María Corina Machado atraviesa uno de los momentos más complejos de su trayectoria política. La líder opositora venezolana permanece fuera del país después de siete intentos fallidos de regresar, tres de ellos concentrados en apenas 24 horas esta semana. Mientras tanto, la escena política venezolana ha dado un giro que dificulta todavía más su posición: Donald Trump ha recibido en Nueva York a Delcy Rodríguez y Washington mantiene abierta una vía de entendimiento con el Gobierno venezolano.
El contraste resulta especialmente llamativo. Mientras Machado no consigue encontrar una vía para regresar a Venezuela, Rodríguez ha viajado a Estados Unidos, se ha reunido con Trump y ha participado en la Asamblea General de Naciones Unidas. La dirigente opositora, que durante meses convirtió su relación con Washington en uno de los pilares de su estrategia, observa ahora cómo la Administración estadounidense mantiene conversaciones con quienes controlan las instituciones venezolanas.
La situación coloca a Machado ante una disyuntiva especialmente delicada. Para recuperar plenamente su papel dentro de Venezuela necesita regresar, pero hacerlo puede obligarla a enfrentarse a una Administración Trump con la que hasta ahora ha mantenido una relación estrecha.
La última semana ha evidenciado las dificultades. Machado se encontraba en Panamá cuando intentó abandonar el país por diferentes vías para alcanzar territorio venezolano. En apenas un día fracasaron tres operaciones: un desplazamiento marítimo hacia Venezuela y dos intentos de viajar por vía aérea, uno de ellos con destino a Aruba y otro hacia Curazao.
Con estos episodios, su entorno eleva a siete el número de intentos fallidos de regreso desde que abandonó Venezuela. Machado salió del país en diciembre de 2025 después de permanecer durante un largo periodo en la clandestinidad y posteriormente viajó para recibir el Premio Nobel de la Paz.
Sin embargo, el regreso que lleva meses anunciando continúa sin producirse. Su equipo no ha señalado públicamente quién está bloqueando esas operaciones. Ana Corina Machado, hija de la dirigente, ha hablado de la existencia de «muchas fuerzas de por medio», mientras desde Washington se ha evitado confirmar que exista un veto estadounidense. El secretario de Estado, Marco Rubio, ha expresado públicamente su reconocimiento hacia Machado, pero no ha explicado por qué sus últimos intentos de retorno no han prosperado.
El acercamiento entre Trump y Delcy Rodríguez cambia el tablero
El problema para Machado no es únicamente logístico. También es político. La reunión entre Trump y Rodríguez ha simbolizado un acercamiento que habría resultado difícil de imaginar meses atrás. Rodríguez, representante del chavismo y actual presidenta encargada de Venezuela, ha encontrado una vía de interlocución directa con Washington. Paralelamente, Estados Unidos ha impulsado acuerdos relacionados con Venezuela y sus recursos energéticos.
Ese nuevo escenario deja a Machado en una posición complicada. La dirigente ha sido una de las figuras venezolanas que más claramente ha apostado por el respaldo estadounidense. Su relación con Trump llegó a uno de sus momentos más visibles cuando se reunió con él en la Casa Blanca y posteriormente le dedicó el Premio Nobel de la Paz. Ahora, sin embargo, el presidente estadounidense está negociando directamente con el Gobierno de Rodríguez.
El problema no es que Washington haya abandonado públicamente a Machado. El punto de fricción está en que las prioridades de la Administración Trump parecen no coincidir necesariamente con los tiempos y las condiciones que defiende la oposición encabezada por Machado.
La oposición afronta una nueva etapa
La situación también afecta al conjunto de la oposición venezolana. Mientras Machado permanece fuera del país, otros sectores han participado en conversaciones con el Gobierno y en el proceso de transición que se ha abierto después de la salida de Nicolás Maduro del poder.
Machado no forma parte de esa mesa en los términos que ella ha defendido y sus condiciones políticas no coinciden plenamente con las de otros dirigentes opositores. Ahí aparece otro riesgo para la dirigente: que el proceso político venezolano avance sin su participación directa.
Su capital político continúa siendo relevante. La convocatoria realizada por el Comando con Venezuela para este domingo, con movilizaciones destinadas a reclamar su regreso y un calendario electoral, muestra que su figura mantiene capacidad de movilización dentro del país.
Pero la prolongación del exilio introduce un problema adicional: mantener el vínculo con una población que espera su regreso mientras las negociaciones sobre el futuro del país avanzan por otros canales.
Un dilema difícil de resolver
La paradoja que afronta Machado es evidente. El respaldo de Washington ha sido fundamental para su estrategia política, pero la misma relación con Estados Unidos puede limitar ahora su margen de maniobra para regresar a Venezuela en las condiciones que ella pretende.
Romper públicamente con Trump podría permitirle recuperar autonomía política y presentarse como una dirigente dispuesta a regresar pese a las presiones externas. Pero también supondría alejarse de la Administración que ha desempeñado un papel decisivo en la nueva situación venezolana.
Mantener el vínculo con la Casa Blanca, en cambio, preserva una alianza internacional fundamental, pero deja abierta la cuestión de cuándo y cómo podrá regresar.
Por ahora, Machado continúa en Panamá y su entorno insiste en que su regreso se producirá. Mientras tanto, Delcy Rodríguez negocia con Washington, los distintos sectores de la oposición buscan su espacio y Venezuela se encamina hacia una nueva etapa política cuyo calendario electoral todavía está por definir.
El próximo movimiento de Machado será, por tanto, mucho más que un viaje. Su regreso —o la imposibilidad de llevarlo a cabo— puede convertirse en una de las claves para determinar qué papel tendrá la principal figura opositora venezolana en el nuevo escenario político del país. @mundiario
