La jugada de Irán tras el rechazo de Trump: Teherán no rompe la baraja y quiere negociar

El rechazo de Donald Trump a la última propuesta iraní no ha terminado con las negociaciones. Más bien ha dejado al descubierto el verdadero problema que separa a Washington y Teherán: ambas partes quieren negociar, pero ninguna acepta empezar desde las condiciones planteadas por la otra.

Irán ha insistido en que mantiene abierta la puerta a un acuerdo y que solo una solución negociada puede desbloquear la situación. El ministro de Exteriores iraní, Abás Araqchi, ha asegurado que las condiciones de Teherán para reabrir el estrecho de Ormuz siguen vigentes y que su Gobierno espera todavía recibir una respuesta oficial estadounidense a través de los mediadores. Reuters confirmó que los canales diplomáticos continúan abiertos después del rechazo anunciado por Trump el sábado.

Trump, por su parte, ha rechazado la propuesta iraní porque considera que Teherán pretende obtener demasiado antes de hacer concesiones sobre las cuestiones que Washington considera centrales. Sin embargo, el presidente estadounidense ha dicho que espera nuevas conversaciones esta semana. Según Axios, los mediadores qataríes continúan intercambiando propuestas entre ambas partes y podrían producirse nuevos contactos indirectos.

La contradicción aparente —rechazar una propuesta y al mismo tiempo esperar nuevas conversaciones— explica precisamente en qué punto se encuentra el conflicto.

La propuesta presentada por Teherán establece una secuencia de siete días. Irán plantea reabrir el estrecho de Ormuz después de que Estados Unidos adopte previamente determinadas medidas, entre ellas levantar el bloqueo naval, retirar las sanciones relacionadas con las exportaciones de petróleo y restablecer un alto el fuego regional. Después se reanudarían las negociaciones sobre un acuerdo más amplio, incluido el programa nuclear iraní.

La estructura es importante porque muestra que Irán no está ofreciendo simplemente abrir Ormuz a cambio de nada. Está utilizando la vía marítima como parte de una negociación más amplia. Para Teherán, la reapertura del estrecho debe producirse en un contexto en el que también disminuya la presión militar y económica estadounidense. Para Washington, en cambio, el problema es que Irán pretende obtener el levantamiento de medidas de presión antes de comprometerse con las concesiones que Trump quiere conseguir.

El enviado estadounidense ante Naciones Unidas, Mike Waltz, explicó que Washington considera que la propuesta iraní exigía levantar sanciones y liberar activos congelados por adelantado, mientras dejaba para después las conversaciones sobre el programa nuclear. Esa es, según la posición estadounidense, una de las razones del rechazo.

Trump quiere cambiar el punto de partida

La estrategia de Trump consiste en utilizar la presión económica, militar y energética para intentar que Irán llegue a la mesa de negociación en una posición más débil y acepte condiciones más amplias que las planteadas actualmente por Teherán. El propio presidente estadounidense ha dicho que el acuerdo ofrecido por Irán no es el que Washington quiere alcanzar y que, en su opinión, Teherán “se sobreestimó”. También ha dejado abierta la posibilidad de nuevas acciones militares al responder que siempre contempla esa opción.

La presión tiene varios componentes. El primero es el bloqueo económico. El segundo es la presencia militar estadounidense alrededor de Ormuz. El tercero es la amenaza de volver a emplear la fuerza. Y el cuarto es la exigencia de que cualquier acuerdo no se limite a la navegación por el estrecho, sino que incluya compromisos relacionados con el programa nuclear iraní.

Washington intenta así evitar un acuerdo exclusivamente centrado en Ormuz. Para la Administración Trump, la cuestión energética es una consecuencia del conflicto, pero el objetivo estratégico es más amplio: impedir que Irán pueda desarrollar una capacidad nuclear militar y reducir su capacidad para atacar a Estados vecinos. Ese es precisamente uno de los puntos que hacen difícil el acuerdo. Teherán quiere negociar primero el bloqueo y Ormuz; Washington quiere utilizar Ormuz para conseguir un acuerdo de mayor alcance.

Mientras mantiene canales diplomáticos indirectos en Nueva York para negociar un plan de paz de siete días que reabra el estrecho de Ormuz, Irán también está enviando el mensaje contrario al declarar que está listo para reanudar el conflicto si las conversaciones fracasan. El portavoz del Ejército iraní, el general de brigada Mohammad Akrami-Nia, aseguró este domingo durante los actos conmemorativos de la «Defensa Sagrada» que las fuerzas de la República Islámica han reforzado su preparación y que cualquier respuesta a una nueva agresión estadounidense será «más destructiva, amplia y decisiva».

Estas declaraciones —emitidas tras el escepticismo mostrado en privado por el presidente estadounidense Donald Trump sobre la propuesta de tregua de Teherán— deben entenderse como una postura oficial de disuasión y propaganda bélica de la administración del líder supremo Sayyed Mojtaba Jamenei, y no como una verificación independiente sobre el terreno de la verdadera capacidad de su arsenal.

Teherán necesita aliviar la presión económica y recuperar capacidad de exportación, pero también pretende conservar capacidad de disuasión frente a nuevos ataques. Por eso Araqchi insiste en que las condiciones iraníes no han cambiado mientras mantiene conversaciones indirectas con Washington.

La captura de un supuesto vehículo submarino estadounidense también forma parte de esta escalada informativa. Irán afirma haber capturado un sumergible no tripulado Remus 600 utilizado para vigilancia, mientras el Comando Central estadounidense ha rechazado esa versión y asegura mantener el control de sus activos operativos. Por ahora, las dos versiones no han sido conciliadas mediante una verificación independiente.

Qatar intenta evitar que el rechazo sea definitivo

La mediación qatarí adquiere una relevancia estratégica especial al permitir que ambas partes continúen dialogando sin la necesidad de exponer públicamente cada contacto como una negociación directa. Según informa el portal de noticias Axios, Qatar ha mantenido su rol activo en la transmisión de mensajes entre Washington y Teherán, trabajando de cerca en posibles modificaciones al borrador propuesto por la diplomacia iraní; un esfuerzo mediador bajo el cual se prevé que continúen los contactos a lo largo de esta semana entre el ministro Araqchi, y el enviado especial estadounidense, Steve Witkoff.

La cuestión que probablemente determinará la evolución de las conversaciones es el programa nuclear iraní; un asunto sobre el cual Teherán se declara dispuesto a negociar, aunque rechaza firmemente lo que considera cualquier forma de presión o coerción. En contraste, Washington busca compromisos más exigentes que vayan más allá de las condiciones ya estipuladas en la actual propuesta sobre el estrecho de Ormuz.

Aquí se encuentra uno de los obstáculos más difíciles. Una reapertura del estrecho puede negociarse en términos relativamente concretos: navegación, bloqueo, sanciones y seguridad marítima. Un acuerdo nuclear requiere mecanismos de verificación, límites técnicos, garantías y compromisos políticos de mayor duración.

Por eso, la propuesta iraní parece concebida como una puerta de entrada a una negociación más amplia, mientras que Donald Trump pretende que ese primer acercamiento conduzca de inmediato hacia concesiones estratégicas mucho más profundas. En consecuencia, el conflicto entra en una fase particularmente delicada: mientras Irán mantiene firme su oferta pero afirma estar preparado para continuar combatiendo, el mandatario estadounidense rechaza el texto actual al tiempo que anuncia la apertura de nuevas conversaciones. En medio de esta tensión, Qatar redobla esfuerzos para intentar acercar posiciones, al tiempo que Estados Unidos sostiene firmemente su presión militar y económica.

El resultado dependerá de si ambos gobiernos aceptan modificar el orden de las concesiones. Teherán quiere que la reducción de la presión estadounidense preceda a la reapertura de Ormuz. Washington quiere que la reapertura y la reducción de las capacidades iraníes formen parte de un acuerdo más amplio. Entre ambas posiciones existe todavía una distancia considerable, pero los canales diplomáticos permanecen abiertos. @mundiario