Un escándalo es el gran protagonista del Superclásico entre Boca y River

El Superclásico del fútbol argentino deparó una nueva dosis de máxima tensión, polémicas arbitrales y triunfo final para un Boca Juniors que atraviesa un momento dulce en el tramo decisivo del año. El cuadro xeneize se impuso por la mínima a River Plate para sumar su tercera victoria consecutiva en el gran duelo del país, aprovechando un escenario de partido que quedó completamente condicionado por las dos expulsiones sufridas por el conjunto millonario a lo largo de los noventa minutos.

El encuentro adquirió un rumbo determinante en los compases iniciales cuando Lucas Martínez Quarta derribó con absoluta claridad a Miguel Merentiel, quien enfilaba el camino hacia la portería defendida por los visitantes. Tras la preceptiva revisión en el monitor del VAR, el colegiado decretó la roja directa al entender que se trataba del último hombre, dejando a los de Núñez con un efectivo menos desde el minuto diez de juego.

A pesar de la superioridad numérica, el bloque local tardó en traducir su dominio territorial en ocasiones claras de gol, encontrando la primera rendija en un disparo de falta ejecutado por Leandro Paredes que neutralizó la defensa visitante. Tuvo que ser a la salida de un saque de esquina en el minuto veintisiete cuando se rompió la igualada definitiva en el marcador.

El central Di Lollo aprovechó la pasividad defensiva en el área para conectar un testarazo inapelable, libre de marca y sin necesidad de elevación, superando la estirada rival y desatando la euforia en las gradas locales. Con la ventaja adquirida, los Xeneizes dispusieron de amplios espacios para contragolpear, rozando el segundo tanto antes del descanso con incursiones peligrosas de Sebastián Villa que la zaga millonaria logró repeler in extremis.

La reanudación mantuvo el guion previsto, con un Boca gestionando la renta mediante una presión asfixiante en la medular y acumulando méritos para sentenciar el choque por medio de Ascacíbar o el propio Villa.

El golpe definitivo de Montiel y el horizonte ilusionante de Boca

Las esperanzas de reacción de un voluntarioso River Plate se desvanecieron por completo a falta de diez minutos para la conclusión reglamentaria. Una rigurosa tarjeta roja directa mostrada a Gonzalo Montiel por parte del colegiado terminó por hundir las opciones visitantes, provocando la desesperación en el banquillo y la indignación de una plantilla que concluyó el encuentro visiblemente crispada con las decisiones arbitrales.

El triunfo consolida la excelente inercia competitiva de un Boca Juniors que afronta el tramo final de 2026 con aspiraciones máximas, teniendo en el horizonte inmediato la disputa de la final de la Copa Sudamericana. El bloque de Arruabarrena muestra una solidez defensiva y un colmillo competitivo que le permite superar cualquier contratiempo en las citas de máxima exigencia.

Por el contrario, el panorama se ensombrece para el eterno rival en el torneo doméstico. La derrota en el Superclásico deja a River con la imperiosa necesidad de conquistar el título del torneo Clausura si desea asegurar su presencia en la próxima edición de la Copa Libertadores, complicando de forma notable sus aspiraciones continentales a corto plazo.

Los instantes finales del duelo transcurrieron entre protestas desde la grada y el control absoluto de un conjunto local que supo contemporizar los tiempos de juego para amarrar una victoria de prestigio histórico.

El Xeneize despide una nueva jornada grande del fútbol sudamericano ratificando su jerarquía en los duelos directos y alimentando el sueño de redondear el curso con un título de máxima relevancia internacional. @mundiario