Midterms 2026: qué se juega Trump ante el posible asalto demócrata al Senado y la Cámara de Representantes

Las elecciones de medio mandato, las conocidas midterms, se han convertido en el primer gran examen político de Donald Trump desde su regreso al poder. El 3 de noviembre, los estadounidenses decidirán la composición del Congreso y, con ella, buena parte del margen de maniobra del presidente durante la segunda mitad de su mandato. No está en juego la Presidencia, pero sí algo decisivo para cualquier inquilino de la Casa Blanca: la capacidad de convertir sus prioridades políticas en leyes.

La Cámara de Representantes, integrada por 435 miembros, se renueva por completo cada dos años. En el Senado, en cambio, se ponen en juego aproximadamente un tercio de los 100 escaños. El actual equilibrio da a los republicanos una mayoría en ambas cámaras, pero el mapa electoral se ha vuelto especialmente adverso para el partido de Trump. Las últimas mediciones nacionales sitúan a la oposición por delante en la llamada papeleta genérica para el Congreso. El sondeo NPR/PBS News/Marist del 19 y 20 de octubre otorgaba un 52 % a los candidatos demócratas entre los votantes con mayor probabilidad de acudir a las urnas, frente al 44 % de los republicanos.

El escenario más comprometido para los republicanos está en la Cámara Baja. Los demócratas necesitan alcanzar 218 escaños para hacerse con el control y las últimas valoraciones de Cook Political Report colocan 214 escaños claramente en su órbita entre los puestos sólidos, probables o inclinados hacia el partido, mientras que otros 21 aparecen como toss-up en la clasificación del 16 de octubre. La evolución de las últimas semanas ha reforzado la percepción de que la Cámara puede cambiar de manos. Cook ha desplazado varias carreras hacia los demócratas y otros análisis recientes consideran que las posibilidades republicanas de conservar la mayoría se han reducido notablemente.

El fenómeno resulta especialmente significativo porque varias contiendas competitivas se disputan en distritos que Trump ganó en 2024. Es decir, no se trata únicamente de competir en territorios tradicionalmente demócratas, sino de comprobar hasta qué punto el desgaste de la Administración puede trasladarse a circunscripciones donde el presidente obtuvo una ventaja importante hace apenas dos años.

Una pérdida de la Cámara no impediría a Trump gobernar, pero modificaría radicalmente la relación entre la Casa Blanca y el Capitolio. Los demócratas podrían bloquear buena parte de la agenda legislativa, condicionar las prioridades presupuestarias y utilizar las comisiones de la Cámara para intensificar la supervisión sobre la Administración.

El Senado, la batalla más difícil

El Senado presenta un panorama diferente. Los demócratas necesitan ganar cuatro escaños netos para recuperar la mayoría, según el análisis de Cook Political Report. Ahí se concentran algunas de las carreras más importantes de estas elecciones: Alaska, Iowa, Kansas, Ohio y Texas figuran entre los territorios donde la competición se ha estrechado considerablemente. En algunos de estos estados, Trump ganó por amplios márgenes en 2024, lo que convierte la actual disputa por los escaños del Senado en un indicador particularmente sensible del clima político nacional.

El caso de Texas resulta completamente esclarecedor. El estado sigue siendo profundamente republicano en las elecciones presidenciales, pero la contienda por el Senado se ha convertido en una de las sorpresas del ciclo. Iowa presenta una dinámica similar. Carolina del Norte, que comenzó entre las carreras competitivas, ha evolucionado hacia un escenario más favorable a los demócratas, mientras Georgia aparece ahora como un territorio donde los demócratas parten en una posición más sólida.

Eso no significa que el Senado esté decidido. La propia Cook Political Report considera que la lucha por el control de la Cámara Alta continúa abierta y que la capacidad de los republicanos para movilizar a su electorado será determinante.

El coste de vida se convierte en el gran factor

Más allá de Trump, la economía doméstica aparece como una de las principales claves de las midterms. El coste de la vida es la primera preocupación de los votantes en el último sondeo NPR/PBS News/Marist: el 34 % lo sitúa como su principal asunto, por delante incluso de la preservación de la democracia, que alcanza el 33 %. Además, un 38 % de los votantes probables asegura que la situación financiera de su familia ha empeorado durante el último año.

La inflación, los precios de la gasolina, los aranceles y la percepción sobre la evolución de la economía pesan así sobre una elección que tradicionalmente funciona como un referéndum parcial sobre el partido que ocupa la Casa Blanca.

También la valoración personal de Trump condiciona la carrera. En el sondeo de Marist, solo el 40 % de los votantes probables aprobaba su gestión, frente a un 59 % que la desaprobaba. Además, el 44 % afirmaba que su voto para el Congreso era principalmente un voto contra el presidente, frente al 21 % que decía votar fundamentalmente a favor de él.

¿Qué ocurriría si los demócratas conquistan el Congreso?

El escenario más duro para Trump sería una doble derrota republicana: pérdida de la Cámara y del Senado. En ese caso, la segunda mitad de su mandato estaría marcada por un Congreso controlado por la oposición, con capacidad para bloquear buena parte de sus iniciativas legislativas y someter a un escrutinio mucho más intenso a la Administración.

Incluso una victoria demócrata únicamente en la Cámara tendría consecuencias políticas relevantes. Las comisiones parlamentarias recuperarían un papel central en la fiscalización de la Casa Blanca y podrían abrir investigaciones sobre las decisiones de la Administración, sus políticas y el uso de los recursos federales, así como presuntos casos de corrupción que han saltado en los medios de Washington en las últimas semanas.

Si, además, los demócratas recuperasen el Senado, el cambio sería todavía mayor. El control de la cámara alta afecta a la confirmación de altos cargos y jueces federales y condiciona la capacidad presidencial para avanzar en buena parte de sus prioridades institucionales. La Casa Blanca tendría que negociar con una oposición que dispondría de herramientas mucho más poderosas para condicionar la agenda nacional.

Una elección sobre Trump, pero no solo sobre Trump

La paradoja de estas elecciones es que, aunque no aparece en ninguna papeleta presidencial, Trump ocupa buena parte del centro de la campaña. El presidente ha multiplicado su presencia en actos electorales y ha convertido la defensa de las mayorías republicanas en una prioridad para los últimos compases de la campaña.

Pero las midterms tienen también una lógica propia. La participación, el perfil de los candidatos, el coste de la vida y la capacidad de movilización territorial pueden alterar el resultado final. El sondeo de Marist muestra, además, una elevada disposición a votar: el 84% de los votantes probables se declara entusiasmado o muy entusiasmado ante las elecciones.

El 3 de noviembre, por tanto, Estados Unidos no elegirá a su presidente, pero sí decidirá cuánto poder conserva Trump para gobernar. Una mayoría republicana le permitiría mantener un Congreso alineado con la Casa Blanca. Una Cámara demócrata abriría una etapa de confrontación y supervisión mucho más intensa. Y un vuelco simultáneo en ambas cámaras obligaría al presidente a afrontar los dos últimos años de su mandato con un Capitolio convertido en contrapeso directo de su poder.

Las midterms son, en definitiva, el mecanismo mediante el que el sistema estadounidense puede corregir, limitar o reforzar el poder de la Casa Blanca a mitad de legislatura. Y en 2026, con la economía, la popularidad presidencial y la movilización electoral como telón de fondo, esa función de contrapeso adquiere una dimensión especialmente relevante. @mundiario