Halloween de tensión en Europa: varios disturbios y heridos en Francia, Portugal, Alemania y Albania

Europa ha vivido un Halloween marcado por la tensión en las calles. Francia, Portugal, Alemania y Albania han registrado protestas, intervenciones policiales, heridos y detenciones en un contexto de creciente malestar por el encarecimiento de la vida y las dificultades económicas. Aunque las movilizaciones responden a problemas diferentes en cada país, comparten un elemento: una parte de la ciudadanía considera que sus gobiernos no están ofreciendo respuestas suficientes a cuestiones que afectan directamente a su vida cotidiana.

La vivienda, los alquileres, la educación, el precio de los combustibles y el deterioro de los servicios públicos han alimentado las convocatorias. Sin embargo, en distintas ciudades las manifestaciones pacíficas han terminado con enfrentamientos entre grupos de participantes y fuerzas de seguridad. El resultado es una combinación de protesta social y violencia callejera que complica la respuesta de los gobiernos y vuelve a situar el orden público en el centro del debate europeo.

Francia se ha consolidado como uno de los principales focos de movilización en una tercera jornada consecutiva de grandes protestas que, según el Ministerio del Interior, congregó a unas 320.000 personas, cifra que los organizadores elevaron a cerca de medio millón. En París, donde las autoridades contabilizaron unos 70.000 asistentes, las marchas estuvieron impulsadas por estudiantes, sindicatos y sectores vinculados al resurgimiento de los chalecos amarillos. Las reivindicaciones se centraron tanto en el rechazo a determinadas medidas económicas del Gobierno como en el deterioro de los servicios públicos y el encarecimiento del coste de la vida, la inflación y los combustibles.

A pesar de que la participación fue inferior a la de las convocatorias anteriores —cuando el Ministerio del Interior contabilizó 410.000 manifestantes una semana antes y 550.000 el 17 de octubre, jornada que terminó con graves disturbios y saqueos—, el dispositivo policial volvió a enfrentarse a episodios violentos al finalizar las marchas. El balance comunicado por las autoridades a las 18:00 horas recogía un total de 296 detenciones, de las cuales 61 se produjeron en París, donde además se realizaron más de 5.000 controles. En la capital, grupos vestidos de negro y con el rostro cubierto lanzaron objetos contra los agentes y utilizaron martillos para arrancar adoquines, registrándose también el lanzamiento de artefactos incendiarios e intervenciones policiales con gases lacrimógenos.

En Lyon y Toulouse, las fuerzas de seguridad utilizaron gases lacrimógenos para dispersar a grupos violentos, mientras que en Marsella se registraron incidentes tras la celebración de concentraciones no autorizadas. Al respecto, el Ministerio del Interior aseguró que varios grupos intentaron separarse de las marchas principales con el único fin de provocar destrozos y saqueos en los centros urbanos. Ante este escenario, el ministro francés del Interior, Laurent Nuñez, advirtió de que la situación podría prolongarse durante la noche de Halloween, por lo que anunció que el despliegue de las fuerzas de seguridad se mantendría activo; asimismo, las autoridades señalaron que prestarán especial atención al uso de máscaras y prendas diseñadas para dificultar la identificación de los participantes en los disturbios.

El impacto económico constituye otra dimensión de la crisis. Según las estimaciones citadas por las informaciones disponibles, las pérdidas comerciales superarían los 1.000 millones de euros, aunque otras valoraciones elevan el coste al incluir daños no asegurados y facturación perdida. En París, los escaparates protegidos con tablones y las persianas metálicas bajadas reflejan la preocupación de los comerciantes ante nuevos episodios de saqueos.

La crisis también tiene consecuencias políticas. Las protestas presionan al Gobierno de Emmanuel Macron y ofrecen espacio a distintas fuerzas opositoras, incluida la extrema derecha de Marine Le Pen. No obstante, la evolución electoral no puede deducirse automáticamente del volumen de las manifestaciones: el descontento social puede traducirse en distintas opciones políticas o permanecer al margen de las urnas.

Portugal: cargas policiales por la crisis de la vivienda

En Portugal, la tensión tuvo como escenario Lisboa y Oporto, ciudades donde la Policía desalojó durante la madrugada los campamentos instalados por activistas para denunciar el encarecimiento de la vivienda. Estas acampadas se habían organizado a raíz de manifestaciones multitudinarias contra las políticas de alquiler del Gobierno de centroderecha, cuyos planes son rechazados por los participantes al considerar que facilitarían los desalojos y eliminarían los límites a las rentas en los nuevos contratos.

En Lisboa, las tiendas de campaña se instalaron en la plaza del Rossio, mientras que en Oporto el campamento se ubicó en la plaza Dom João I. Pese a las advertencias de las autoridades, los manifestantes se negaron a retirarlas y formaron cadenas humanas para intentar impedir el desalojo.

La intervención de los agentes antidisturbios, equipados con escudos, porras y perros, comenzó alrededor de las 4:30 de la madrugada y concluyó con un balance de 13 personas detenidas (seis en la capital y siete en Oporto) bajo la acusación de desobediencia, aunque posteriormente fueron puestas en libertad. Por su parte, la Policía de Seguridad Pública (PSP) afirmó que algunos manifestantes lanzaron botellas, pintura y artefactos pirotécnicos, reportando además que 13 de sus agentes resultaron heridos, de los cuales ocho requirieron traslado hospitalario.

Los organizadores ofrecieron cifras diferentes sobre los civiles afectados. El colectivo Acampada Lisboa aseguró que más de 30 personas sufrieron lesiones y que diez necesitaron atención hospitalaria. Las estimaciones iniciales difundidas sobre el conjunto de las intervenciones llegaron a situar en torno a un centenar el número de heridos, aunque no existe un balance único y consolidado que permita dar esa cifra por confirmada.

En Oporto también se produjo un episodio especialmente delicado cuando un agente de paisano fue identificado por manifestantes y apareció en una grabación sacando su arma de fuego. La PSP justificó la actuación como una medida de disuasión y legítima defensa. Por su parte, el abogado de los activistas, Ricardo Sá Fernandes, anunció acciones judiciales por un presunto abuso de poder y cuestionó la actuación de los responsables policiales y del Ministerio de Administración Interna.

El presidente portugués, António José Seguro, ha solicitado explicaciones urgentes sobre la contundente intervención policial y el elevado número de heridos registrados durante el desalojo de los manifestantes. El suceso dejó un balance alarmante de cerca de un centenar de personas heridas —incluidos diez hospitalizados—. La actuación de la Policía de Seguridad Pública (PSP), criticada formalmente por Amnistía Internacional debido al presunto uso excesivo y desproporcionado de la fuerza, ha reavivado una intensa controversia social y jurídica que sitúa en el centro del debate el derecho de manifestación, los límites legales de las acampadas y la respuesta del Ejecutivo ante la grave crisis habitacional que afecta al país.

Alemania: protestas juveniles y disturbios en Fráncfort

Alemania también registró movilizaciones en decenas de ciudades, convocadas por el movimiento juvenil Gen Z regelt!, que reclama mejoras en educación, justicia social y medidas frente al encarecimiento de la vida. Entre sus reivindicaciones figuran más financiación para los centros educativos, atención a las adicciones y acceso a servicios de salud mental, además de críticas al servicio militar y a determinadas políticas climáticas.

Aunque las marchas se desarrollaron de manera mayoritariamente pacífica, su finalización estuvo marcada por graves incidentes en varias localidades. Fráncfort concentró algunos de los episodios más violentos, protagonizados por grupos de encapuchados que rompieron escaparates, saquearon establecimientos y atacaron a los servicios de emergencia. Según informó la Policía, los manifestantes radicales lanzaron piedras, petardos y cócteles molotov, además de saquear una tienda de ropa deportiva. También se registró un asalto a una armería, de la que se sustrajeron al menos dos armas que posteriormente pudieron ser recuperadas. Ante esta situación, las fuerzas de seguridad intervinieron utilizando cañones de agua y detuvieron temporalmente a más de 30 personas, de acuerdo con la información difundida por medios locales.

En Colonia se emplearon cañones de agua tras registrarse ataques con fuegos artificiales contra los agentes, mientras que en Berlín se reportaron lanzamientos de botellas, huevos y petardos, y en Hamburgo algunos grupos levantaron barricadas e incendiaron vallas. Ante estos disturbios, el ministro del Interior alemán, Alexander Dobrindt, anunció que los responsables de los saqueos y ataques serán identificados para responder ante la justicia. «Esta alteración del orden público debe conllevar sanciones severas», afirmó el ministro en declaraciones recogidas por el diario Bild.

Albania: dos semanas de protestas contra el Gobierno

En Albania, las movilizaciones contra el Ejecutivo de Edi Rama acumulan 14 jornadas consecutivas, registrándose nuevos enfrentamientos en Tirana cuando un grupo de jóvenes se separó de la concentración principal frente al Ministerio de Educación. Según los reportes periodísticos de Infobae, los manifestantes radicales lanzaron adoquines y artefactos incendiarios contra las fuerzas de seguridad, además de incendiar contenedores de basura, ante lo cual la Policía respondió utilizando cañones de agua, porras y gases lacrimógenos para dispersar la protesta.

La continuidad de las protestas refleja una tensión política que va más allá de una convocatoria puntual de Halloween. La capital albanesa se ha convertido en el escenario de una movilización prolongada contra el Gobierno, aunque las reivindicaciones y los episodios de violencia deben analizarse en el contexto específico de la política nacional.

La violencia registrada en algunas ciudades añade un problema para las autoridades: deben proteger a los ciudadanos, los comercios y los servicios de emergencia, pero también garantizar que las intervenciones policiales respeten los derechos de quienes participan pacíficamente en las protestas. Los incidentes de Lisboa, especialmente las lesiones denunciadas y el episodio del agente armado de paisano, muestran hasta qué punto la actuación policial puede convertirse en otro motivo de controversia. @mundiario