Aleksandar Vučić ha reconocido su derrota en las elecciones parlamentarias anticipadas de Serbia y ha admitido que la Lista Estudiantil ha obtenido una victoria suficiente para gobernar con mayoría absoluta. Según las estimaciones preliminares difundidas por el propio dirigente, la candidatura respaldada por los universitarios conseguiría entre 135 y 140 de los 250 escaños de la Asamblea Nacional, frente a los aproximadamente 105 de su bloque político. La mayoría absoluta se sitúa en 126 diputados.
El resultado supone el mayor revés político para Vučić desde que llegó al Gobierno en 2014 y asumió la presidencia en 2017. Su derrota no significa necesariamente su desaparición de la política serbia, pero sí pone fin a la etapa en la que su partido dominaba las principales instituciones del país. La victoria estudiantil, además, tiene una particularidad: no procede de una formación tradicional consolidada, sino de un movimiento social que comenzó reclamando responsabilidades por una tragedia y acabó presentándose a las urnas como alternativa de Gobierno.
El origen de esta transformación se encuentra en el derrumbe de una marquesina de la estación ferroviaria de Novi Sad, el 1 de noviembre de 2024, que causó 16 muertos. La tragedia provocó indignación y preguntas sobre la calidad de las obras, la supervisión pública y las posibles responsabilidades políticas. Para los estudiantes y otros sectores movilizados, el accidente se convirtió en el símbolo de problemas más profundos: falta de transparencia, corrupción percibida y debilidad de los mecanismos de rendición de cuentas.
Las primeras movilizaciones reclamaban información, documentación y una investigación transparente. Con el paso de los meses, las protestas se extendieron por universidades y ciudades, incorporaron a otros sectores sociales y evolucionaron hacia una impugnación más amplia del sistema político. Los estudiantes dejaron de limitarse a exigir explicaciones por el accidente y comenzaron a reclamar un cambio institucional.
Vučić rechazó inicialmente las presiones para convocar elecciones anticipadas y acusó al movimiento de responder a intereses extranjeros, una afirmación que los estudiantes negaron. Finalmente, en septiembre de 2026, adelantó los comicios y dimitió como presidente para encabezar la candidatura vinculada al Partido Progresista Serbio (SNS), con la intención de convertirse en primer ministro si obtenía la mayoría parlamentaria.
Aquella decisión convirtió las elecciones en un referéndum político sobre su liderazgo. La cuestión ya no era solamente quién debía gobernar, sino si el sistema construido alrededor de Vučić conservaba suficiente respaldo para prolongar su dominio.
Cómo ganó la Lista Estudiantil
La primera explicación de la victoria radica en la participación ciudadana. La afluencia a las urnas rondó el 70 %, el nivel más elevado desde la desintegración de Yugoslavia en 1992, según las estimaciones publicadas tras la jornada electoral. Esta movilización fue especialmente significativa porque las protestas habían mantenido una presencia constante en el espacio público durante casi dos años. Aunque la alta participación no explica por sí sola el resultado, sí muestra que la Lista Estudiantil consiguió trasladar parte de la energía de las calles al terreno electoral. El reto principal consistió en conectar con personas de todo el país para convencerlas de que el cambio político era posible.
La segunda clave fue la composición de la candidatura. La lista reunió a 250 representantes de distintos ámbitos de la sociedad civil, entre ellos profesores, profesionales, intelectuales y personalidades ajenas a la política partidista. Su principal referente electoral fue Ilija Srdanović, cardiólogo y profesor universitario de la propia Novi Sad. La candidatura evitó presentarse como una organización tradicional con una ideología única y trató de concentrar el apoyo en una agenda compartida de lucha contra la corrupción, mejora de la educación y recuperación del Estado de derecho.
Esta fórmula permitió atraer a ciudadanos con orientaciones ideológicas diferentes, unidos por el rechazo a la continuidad del sistema de Vučić. El movimiento también mantuvo una campaña de proximidad, con contactos directos con los votantes, mientras el SNS centraba buena parte de sus mensajes en la estabilidad económica y las promesas de continuidad.
La tercera clave fue el desgaste del Gobierno. La tragedia de Novi Sad actuó como detonante, pero el movimiento creció porque conectó ese episodio con una insatisfacción más amplia sobre la transparencia institucional, la libertad de los medios y la concentración del poder. La protesta dejó de ser exclusivamente estudiantil cuando otros sectores comenzaron a verla como una vía para expresar su propio descontento.
Vučić reconoció el resultado poco después del cierre de los colegios electorales, aunque precisó que todavía no se disponía de cifras definitivas. «Está claro que hemos perdido estas elecciones», declaró, antes de estimar que la Lista Estudiantil lograría entre 135 y 140 escaños y su bloque alrededor de 105.
La rapidez del reconocimiento evitó, al menos inicialmente, que la incertidumbre sobre el resultado desembocara en una confrontación política mayor. En Belgrado, las celebraciones comenzaron tras conocerse sus palabras, con concentraciones, bocinas y cánticos de victoria. El episodio evocó para algunos observadores la caída electoral de Slobodan Milošević en 2000, aunque las circunstancias históricas son diferentes.
El cambio es importante porque Vučić había dominado la política serbia durante más de una década. Desde su llegada al Gobierno, sus críticos denunciaron la concentración de poder, la presión sobre medios independientes y el debilitamiento de los contrapesos institucionales. El dirigente y su partido rechazaron repetidamente las acusaciones de corrupción y represión. La derrota no resuelve por sí misma esas controversias, pero abre la posibilidad de que sean examinadas desde un nuevo equilibrio parlamentario.
La jornada electoral tampoco estuvo exenta de problemas. Los observadores y responsables europeos expresaron preocupación por incidentes denunciados en varios colegios, mientras organizaciones de seguimiento electoral señalaron irregularidades relacionadas con el censo y el secreto del voto. La Comisión Electoral sostuvo que la votación se desarrolló sin incidentes generalizados, pero las denuncias deberán evaluarse con datos verificables y a través de los procedimientos correspondientes.
Las incógnitas del nuevo poder: quién gobernará y con qué programa
La mayoría parlamentaria proporciona a la Lista Estudiantil una oportunidad excepcional, pero no resuelve por sí sola la cuestión del liderazgo, ya que, aunque Srdanović encabeza la candidatura, esto no lo convierte automáticamente en primer ministro; una decisión que deberá adoptarse conforme a los procedimientos institucionales y a los acuerdos que establezca la nueva mayoría. Asimismo, la diversidad ideológica del movimiento puede convertirse en una dificultad, dado que entre sus integrantes conviven sectores proeuropeos con otros más próximos a posiciones nacionalistas. Debido a ello, durante la campaña, la lista optó por mantener una estricta cautela sobre cuestiones especialmente divisivas, tales como las relaciones con Rusia, las sanciones por la guerra de Ucrania, el vínculo con Kosovo y la estrategia de adhesión a la Unión Europea.
Su agenda interna, centrada en combatir la corrupción y fortalecer las instituciones, ofrece un punto de partida común. Sin embargo, la aplicación de reformas exigirá decisiones concretas sobre nombramientos, fiscalización de contratos públicos, independencia judicial, medios de comunicación y funcionamiento de los cuerpos de seguridad. La expectativa de una renovación profunda puede chocar con las resistencias de una estructura estatal desarrollada durante años bajo el predominio del SNS.
La derrota electoral tampoco desmantela automáticamente las redes políticas y administrativas asociadas al Gobierno saliente. La nueva mayoría tendrá que demostrar que puede actuar con procedimientos transparentes, evitar la sustitución de una concentración de poder por otra y mantener la cohesión entre sectores con prioridades distintas.
La victoria ha sido recibida favorablemente por representantes de la Unión Europea. La comisaria de Ampliación, Marta Kos, felicitó a los vencedores y señaló que la puerta europea seguía abierta. Ursula von der Leyen también ofreció apoyo a las reformas relacionadas con el Estado de derecho, la libertad de prensa, la lucha contra la corrupción y el fortalecimiento institucional.
Serbia es candidata a ingresar en la UE desde 2012 y abrió formalmente las negociaciones de adhesión en 2014. Sin embargo, el proceso ha avanzado con dificultades por las preocupaciones sobre el funcionamiento democrático del país y por cuestiones geopolíticas, entre ellas las relaciones con Kosovo y la posición de Belgrado frente a Rusia.
La nueva mayoría deberá definir cómo combina sus compromisos internos con la política exterior. La Unión Europea es el principal socio comercial de Serbia, mientras que China tiene un peso relevante en inversiones y Rusia mantiene vínculos históricos y energéticos con Belgrado. Cualquier cambio sustancial requerirá decisiones que vayan más allá de la retórica electoral. @mundiario
