El BCE elige a Telefónica e Indra para construir el euro digital que llegará en 2029

El BCE adjudica a Telefónica e Indra 81,4 millones para el euro digital con arranque en 2027.

Claves de la operación

  • 81,42 millones estimados, con techo de 177,66 El lote adjudicado se valoró sin IVA en esa cifra y admite un máximo contractual superior, que no equivale a ingresos garantizados.
  • Telefónica pone la red y Minsait el control El consorcio desplegará red privada MPLS, SD-WAN, ciberseguridad, integración por API, identidad digital y certificados electrónicos.
  • Diez años de contrato desde mayo de 2027 El acuerdo empieza el 3 de mayo de 2027 y el Eurosistema prevé un piloto de doce meses en la segunda mitad de ese ejercicio.

El encargo no consiste en emitir dinero, sino en tender las tuberías por las que circulará. Telefónica, a través de Telefónica Global Solutions y Telefónica Tech, y Minsait, la compañía tecnológica de Indra Group, han constituido un consorcio que el Banco Central Europeo ha seleccionado para desplegar y operar una infraestructura de comunicaciones seguras entre la plataforma del euro digital y las entidades financieras.

No es la única adjudicación. El consorcio de Nexi Payments y Deutsche Telekom Business Solutions ya tiene contrato en vigor y cubrirá las necesidades iniciales del programa piloto. El tramo español llega después, pero se extiende una década El acuerdo con las compañías españolas comenzará el 3 de mayo de 2027 y tendrá una duración de diez años, hasta 2037.

El contrato que no es una emisión: qué compra realmente el BCE

Conviene separar dos cosas que el lenguaje corriente mezcla. Una es conectar a los participantes externos con la plataforma; otra, permitir que los propios componentes de esa plataforma se comuniquen entre sí, aunque estén distribuidos en centros de datos distintos. El contrato cubre ambas necesidades de conectividad.

Telefónica aporta red privada MPLS, soluciones SD-WAN para enlazar sedes y servicios, y capacidades de ciberseguridad. Minsait añade integración de aplicaciones mediante API, identidad digital y certificados electrónicos, todo bajo un centro de operaciones de seguridad encargado de detectar y responder ante incidentes. La infraestructura se convierte así en perímetro crítico del Eurosistema, con la exigencia de disponibilidad que eso implica.

El dinero que hay detrás exige matices. El lote adjudicado tiene un valor estimado de 81,42 millones de euros sin IVA y un máximo contractual de 177,66 millones. Ese techo no son ingresos garantizados: la facturación dependerá de los servicios realmente prestados durante la ejecución, y las compañías no han detallado cómo se repartirán los importes entre ellas. El contrato se cobra por uso, no por firma, lo que traslada al consorcio parte del riesgo de adopción.

Un contrato de infraestructura no crea dinero digital, pero sin él ningún euro digital puede existir: primero llega la red y después, la moneda.

Dos consorcios, diez años y la soberanía del pago europeo

El calendario que maneja Fráncfort sitúa el siguiente hito en la segunda mitad de 2027, cuando el Eurosistema prevé arrancar un ejercicio piloto de doce meses con 36 proveedores de servicios de pago, comercios seleccionados, personal del BCE y de 19 bancos centrales nacionales. Será una versión de prueba, no disponible para el público general.

El trasfondo es político y competitivo. Según el propio BCE, dos tercios de las operaciones con tarjeta en la eurozona dependen de redes internacionales, y 13 países comparten moneda, sin un sistema nacional de tarjetas propio. Europa paga con infraestructura que no controla, y ese es el argumento que sostiene todo el proyecto. Puede consultarse el detalle en la página oficial del euro digital.

Las entidades financieras no lo reciben con entusiasmo. Les preocupan los costes de adaptación y los efectos económicos de un pasivo digital del banco central en sus balances. Cabe recordar que el euro digital no sería una criptomoneda ni sustituiría billetes y monedas: se plantea para pagos en comercio, compras por internet y transferencias entre particulares, incluso sin conexión.

Lo que se juegan Telefónica e Indra: de Yaap al IBEX 35

Telefónica ya lo intentó antes, con otro modelo. La sociedad de pagos móviles que puso en marcha en 2011 junto a Santander y CaixaBank no llegó a consolidarse. El negocio no está en el monedero, sino en la red, y ese giro explica por qué ahora la operadora vende conectividad mayorista en lugar de marca de consumo.

Indra afronta el encargo desde su filial tecnológica, con un perfil de negocio intensivo en contratos públicos y defensa. Su comparable más cercano en el IBEX 35 tecnológico es Amadeus, que también opera infraestructura transaccional para el sector financiero. La diferencia es de escala y de margen: aquí el volumen es modesto y la dependencia de una única adjudicación, alta.

El riesgo mayor queda fuera de su alcance. La primera emisión posible se sitúa en 2029 y está condicionada a que la legislación europea se apruebe a tiempo y a que el Consejo de Gobierno del BCE decida emitir. Sin ley europea no habrá emisión y el contrato queda en preparación, por mucho que la red ya esté construida.

Observamos un patrón conocido: Europa adjudica primero la infraestructura y negocia después el marco legal, de modo que el retorno industrial llega antes que la certeza regulatoria. La pieza que conviene vigilar no es el contrato de 2027, sino la votación legislativa que debe desbloquear 2029. Hasta entonces, Telefónica e Indra tienen una década por delante y ninguna garantía de que el euro digital llegue a circular.

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