A Anthony Gordon solo le faltaba el gol para redondear un desembarco casi perfecto en la Ciudad Condal. Y la cuenta, por fin, quedó inaugurada este fin de semana. El extremo internacional inglés estrenó su casillero anotador con la camiseta del FC Barcelona frente al Getafe, poniendo el broche de oro a un inicio de curso en el que sus actuaciones venían desprendiendo sensaciones inmejorables.
Aunque su desequilibrio era incuestionable, al exjugador de la Premier le faltaba todavía ese premio tangible que todo atacante necesita para sacudirse la ansiedad. La diana llegó, además, en el momento idóneo: justo después de una ventana internacional pletórica con la selección inglesa, donde brilló con luz propia al firmar tres tantos y una asistencia.
El atacante británico acumulaba semanas enteras haciendo méritos de sobra para besar la red. Su endiablada punta de velocidad, su osadía para retar al marcador y su perseverancia constante en el uno contra uno le han convertido con rapidez en un recurso indispensable para el libreto de Hansi Flick. Gordon es de esa estirpe de extremos que no precisan de grandes parcelas para sembrar el caos: busca continuamente el emparejamiento con el lateral y condiciona el repliegue de las zagas contrarias. La retaguardia azulona padeció una auténtica pesadilla para contener sus arrancadas; además de inaugurar el electrónico en un afortunado lance en el minuto dos, el inglés regaló dos asistencias de categoría para los tantos de Gavi y Dani Olmo.
La trascendencia del tanto trasciende lo meramente estadístico por el alivio anímico que conlleva para el futbolista. Gordon aterrizó en la disciplina culé bajo la exigente etiqueta de ser el puñal encargado de aportar profundidad y veneno a un frente ofensivo ávido de alternativas verticales. Desde sus primeras intervenciones sobre el verde demostró galones suficientes para hacerse con la titularidad, pero su casillero de dianas permanecía extrañamente desierto pese a lucir ya cinco asistencias repartidas entre LaLiga y la Champions League. Superado ese pequeño bloqueo mental, el extremo queda liberado para desplegar su repertorio con un plus de determinación.
Los datos individuales frente al Getafe plasmaron una superioridad arrolladora en el último tercio de campo. Gordon probó fortuna con tres remates, enviando dos de ellos entre los tres palos y viendo cómo el restante era interceptado por la maraña defensiva visitante. A esa amenaza directa sumó una notable pulcritud asociativa, firmando un 87% de acierto en la entrega de balón y saliendo victorioso en tres de sus cuatro tentativas de regate individual. Cifras que confirman a un futbolista en plena ebullición competitiva y perfectamente integrado en los automatismos tácticos del cuerpo técnico teutón.
El bendito plan de Hansi Flick
Más allá de los guarismos, la conexión entre el futbolista británico y la grada barcelonista ha sido inmediata y recíproca. El estilo de Gordon engancha sin rodeos al aficionado: practica un fútbol directo, vertical y alérgico a la especulación.
No es un jugador que se esconda tras un error en el pase o una pérdida de balón; al contrario, su gen competitivo le empuja a pedirla de nuevo y encarar con renovado descaro. Esa personalidad indómita encaja a la perfección con la idiosincrasia histórica del extremo que demanda el barcelonismo, justificando por qué se ha consolidado en tiempo récord como una de las incorporaciones más queridas y valoradas de la plantilla.
Esta primera diana liguera no cambia sustancialmente el diagnóstico que Hansi Flick ya tenía sobre su pupilo, pero sí refuerza la fe ciega que el técnico alemán ha depositado en sus virtudes desde el primer día de pretemporada. El preparador germano venía insistiendo en rueda de prensa en que el acierto de cara a puerta era una simple cuestión de tiempo y madurez en la finalización, pues el volumen de peligro que generaba en cada encuentro era altísimo. Con el candado ya roto, el horizonte del inglés adquiere una dimensión aún más prometedora dentro del esquema culé.
El FC Barcelona líder de LaLiga encuentra en la mejor versión de Anthony Gordon un martillo pilón capaz de desatascar cualquier cerrojo rival. Despojado de urgencias y con la confianza por las nubes tras sus exhibiciones con Inglaterra y su recital ante el Getafe, el extremo británico ya no solo amenaza con desbordar y asistir: ahora también castiga en el área pequeña.
Si el atacante de Liverpool consigue añadir la regularidad goleadora a su catálogo de recursos habituales, el techo competitivo del Barça de Flick amenaza con no tener límites en la presente temporada. @mundiario
