¿Qué está pasando en Polonia? La guerra política que amenaza con poner patas arriba su Justicia

Polonia vuelve a estar en el centro de una tormenta política que amenaza con debilitar todavía más sus instituciones. El enfrentamiento entre el primer ministro liberal, Donald Tusk, y el presidente ultraconservador, Karol Nawrocki, ha desembocado en una batalla abierta por el control del Tribunal Constitucional, el órgano encargado de garantizar que las leyes respeten la Carta Magna.

El último episodio ha sido especialmente grave. La jueza Anna Korwin-Piotrowska, la magistrada de mayor antigüedad del tribunal, decidió suspender temporalmente al presidente de la institución, Bogdan Święczkowski, y a su vicepresidente, Bartłomiej Sochański. La medida provocó una reacción inmediata de la oposición ultraconservadora, protestas ante la sede judicial y un despliegue policial en Varsovia.

La tensión llegó incluso al presidente Nawrocki, que interrumpió su viaje oficial a Senegal para regresar a Polonia y acudir a la sede del Constitucional. Las imágenes de los forcejeos y los enfrentamientos en los accesos reflejaron hasta qué punto la disputa ha dejado de ser un conflicto jurídico entre magistrados para convertirse en una crisis política de primer orden.

¿Por qué se enfrentan Donald Tusk y el presidente de Polonia?

Para comprender lo que ocurre hay que remontarse a 2015. Durante los últimos meses de aquel año, el partido Plataforma Cívica, al que pertenece Tusk, todavía controlaba el Parlamento y eligió a cinco candidatos para el Tribunal Constitucional. Sin embargo, dos de esas plazas correspondían a vacantes que se producirían durante la siguiente legislatura.

Tras ganar las elecciones, el partido ultraconservador Ley y Justicia (PiS), liderado por Jarosław Kaczyński, rechazó aquellos nombramientos y promovió otros magistrados. La controversia terminó convirtiéndose en una crisis institucional que se prolongó durante los ocho años de gobiernos del PiS.

El resultado fue un Tribunal Constitucional cuya composición y legitimidad quedaron profundamente cuestionadas. Durante aquella etapa, el órgano adoptó decisiones que provocaron fuertes tensiones con la Unión Europea, entre ellas la defensa de la primacía del derecho nacional frente al comunitario y una resolución que restringió drásticamente el derecho al aborto en Polonia.

La llegada de Tusk al Gobierno, en diciembre de 2023, abrió una nueva etapa. El dirigente prometió recuperar la independencia judicial y revertir los cambios institucionales introducidos por sus predecesores. Sin embargo, el proceso se encontró con numerosos obstáculos, entre ellos la resistencia de un Constitucional dominado por magistrados nombrados durante los gobiernos del PiS.

El detonante: cinco jueces bloqueados por el presidente

El conflicto actual se ha agravado con la renovación de parte del Tribunal Constitucional. Este año, el Parlamento eligió a nuevos magistrados para cubrir las vacantes existentes, pero Nawrocki solo tomó juramento a una parte de ellos y se negó a hacerlo con los otros cinco.

El presidente del Constitucional, Bogdan Święczkowski, tampoco permitió que esos magistrados comenzaran a ejercer sus funciones. El Gobierno considera que el bloqueo impide renovar la institución y mantenerla sometida a una composición heredada de la etapa anterior.

La decisión de Korwin-Piotrowska de apartar temporalmente a Święczkowski y a su número dos pretende desbloquear esa situación. Sin embargo, la medida también ha generado controversia jurídica: hay expertos que consideran necesaria una intervención para que el tribunal pueda funcionar y otros que cuestionan la solidez legal del procedimiento empleado.

Nawrocki y la oposición elevan la tensión

El presidente polaco se ha convertido en uno de los principales protagonistas de la crisis. Cercano al PiS, Nawrocki mantiene un pulso constante con el Ejecutivo desde que llegó a la jefatura del Estado en 2025. Su capacidad para bloquear determinadas iniciativas legislativas mediante el veto presidencial ha dificultado los planes de reforma de Tusk.

Su regreso precipitado a Varsovia y su presencia en la sede del Constitucional han añadido un componente todavía más delicado al enfrentamiento. El primer ministro considera inaceptable que un dirigente político intervenga directamente en el funcionamiento de los tribunales o intimide a sus miembros.

La oposición ultraconservadora, por su parte, ha movilizado a sus simpatizantes y ha presentado la actuación del Gobierno como una amenaza para la democracia. El líder del PiS, Jarosław Kaczyński, ha alentado las protestas, mientras que otros representantes de la derecha radical han reclamado una respuesta institucional contra el Ejecutivo.

¿Por qué preocupa esta crisis a la Unión Europea?

El conflicto polaco tiene una dimensión que va mucho más allá de la lucha entre dos dirigentes. El Tribunal Constitucional es una pieza fundamental del sistema democrático: debe garantizar que las decisiones del Parlamento y del Gobierno se ajusten a la Constitución.

Cuando su composición, sus nombramientos y sus resoluciones se convierten en armas de los partidos, la independencia de la Justicia queda en entredicho. Esa es precisamente la preocupación que ha acompañado a Polonia durante la última década y que llevó a las instituciones europeas a enfrentarse con los anteriores gobiernos del PiS.

La disputa también afecta a la relación entre el derecho polaco y el de la Unión Europea. Las decisiones del Constitucional durante la etapa ultraconservadora provocaron graves tensiones con Bruselas y contribuyeron al bloqueo de fondos comunitarios. La llegada de Tusk permitió iniciar una normalización de las relaciones, pero la renovación de las instituciones sigue siendo un proceso complejo.

El problema es que el Gobierno que promete restaurar la independencia judicial está recurriendo a medidas cuya legalidad también genera dudas entre los especialistas.  Por ahora, Polonia sigue atrapada en un enfrentamiento sin una salida consensuada. Y el mayor riesgo es que la batalla por controlar el Constitucional termine debilitando todavía más la confianza de los ciudadanos en la Justicia y en las instituciones democráticas. @mundiario