¿Paz a base de capitulación?: Zelenski destapa las cartas de Trump para terminar la guerra

La disputa entre Volodímir Zelenski y Donald Trump ha entrado en una nueva fase. El presidente ucraniano ha acusado a su homólogo estadounidense de presionar a Kiev para que acepte una salida de la guerra que, en su opinión, se aproxima a una capitulación ante Rusia. «Creo que se han tomado medidas para convencer a Ucrania de capitular», afirmó en una entrevista con Bloomberg, en un momento marcado por el acercamiento de Washington a Moscú y la suspensión temporal de nuevas sanciones contra el Kremlin.

La acusación no significa que exista un documento público que obligue formalmente a Ucrania a rendirse. Refleja, más bien, la interpretación de Zelenski sobre una serie de decisiones estadounidenses que pueden reducir su capacidad para negociar en condiciones favorables: el alivio de las sanciones económicas, las presiones para que Kiev detenga sus ataques contra la industria petrolera rusa y las advertencias sobre el apoyo militar y de inteligencia.

El dirigente ucraniano también ha advertido, en una entrevista con NBC, de que Estados Unidos cometería un «error histórico» si se alineara con Vladímir Putin. Su preocupación es que la búsqueda de un acuerdo rápido termine convirtiéndose en una negociación en la que Rusia conserve los territorios ocupados y obtenga concesiones estratégicas sin renunciar a sus objetivos militares.

La cuestión central es qué entiende cada parte por paz. Para Trump, el resultado debe alcanzarse mediante un acuerdo que detenga los combates y permita restablecer las relaciones económicas. Para Kiev, una tregua que permita a Rusia reorganizar sus fuerzas sin garantías de seguridad suficientes podría dejar preparado el terreno para una nueva ofensiva.

El presidente estadounidense, Donald Trump, ha respondido con dureza reafirmando su estrategia de distensión y trasladando la culpa del estancamiento al líder ucraniano. En un incendiario mensaje publicado este domingo 18 de octubre en su red social Truth Social, el mandatario afirmó textualmente: «A Zelenski no le importa y, francamente, con todo el dinero que Europa le está dando… no quiere poner fin a esta guerra, y probablemente nunca quiso hacerlo». Trump insistió además en que Kiev debió haber firmado un acuerdo de paz «hace dos años», argumentando que de haberlo hecho Ucrania habría evitado las masivas pérdidas territoriales y humanas que hoy sufre.

Asimismo, el republicano calificó de «desgracia» la reanudación de los ataques ucranianos con drones contra infraestructuras rusas, señalando de forma específica el impacto negativo que estas operaciones militares tienen sobre el mercado mundial del diésel y los precios de los combustibles en Estados Unidos, afectando directamente a sus agricultores y transportistas. Según la postura oficial de la Casa Blanca, la ofensiva aérea ejecutada por Kiev sobre refinerías y terminales como las de San Petersburgo entorpece las conversaciones de paz promovidas por Washington, cuyo objetivo inmediato es «no hacer nada que, de manera insensata, aleje a Rusia de la mesa de negociaciones» mientras dure el proceso diplomático.

Esta interpretación contiene un elemento político relevante: Trump presenta las operaciones ucranianas como un obstáculo para la paz, mientras considera que aliviar la presión económica sobre Rusia puede servir como incentivo para alcanzar un acuerdo. Zelenski sostiene exactamente lo contrario: si Moscú recibe beneficios económicos sin reducir sus ataques, el Kremlin puede interpretar las concesiones como una señal de que continuar la guerra resulta rentable.

La Casa Blanca apuesta por preservar canales de diálogo y evitar medidas que, a su juicio, puedan hacer fracasar las conversaciones. Kiev teme que esa flexibilidad termine debilitando su capacidad de resistencia y aumentando las exigencias rusas.

El alivio de las sanciones reabre el debate sobre la estrategia estadounidense

La decisión de Trump de suspender la aplicación de nuevas sanciones contra Rusia ha agravado el desencuentro. Las medidas, contempladas en una legislación aprobada para aumentar la presión sobre Moscú, incluían restricciones y posibles aranceles relacionados con el comercio ruso y con países compradores de sus hidrocarburos. La Casa Blanca justificó la exención por el interés nacional estadounidense. El secretario de Estado, Marco Rubio, explicó que se evaluaría durante un periodo de 60 días el impacto económico de las sanciones.

La decisión llegó después de que Trump anunciara un acuerdo para facilitar la llegada de diésel ruso a los mercados internacionales. La Administración defiende que el suministro adicional puede contribuir a moderar los precios energéticos y que mantener una relación funcional con el Kremlin ayuda a sostener las negociaciones.

Sin embargo, la medida plantea una contradicción estratégica. Los ingresos derivados del petróleo y el gas constituyen una fuente importante de financiación para el Estado ruso y su esfuerzo bélico. Si Moscú puede vender más combustible o afrontar menos restricciones comerciales, obtiene un margen económico que puede contribuir a sostener la guerra. Por eso, Kiev considera que el alivio de las sanciones no es un gesto neutral, sino una ventaja para el país invasor.

El factor interno estadounidense también importa. Con las elecciones legislativas de noviembre próximas y el encarecimiento de los combustibles bajo presión política, Trump tiene incentivos para mostrar que puede influir en los mercados y negociar con Rusia. No obstante, la evolución del petróleo depende de múltiples variables internacionales y no únicamente de los ataques ucranianos a las refinerías, por lo que atribuir a Kiev la responsabilidad principal de los precios constituye una afirmación política discutible.

La tensión diplomática coincide con una intensificación de los ataques. Durante la madrugada del domingo, Ucrania lanzó una gran oleada de drones contra territorio ruso, con objetivos en la región de Leningrado y en San Petersburgo, ciudad natal de Putin. El Ministerio de Defensa ruso aseguró haber derribado 1.015 aparatos no tripulados entre la tarde del sábado y la mañana del domingo. Esa cifra corresponde al balance divulgado por Moscú y no constituye una verificación independiente de todos los objetivos alcanzados.

Entre las instalaciones afectadas figuran la terminal petrolera de San Petersburgo, con una capacidad de carga anual de 12,5 millones de toneladas, los depósitos de Ruchi, un centro de datos vinculado a la red social VK y un centro logístico de la plataforma comercial Ozon. Las autoridades regionales comunicaron al menos un muerto y cinco heridos. La amenaza de los drones también provocó el cierre temporal del aeropuerto de Púlkovo y alteraciones en el tráfico aéreo.

La ofensiva responde a la lógica de la guerra económica que Ucrania ha desarrollado contra la infraestructura energética rusa. Kiev intenta reducir los ingresos de Moscú, encarecer el mantenimiento de su maquinaria militar y demostrar que la retaguardia rusa tampoco está a salvo. El alcance de los ataques permite, además, enviar una señal a Washington: Ucrania conserva capacidad para golpear objetivos estratégicos y no está dispuesta a abandonar esa herramienta sin garantías o contrapartidas.

Pero esta estrategia tiene costes y riesgos. Los ataques a instalaciones industriales pueden provocar daños materiales, alterar los mercados y aumentar la escalada. Al mismo tiempo, no garantizan por sí solos cambios en las decisiones del Kremlin ni una mejora inmediata de la posición negociadora ucraniana.

La tregua energética, una prueba fallida de reciprocidad

Uno de los principales motivos del enfrentamiento es el fracaso de la tregua energética anunciada por Trump el 11 de octubre. Según Zelenski, Ucrania suspendió inicialmente sus ataques contra refinerías rusas, pero Rusia continuó golpeando infraestructuras energéticas ucranianas. El presidente aseguró que Moscú había cometido 76 ataques de ese tipo desde el anuncio y denunció que miles de familias afrontaban problemas de suministro eléctrico.

Ante la continuidad de los bombardeos, Kiev reanudó los ataques contra objetivos petroleros rusos. El Kremlin, por su parte, sostiene que sus operaciones son sistemáticas y que buscan reducir la capacidad militar ucraniana. El resultado es una tregua sin mecanismos eficaces de verificación ni garantías claras de cumplimiento por ambas partes.

El presidente Zelenski mantiene una vía de comunicación directa con el enviado especial de la Casa Blanca para la paz en Ucrania, Steve Witkoff, y el asesor internacional y yerno presidencial, Jared Kushner, en un intento por articular una propuesta diplomática de cara a una posible cumbre. Sin embargo, los canales oficiales no ocultan la profunda brecha estratégica entre ambas administraciones. Mientras que el equipo de Donald Trump centra sus esfuerzos en evitar que el Kremlin abandone los contactos iniciales —llegando al extremo de congelar temporalmente las sanciones a las refinerías rusas—, Kiev exige que las concesiones para un alto el fuego no recaigan de forma asimétrica sobre el país agredido.

Este pulso político va más allá de un choque de liderazgos y evidencia la difícil convergencia de tres agendas geoestratégicas contrapuestas. Por un lado, la prioridad de Washington se centra en forzar un cese de hostilidades rápido para frenar el gasto en ayuda militar y estabilizar el mercado global de hidrocarburos —especialmente el precio del diésel— antes de las elecciones de medio término del 3 de noviembre.

Por otro lado, la línea roja de Kiev está supeditada a la preservación de su integridad territorial, el restablecimiento de su seguridad energética frente a los bombardeos masivos rusos y la obtención de garantías internacionales robustas que impidan una futura invasión. Finalmente, la postura de Moscú se mantiene determinada a consolidar sus conquistas territoriales en el Donbás y el sur de Ucrania, preservar su capacidad de influencia sobre la política exterior de Kiev y forzar el levantamiento definitivo de los bloqueos económicos occidentales como condición indispensable para firmar la paz.

La suspensión de sanciones puede funcionar como incentivo diplomático si Moscú responde con concesiones verificables. Si no hay reciprocidad, también puede reducir la presión económica sin modificar el comportamiento militar ruso. De manera similar, los ataques ucranianos pueden elevar el coste de la guerra para el Kremlin, pero también alimentar el argumento de Trump de que Kiev obstaculiza sus esfuerzos de mediación. @mundiario