Aleksandar Vučić ha dejado este domingo la Presidencia de Serbia, pero sería un error interpretar su dimisión como el final de su carrera política. El movimiento responde a una operación mucho más concreta: abandonar un cargo que ya no puede ocupar durante un tercer mandato y tratar de conservar el control ejecutivo desde el Gobierno. El presidente serbio había anunciado previamente que concurriría a las elecciones parlamentarias anticipadas del 25 de octubre como dirigente del Partido Progresista Serbio (SNS), con el objetivo de convertirse en primer ministro si su formación mantiene una mayoría suficiente para formar Gobierno.
La precisión constitucional resulta fundamental. Vučić ha cumplido dos mandatos presidenciales y la Constitución de Serbia establece que nadie puede ser elegido presidente más de dos veces. Además, el mandato presidencial termina también mediante dimisión, y cuando queda vacante el cargo, la presidenta de la Asamblea Nacional y estrecha aliada del mandatario, Ana Brnabić, asume interinamente sus funciones durante un máximo de tres meses, dentro de los cuales debe celebrarse la elección presidencial.
Por eso, la salida de Vučić de la Presidencia no significa que vaya a competir nuevamente por ese puesto. Su candidatura anunciada es para primer ministro, no para presidente.
Ahí está precisamente la importancia de la maniobra. En el sistema serbio, el Gobierno es el titular del poder ejecutivo y el primer ministro dirige esa estructura, mientras que la Presidencia tiene funciones relevantes de Estado, pero diferentes. Durante sus años en la Presidencia, Vučić mantuvo, sin embargo, una influencia política mucho mayor que la que podría sugerir una lectura estrictamente formal del reparto institucional. Su liderazgo del SNS y su capacidad para marcar la agenda gubernamental hicieron que la frontera entre el poder presidencial y el partidista fuese especialmente estrecha.
Ahora pretende trasladar esa influencia directamente al Ejecutivo. Si el SNS obtiene suficientes apoyos después de las elecciones del 25 de octubre, el Parlamento tendrá que elegir un nuevo Gobierno y Vučić podría asumir el puesto de primer ministro. El mecanismo, por tanto, depende de dos pasos distintos: primero, el resultado parlamentario; después, la formación del Gobierno y la elección del jefe del Ejecutivo por la nueva Asamblea.
Casi dos años de protestas cambian el escenario
La operación llega en el momento político más delicado para Vučić desde que el SNS alcanzó el poder en 2012. Las protestas comenzaron después del derrumbe, el 1 de noviembre de 2024, de la marquesina de la estación ferroviaria de Novi Sad, una tragedia en la que murieron 16 personas. Las movilizaciones estudiantiles exigieron responsabilidades, transparencia en la contratación pública y reformas institucionales, y con el tiempo se transformaron en una contestación política mucho más amplia.
Lo relevante ahora es que los estudiantes han pasado de la calle a las urnas. Su movimiento presentó una lista de 250 candidatos para las elecciones del 25 de octubre, integrada por profesores, expertos, profesionales y otras personas vinculadas al movimiento cívico. La iniciativa, conocida como “Students Win”, busca transformar las demandas de las protestas en representación parlamentaria.
Ese cambio altera la naturaleza de la disputa. Durante meses, Vučić pudo presentar las movilizaciones como una presión social externa al sistema electoral. Ahora tendrá que enfrentarse a una lista que pretende convertir esa contestación en votos y escaños. Al mismo tiempo, concurren los aliados tradicionales del SNS, los socialistas y otras formaciones opositoras, incluida una alianza proeuropea.
Por eso las elecciones anticipadas no son simplemente un procedimiento para renovar la Asamblea. Se han convertido en un examen político sobre el sistema construido alrededor de Vučić después de más de una década de dominio del espacio político serbio.
La decisión recuerda, inevitablemente, a otras fórmulas utilizadas en Europa para mantener influencia política después de alcanzar los límites constitucionales de un determinado cargo. El paralelismo más citado es el de Vladímir Putin, que ocupó la Presidencia rusa y posteriormente el puesto de primer ministro antes de regresar al Kremlin. Sin embargo, las situaciones constitucionales y políticas de Rusia y Serbia son diferentes y conviene no convertir el parecido formal en una equivalencia institucional.
En Serbia, la explicación inmediata es más sencilla: Vučić ya no puede optar a un tercer mandato presidencial y ha elegido competir por el puesto que, desde el punto de vista constitucional, concentra la dirección del Gobierno. La novedad no está tanto en que abandone el poder como en que intenta trasladar su centro de gravedad desde la Presidencia hacia la jefatura del Ejecutivo.
El propio Vučić resumió su despedida con una frase dirigida a sus seguidores en Belgrado: “Todo este tiempo he sido uno de ustedes; a partir de mañana, también lo seré formalmente”. Poco después afirmó, al anunciar su salida, que había servido a Serbia y que estaba orgulloso de lo realizado durante sus años de gobierno.
La dimensión institucional y cómo golpea a Europa
La controversia no se limita a quién ocupa un despacho. La Unión Europea ha señalado durante los últimos años problemas relacionados con el Estado de derecho, la independencia judicial, los medios de comunicación, la lucha contra la corrupción y los controles institucionales en Serbia. El informe de 2026 sobre Estado de derecho de la Comisión Europea incluye expresamente a Serbia entre los países candidatos examinados y mantiene estos asuntos dentro del proceso de seguimiento.
Bruselas también ha vinculado el ritmo de la adhesión serbia a la evolución de las reformas democráticas y del Estado de derecho. A ello se suma la posición internacional de Belgrado: Serbia mantiene su objetivo de ingresar en la Unión Europea, pero al mismo tiempo conserva relaciones estrechas con Rusia y China y no se ha alineado con las sanciones europeas contra Moscú por la guerra de Ucrania. La normalización de las relaciones con Kosovo continúa siendo además una cuestión central dentro del proceso europeo.
La dimisión de Vučić introduce, por tanto, una nueva fase en un sistema político que durante años ha girado alrededor de su figura. Ana Brnabić, hasta ahora presidenta del Parlamento y estrecha aliada de Vučić, asumirá provisionalmente la Presidencia. Después de las elecciones parlamentarias deberá constituirse la nueva Asamblea, formarse Gobierno y organizarse la elección presidencial dentro del plazo constitucional.
El desenlace dependerá de las urnas. Para Vučić, la estrategia está definida: dejar una Presidencia que ya no puede renovar y buscar desde el SNS el puesto de primer ministro. Para el movimiento estudiantil, el desafío consiste ahora en transformar una movilización prolongada en una alternativa electoral capaz de obtener representación suficiente. Y para Serbia, las elecciones del 25 de octubre concentrarán en una misma votación una cuestión que durante casi dos años se había desarrollado principalmente en las calles: hasta dónde llega el respaldo al sistema político construido alrededor de Aleksandar Vučić.
La conversación de Vučić con Vladímir Putin el 26 de septiembre también está documentada, aunque el asunto central comunicado públicamente fue la cooperación energética y el suministro de gas ruso, no una coordinación electoral demostrada. @mundiario
