Brasil vuelve a las urnas convertido, una vez más, en uno de los grandes escenarios políticos del continente. Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro se enfrentan este domingo en la primera vuelta de unas elecciones presidenciales que han adquirido una dimensión nacional e internacional poco habitual. No solo está en juego quién ocupará el Palacio de Planalto durante los próximos años. También se debate qué modelo económico, social y exterior quiere seguir la mayor democracia y economía de América Latina.
La jornada electoral ha comenzado con una participación potencial de 158.745.463 electores, según el Tribunal Superior Eleitoral (TSE), que ha habilitado la votación entre las 8.00 y las 17.00 horas, horario de Brasilia. Los brasileños eligen presidente, gobernadores, senadores, diputados federales y diputados estatales o distritales. En el exterior, el voto se limita a la elección presidencial.
La magnitud de la elección explica la atención internacional. Brasil no es solamente el país más poblado de América Latina. Es una potencia agrícola, energética, minera y medioambiental, miembro de los BRICS y un actor decisivo en las relaciones entre Estados Unidos, China y el resto del continente.
Lula, de 80 años, busca un cuarto mandato presidencial y llega a esta elección defendiendo una agenda basada en políticas sociales, intervención estatal en determinados sectores económicos, aumento del salario mínimo, programas de transferencia de renta y una política exterior orientada al multilateralismo y a una mayor autonomía internacional de Brasil.
Flávio Bolsonaro, senador de 45 años e hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro, intenta trasladar al terreno presidencial el capital político acumulado por el bolsonarismo. Su campaña pone el acento en la seguridad, una menor intervención estatal, reducción de impuestos, privatizaciones y una relación más estrecha con Estados Unidos.
La diferencia no es únicamente ideológica. También existe una lectura distinta sobre el lugar que Brasil debe ocupar en el mundo. Lula ha convertido la defensa de la soberanía brasileña en uno de los argumentos de su campaña y ha criticado la presión ejercida desde Washington. Flávio Bolsonaro, en cambio, ha reivindicado su proximidad con la Administración de Donald Trump y la necesidad de reforzar la relación bilateral.
El vínculo con Estados Unidos ha adquirido una relevancia particular por las tensiones comerciales y por las discusiones sobre minerales estratégicos. Brasil posee recursos fundamentales para la transición energética y para determinadas cadenas industriales, de modo que su relación con Washington y Pekín tiene consecuencias que van mucho más allá de la política exterior.
¿Qué dicen las encuestas?
Las últimas encuestas disponibles antes de la apertura de las urnas muestran una diferencia reducida entre los dos principales candidatos. El Datafolha, publicado en la víspera de la votación, situó a Lula en el 45% de los votos válidos y a Flávio Bolsonaro en el 42%, con un margen de error de dos puntos. En votos totales, la distancia era todavía menor: 47% frente a 46%.
Otros estudios dibujan un escenario parecido, aunque con cifras diferentes. El agregador de encuestas de UOL situaba la media en torno al 40,5% para Lula y el 37,2% para Flávio en primera vuelta, mientras que distintas simulaciones de segunda vuelta mostraban diferencias dentro del margen de error. AtlasIntel/Bloomberg, por su parte, registraba un 45,3% para Lula frente al 42,2% de Flávio en primera vuelta, pero planteaba prácticamente un empate en una eventual segunda vuelta: 47,6% frente a 47,7%.
La conclusión que puede extraerse de estos datos no es quién ganará, sino algo más concreto: la primera vuelta aparece muy competida y las encuestas no permiten establecer un desenlace definitivo. Si ninguno alcanza el 50% de los votos válidos, los dos candidatos más votados volverán a enfrentarse el 25 de octubre.
La propia experiencia electoral brasileña aconseja prudencia con las proyecciones. La distribución territorial del voto, la participación efectiva y la transferencia de apoyos de los candidatos que queden eliminados pueden modificar sustancialmente el escenario entre una vuelta y otra.
Además, reducir este escenario electoral a una disputa entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro sería insuficiente, ya que el futuro presidente necesitará gobernar con un Congreso capaz de condicionar decisivamente sus políticas. Precisamente este domingo, los ciudadanos acuden a las urnas no solo para la carrera presidencial, sino también para elegir a los 513 diputados federales, dos tercios del Senado, los gobernadores y las asambleas legislativas estatales.
Allí aparece el denominado centrão (el Centrón), un conjunto heterogéneo de partidos que ocupa una posición fundamental en la política brasileña; este bloque suele negociar sin tapujos los apoyos legislativos a cambio de influencia política y presupuestaria. El resultado parlamentario puede ser, por tanto, tan importante para la gobernabilidad como el nombre del próximo presidente.
La composición del Congreso será especialmente relevante para el futuro de Jair Bolsonaro. El expresidente permanece sometido a medidas judiciales después de haber sido condenado por su papel en el intento de alterar el resultado de las elecciones de 2022. Flávio ha defendido iniciativas destinadas a favorecer a su padre, incluida una eventual amnistía, pero cualquier decisión de esa naturaleza dependería de las mayorías parlamentarias y del marco jurídico vigente.
Por eso el 4 de octubre no solamente decide quién pasa a una eventual segunda vuelta. También determina qué margen tendrá el próximo Ejecutivo para legislar.
La economía y la vida cotidiana decidirán tanto como la ideología
La candidatura de Flávio Bolsonaro posee, además, un componente que distingue estos comicios de cualquier otra sucesión presidencial convencional: la figura de Jair Bolsonaro sigue siendo el eje central del proceso político brasileño, pese a no figurar en la papeleta. Su hijo no oculta esta línea de continuidad y, de hecho, su campaña busca movilizar al arraigado electorado que convirtió al expresidente en uno de los líderes conservadores más influyentes de América Latina, al tiempo que intenta ampliar esa base hacia votantes preocupados prioritariamente por la seguridad, la economía y las relaciones con Estados Unidos.
Si bien la polarización domina el discurso electoral, los ciudadanos acuden a las urnas preocupados por cuestiones mucho más inmediatas, tales como el coste de vida, el empleo, la seguridad, la inflación, los servicios públicos, los impuestos y el crecimiento económico. Ante este escenario, Luiz Inácio Lula da Silva reivindica los resultados económicos y sociales de su gestión y defiende una mayor capacidad del Estado para reducir desigualdades, mientras que Flávio Bolsonaro plantea una orientación más favorable al mercado, caracterizada por la reducción del gasto público y una mayor participación privada.
La economía brasileña tiene además un problema estructural: la deuda pública supera el 80% del PIB y cualquier Gobierno deberá compatibilizar políticas sociales, inversión y disciplina fiscal. Reuters identifica precisamente el coste de vida y la situación de las cuentas públicas entre los principales asuntos que condicionan la campaña.
La importancia de las elecciones de Brasil 2026 no termina en sus fronteras. El país posee una dimensión económica, diplomática y territorial que hace que cada cambio de Gobierno tenga efectos regionales. Brasil tiene capacidad para influir en la agenda latinoamericana sobre comercio, energía, cambio climático, seguridad, migración e integración regional. También desempeña un papel singular como interlocutor entre Occidente y el llamado Sur Global.
Pero antes de conocer ese rumbo queda todavía una etapa decisiva. Brasil vota hoy, las urnas definirán quién pasa a la segunda vuelta si nadie supera el 50% y el 25 de octubre podría producirse el desenlace presidencial. Mientras tanto, el Congreso, los gobiernos estatales y la distribución territorial del voto ofrecerán las claves para entender hasta dónde podrá llegar el proyecto del próximo presidente. @mundiario
