Los disturbios que sacudieron Milán durante el pasado fin de semana podrían tener un trasfondo más complejo que una protesta juvenil que acabó descontrolándose. El Gobierno italiano ha abierto una línea de investigación para determinar si algún actor extranjero aprovechó el malestar social de los jóvenes para impulsar las concentraciones y favorecer los episodios de violencia y saqueos registrados en el centro de la ciudad.
Los servicios de inteligencia están examinando los mensajes difundidos en redes sociales y la rapidez con la que se multiplicaron las convocatorias. La hipótesis que se estudia es que una campaña coordinada contribuyera a reunir a unos 2.000 jóvenes en torno a la plaza del Duomo, donde varios grupos destrozaron escaparates, asaltaron comercios y se enfrentaron a las fuerzas de seguridad.
Las sospechas, según las informaciones publicadas por medios italianos, apuntan a Rusia como posible origen de una operación de influencia. Sin embargo, las autoridades todavía no han presentado pruebas concluyentes que permitan atribuir los incidentes a un Gobierno extranjero.
El ministro de Defensa italiano, Guido Crosetto, ha elevado el tono de la advertencia y sostiene que lo ocurrido podría encajar en una estrategia de «guerra híbrida»: una forma de presión que utiliza herramientas distintas de las militares tradicionales, entre ellas las redes sociales, para generar inestabilidad y explotar las divisiones internas de una sociedad.
La investigación se desarrolla en un momento delicado para el Ejecutivo de Giorgia Meloni, que ha respondido a los altercados con nuevas medidas de seguridad. Al mismo tiempo, las autoridades temen que las convocatorias difundidas en internet puedan provocar nuevos episodios violentos en los próximos días.
Los mensajes en redes que llevaron a los jóvenes al centro de Milán
Uno de los elementos que más preocupa a los investigadores es el papel que desempeñaron TikTok y Telegram en la movilización. Algunos de los jóvenes detenidos explicaron ante el juez que acudieron a la plaza del Duomo después de recibir mensajes que les animaban a reunirse en el centro para «montar follón».
Según los testimonios recogidos por medios italianos, algunos participantes fueron incorporados a grupos de Telegram en los que ya circulaban cientos de mensajes de usuarios cuya identidad desconocían. Las convocatorias mezclaban referencias al encarecimiento de la vida y al descontento juvenil con llamamientos a acudir a las calles y, en algunos casos, a asaltar tiendas.
En TikTok también aparecieron mensajes dirigidos a establecimientos comerciales y marcas deportivas. Algunas publicaciones anunciaban que determinados comercios serían los siguientes objetivos, mientras otros contenidos alentaban a acudir al centro de la ciudad.
Esta combinación de mensajes dificulta determinar dónde termina la convocatoria a una protesta y dónde comienza la incitación a cometer delitos. Los investigadores tratan de averiguar si las publicaciones respondían a una movilización espontánea que se extendió rápidamente o si existió una estrategia deliberada para multiplicar la asistencia y provocar enfrentamientos.
El hecho de que numerosos adolescentes aseguren haber acudido tras recibir mensajes en redes constituye una pista relevante, pero no demuestra por sí mismo que hubiera una operación extranjera organizada. Para confirmar esa hipótesis será necesario identificar a los responsables de las cuentas, reconstruir la difusión de los contenidos y establecer si existieron vínculos entre los distintos llamamientos.
Rusia aparece entre las sospechas, pero todavía no hay pruebas concluyentes
La posibilidad de una interferencia rusa ha ganado protagonismo en las informaciones sobre la investigación. Los servicios de inteligencia italianos examinan las similitudes entre la movilización de Milán y otros episodios recientes en los que las redes sociales desempeñaron un papel importante en la convocatoria de grandes concentraciones.
Entre las comparaciones que se están estudiando figura lo sucedido en Ceuta a finales de julio, cuando decenas de miles de personas cruzaron la frontera desde Marruecos. Las autoridades italianas buscan determinar si existen patrones similares en la difusión de mensajes y en la capacidad de movilizar rápidamente a un gran número de personas.
La hipótesis de una intervención extranjera también amenaza con abrir nuevas divisiones dentro de la coalición de Meloni. Matteo Salvini, líder de la Liga y conocido por su histórica cercanía política a Vladímir Putin, ha rechazado que exista necesariamente una dirección externa detrás de los disturbios.
El debate llega, además, cuando Italia empieza a mirar hacia las próximas elecciones generales, que podrían celebrarse en la primavera de 2027. El Gobierno ha expresado en otras ocasiones su preocupación por las posibles interferencias extranjeras en los procesos electorales y en la opinión pública.
Por ahora, la investigación no permite concluir que Rusia u otro país organizara los altercados. La identificación de las cuentas que difundieron los llamamientos, el origen de sus mensajes y la existencia de posibles conexiones entre sus responsables serán elementos decisivos para confirmar o descartar esa posibilidad.
La investigación sobre las redes sociales y una eventual injerencia extranjera seguirá su curso, pero la respuesta política ya está en marcha. El Gobierno de Meloni ha aprobado un decreto que endurece las medidas contra la violencia en las manifestaciones, amplía las facultades policiales y contempla responsabilidades económicas para los padres por determinados daños causados por sus hijos.
La gran incógnita es si los altercados fueron principalmente una explosión de descontento juvenil amplificada por las plataformas digitales o si alguien aprovechó deliberadamente esa frustración para desestabilizar el país. Italia intenta esclarecerlo mientras mantiene la vigilancia ante el temor a nuevos incidentes. @mundiario
