato, Diana estaba convencida de que el corazón de su futuro marido estaba en otro lugar. El hermano de la princesa recuerda que, poco antes de la boda, ella le transmitió sus dudas y llegó a considerar que no podía casarse con un hombre que no la amaba.
La situación era todavía más complicada por las inseguridades que atravesaba. Spencer relata que Diana llevaba meses luchando contra un trastorno alimentario y que estaba especialmente preocupada por su cuerpo. En sus memorias atribuye además al entonces príncipe Carlos un comentario sobre su cintura que, según su versión, agravó aquellas inseguridades.
Así, detrás de uno de los vestidos de novia más famosos del siglo XX había, según el recuerdo de su hermano, una mujer mucho menos segura de sí misma de lo que transmitían las fotografías.
Diana, atrapada en un matrimonio que no era el cuento de hadas
La imagen pública de aquella boda terminó siendo muy diferente de lo que Diana habría vivido en privado. Spencer sostiene que su hermana comenzó a sentirse aislada y atrapada dentro de su matrimonio y que percibía una actitud muy crítica por parte de su marido.
También cuenta que el entonces príncipe de Gales se quejaba ante sus amigos de la enorme atención que recibía su esposa. Diana se había convertido rápidamente en el miembro más popular de la pareja y su capacidad para atraer las miradas podía generar tensiones.
El relato de Spencer dibuja así una paradoja muy propia de aquella época: cuanto más adorada era por el público, más complicada parecía sentirse dentro de Palacio.
La separación llegó en 1992, después de años de tensiones. Spencer recuerda además una confidencia particularmente extraña de su hermana: Diana le habría dicho que creía que su marido estaba enamorado de un miembro de su servicio, aunque el propio conde reconoce que nunca supo exactamente de quién hablaba ni qué había detrás de aquella sospecha.
El secreto sentimental que conecta a los Spencer con Isabel II
Pero probablemente una de las historias más inesperadas del libro no tiene como protagonista directa a Diana, sino a Isabel II. Spencer afirma que su padre, John Spencer, mantuvo una relación romántica con la entonces princesa Isabel antes de que ella se casara con Felipe de Edimburgo. Según su relato, el romance habría sido frenado por lord Mountbatten, quien habría considerado inaceptable que el futuro conde Spencer aspirase a conquistar a la heredera al trono.
La historia tiene además una consecuencia que parece sacada de una novela: Spencer plantea que, si aquella relación hubiera prosperado hasta desembocar en matrimonio, Diana y el propio Carlos III quizá nunca habrían nacido.
Es, naturalmente, una reconstrucción familiar basada en los recuerdos y documentos manejados por el autor, no una versión oficial de la Casa Real. Pero resulta difícil encontrar un giro más cinematográfico: el futuro de la monarquía británica podría haber sido completamente distinto si aquel romance hubiera llegado más lejos.
La reacción de Carlos tras la muerte de Diana
El capítulo más delicado llega con el fallecimiento de la princesa en París en agosto de 1997. Spencer cuenta que recibió una llamada del entonces príncipe Carlos poco después de conocer la noticia y que su reacción le sorprendió profundamente. Según su memoria, le pareció incluso excesivamente eufórico en un momento de duelo.
El conde interpreta aquella reacción como una posible consecuencia de que Carlos pudiera sentir que la muerte de su exmujer despejaba el camino para casarse con Camilla. Se trata de la interpretación personal de Spencer sobre aquella conversación, no de una conclusión demostrada sobre los sentimientos del actual monarca.
La afirmación es una de las que más titulares ha generado alrededor del libro, precisamente porque afecta a uno de los momentos más dolorosos de la historia de la familia real.
La tensión no terminó con la muerte. También apareció en la organización del funeral. Spencer recuerda que los Windsor y la familia Spencer mantenían ideas diferentes sobre cómo debía ser la despedida. Mientras los Spencer defendían una ceremonia más privada, el Palacio terminó apostando por un funeral multitudinario que convirtió las calles de Londres en una gigantesca despedida popular.
El conde también relata su malestar al conocer que Guillermo y Enrique tendrían que caminar detrás del ataúd de su madre. Según su versión, mantuvo una discusión con Carlos sobre quién debía ocupar el centro del cortejo.
Finalmente, el 6 de septiembre de 1997, los dos niños caminaron junto a su tío y otros miembros de la familia en una de las imágenes más recordadas del siglo XX.
Diana sigue siendo el gran personaje de la familia real
Lo más llamativo de El canto del cisne es que, pese a las revelaciones, Spencer no parece buscar únicamente el escándalo. Su relato está construido alrededor de la pérdida de una hermana a la que describe desde una perspectiva íntima, alejada de la imagen de icono mundial que se construyó alrededor de ella.
El libro también recupera su infancia, la relación con sus padres, las dificultades familiares y el acoso de los medios de comunicación. Spencer insiste en que Diana sufrió enormemente por la presión de los paparazzi y que esa persecución tuvo un papel determinante en sus últimos años.
Quizá por eso, la gran paradoja de estas memorias sea que, mientras intenta recuperar a Diana como hermana, vuelve a aparecer inevitablemente Diana como fenómeno mundial.
Y ahí está el verdadero poder de esta historia: 29 años después de su muerte, cada nuevo recuerdo sobre Lady Di sigue teniendo la capacidad de abrir una puerta en Buckingham Palace. Esta vez, la llave estaba guardada en la memoria de su hermano. @mundiario

