Luiz Inácio Lula da Silva ha decidido no participar en el debate organizado por TV Globo este jueves, a solo tres días de la primera vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas. El presidente y candidato del Partido de los Trabajadores (PT) había recibido una invitación para compartir escenario con Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal (PL), en el que estaba llamado a ser el primer cara a cara entre los dos principales aspirantes de una campaña marcada por la extrema polarización y por unas encuestas que han mantenido la carrera muy ajustada.
La decisión llega en uno de los momentos más delicados de la campaña. Los sondeos de los últimos días apuntan a una ligera ventaja de Lula, después de semanas de empate técnico entre el actual presidente y el hijo del exmandatario Jair Bolsonaro. El margen entre ambos ha sido reducido durante buena parte de la campaña y el debate de Globo estaba considerado uno de los últimos grandes escaparates para intentar movilizar a los indecisos, aunque su peso es limitado, alrededor del 3 % del electorado todavía no habría decidido su voto.
La ausencia de Lula deja el último gran debate televisado antes de la primera vuelta sin el enfrentamiento directo que había concentrado buena parte de la expectación. El resto de candidatos invitados sí ha confirmado su participación, por lo que Flávio Bolsonaro compartirá plató con otros aspirantes situados en el espectro de la derecha, entre ellos el escritor de libros de autoayuda Augusto Cury, el gobernador de Goiás Ronald Caiado (Partido Socialdemócrata) y el exgobernador de Minas Gerais Romeu Zema (Partido Novo).
Según la prensa brasileña, el equipo del presidente llevaba varios días dividido sobre la conveniencia de acudir al programa. Los partidarios de la ausencia terminaron imponiendo su criterio ante el argumento de que Lula podía convertirse en el objetivo común de los ataques del resto de candidatos, al ser el principal representante de la izquierda en una contienda en la que buena parte de sus rivales se sitúan a la derecha.
También pesó el formato. La invitación de Globo no se limitaba a Lula y Flávio Bolsonaro, sino que incluía a otros candidatos, una circunstancia que no convencía al equipo del presidente. En la estrategia de campaña, el cara a cara con Bolsonaro hijo puede reservarse para una eventual segunda vuelta, prevista para el 25 de octubre si ninguno de los candidatos logra superar el 50 % de los votos válidos este domingo. Lula ha optado, mientras tanto, por formatos que ofrecen un mayor control sobre la conversación. Poco antes de comunicar su ausencia del debate participó en una entrevista con varios autores de podcasts aliados.
Bolsonaro convierte la ausencia en un arma electoral
Flávio Bolsonaro llevaba días utilizando la posibilidad de que Lula no acudiera al debate como argumento de campaña. El candidato del PL ha insistido en que su principal adversario es el actual presidente y ha reclamado un enfrentamiento directo entre ambos.
La ausencia de Lula permite así a Bolsonaro presentarse como el candidato dispuesto a acudir al principal plató televisivo de la campaña y convertir el debate en un espacio para cuestionar al presidente. Su retórica ha sido especialmente dura durante las últimas semanas, en una campaña caracterizada por la confrontación entre el campo bolsonarista y el movimiento izquierdista que respalda al líder del PT.
El tono de la disputa refleja la profunda polarización que atraviesa Brasil. Las descalificaciones cruzadas han ido acompañadas de una campaña en la que cuestiones políticas, religiosas y culturales se mezclan con los grandes debates económicos y sociales. En los últimos días, incluso la Virgen de Aparecida, patrona de Brasil, se ha convertido en protagonista de la batalla electoral.
Un bulo aupado por la izquierda sobre la supuesta eliminación de la imagen de la Virgen de Aparecida como patrona de Brasil, supuestamente impulsado por un bolsonarismo entregado a un electorado evangélico, ha conmocionado la recta final de la campaña. Lula ha incorporado réplicas de la imagen religiosa a varios de sus actos, en un intento de disputar también al bolsonarismo un terreno especialmente relevante para una parte del electorado brasileño.
El debate que no será el gran cara a cara
La decisión de Lula tiene además un componente estratégico evidente: evitar un enfrentamiento directo con Flávio Bolsonaro antes de que los electores acudan a las urnas. En las anteriores elecciones presidenciales, Lula y Jair Bolsonaro sí protagonizaron debates antes de la primera y de la segunda vuelta, convirtiendo esos encuentros en algunos de los momentos más seguidos de la campaña.
Ahora, el escenario es diferente. El actual presidente parte como uno de los dos grandes protagonistas de la contienda, mientras que Flávio Bolsonaro ha asumido el papel que desempeñó su padre en anteriores elecciones. Una eventual segunda vuelta entre ambos convertiría previsiblemente el debate directo en uno de los grandes acontecimientos de la campaña.
La primera vuelta, sin embargo, llegará sin que los dos favoritos hayan contrastado públicamente sus proyectos en un cara a cara televisado. Y lo hará después de una campaña particularmente áspera, con Lula y Flávio Bolsonaro prácticamente empatados durante buena parte de la carrera y con los últimos sondeos apuntando a una ligera ventaja del presidente. @mundiario
