Las midterms de 2026 han colocado a los demócratas ante una oportunidad política histórica que les ha proporcionado victorias clave en la carrera por recuperar la mayoría de las gobernaciones de Estados Unidos. Los triunfos definitivos en Texas, Ohio y Georgia han supuesto un impulso decisivo para ese objetivo, rompiendo largas etapas de dominio republicano en estados cruciales del mapa electoral. Además, el Partido Demócrata ha ganado el control de ambas cámaras del Congreso de EE UU.
La disputa no se limita a una cuestión de representación partidista. Los gobernadores tienen competencias decisivas en materias como seguridad, educación, sanidad, administración electoral y gestión de emergencias. Además, se han convertido en algunos de los principales contrapesos institucionales frente a la Casa Blanca, especialmente desde que Donald Trump ha intensificado sus enfrentamientos con gobiernos estatales demócratas.
Según el recuento de The Associated Press (AP), 36 Estados celebraban elecciones para gobernador este martes. La dimensión de la convocatoria explica por qué estas elecciones modifican significativamente el equilibrio político nacional, incluso sin alterar directamente la composición del Congreso.
La victoria de Keisha Lance Bottoms en Georgia es uno de los resultados de mayor impacto. Según los datos oficiales preliminares de The Associated Press, con un 93.06 % del escrutinio, Bottoms obtuvo el triunfo con el 54.17 % de los votos frente al republicano Rick Jackson, quien se quedó con el 45.83 %.
Bottoms consigue así que los demócratas recuperen la gobernación de Georgia por primera vez desde 1998, poniendo fin a casi tres décadas de control conservador en el Ejecutivo estatal. Su triunfo también supone un hito histórico nacional al convertirse en la primera mujer negra elegida gobernadora en la historia de Estados Unidos.
La campaña estuvo marcada por el coste de la vida, la inflación y el acceso a la sanidad, donde la antigua alcaldesa de Atlanta enfocó su agenda en estabilizar los hospitales rurales y reducir los precios de los medicamentos bajo un nuevo comité estatal. Sin embargo, el avance demócrata no ha sido uniforme. En Florida, los republicanos han conservado la gobernación con la victoria del congresista Byron Donalds frente al demócrata David Jolly. Con el 99 % de las circunscripciones, Donalds aseguró el cargo con el 50.05 % de los votos, superando el 48.69 % obtenido por Jolly.
Donalds se convertirá en el primer gobernador negro de Florida. Su victoria confirma la continuidad del dominio republicano en un territorio que se consolidó como bastión conservador, aunque el estrecho margen de 1.36 puntos porcentuales refleja una contienda mucho más competitiva en comparación con el holgado triunfo de Ron DeSantis en 2022. Donalds contó con el respaldo de Trump y defendió políticas en materia fiscal, seguridad e inmigración.
Texas y Ohio se tiñen de azul tras victorias históricas
La contienda en Texas dio la mayor sorpresa de la jornada electoral. La demócrata Gina Hinojosa logró una victoria histórica al derrotar al actual gobernador republicano Greg Abbott, poniendo fin a su mandato de 12 años. Con el 68.99 % del escrutinio contabilizado, Hinojosa obtuvo el 56.71 % de la votación frente al 42.01 % de Abbott. Es la primera vez desde 1991 que un demócrata gana la gobernación de Texas, e Hinojosa se convertirá en la tercera mujer en ocupar dicho cargo en la historia del estado.
Por su parte, en Ohio se confirmó un vuelco político histórico con la victoria de la demócrata Amy Acton, quien derrotó al empresario multimillonario republicano Vivek Ramaswamy en una de las contiendas más encendidas de estas elecciones de mitad de mandato. Ramaswamy, aliado cercano fuertemente respaldado por el vicepresidente J.D. Vance y el presidente Donald Trump, no logró retener un bastión que llevaba 16 años bajo control republicano. Con el 88.61 % de los circuitos reportados, proyecciones oficiales de The Associated Press otorgaron el triunfo definitivo a Acton con el 50.98 % de los sufragios frente al 45.67 % de su oponente, convirtiéndola además en la primera mujer electa para gobernar el estado.
En Nevada, el fiscal general demócrata Aaron Ford buscaba derrotar al republicano Joe Lombardo. La contienda adquirió mayor importancia a medida que el Estado pasó de ser considerado una plaza relativamente segura para los republicanos a convertirse en una carrera competitiva. Lombardo, además, había tratado de distanciarse de Trump ante el desgaste del presidente y las controversias que rodearon su gestión.
Alaska e Iowa consolidaron sus estatus como los campos de batalla clave para las aspiraciones demócratas de revertir largos periodos de predominio conservador. En Iowa, la apuesta dio un resultado histórico: el auditor estatal demócrata Rob Sand derrotó al republicano Zach Lahn con el 56.35 % de los votos frente al 43.65 %, según datos de AP, convirtiéndose en el primer demócrata electa para liderar el estado en 20 años. Por otro lado, en Alaska, la carrera para suceder al gobernador saliente se mantiene abierta y bajo un intenso escrutinio; el demócrata Jonathan S. Kreiss-Tomkins compite frente a tres aspirantes republicanos —Bernadette M. Wilson, Treg Taylor y Dave Bronson—, en una contienda donde el sistema de votación por orden de preferencia (ranked-choice voting) podría retrasar la adjudicación oficial definitiva hasta mediados de noviembre.
Por otro lado, ambos partidos intentaron aprovechar las debilidades del contrario en el resto del país. Los republicanos enfocaron sus esfuerzos en estados con gobernaciones abiertas debido al límite de mandatos, como Kansas, donde la demócrata Laura Kelly no podía reelegirse; allí, la contienda se mantiene en un conteo cerrado en el que la demócrata Cindy Holscher aventaja con el 50.62 % de los votos al republicano Ty Masterson (49.38 %) con el 92.46 % de las mesas escrutadas. En Wisconsin, el duelo clave concluyó con la victoria del demócrata David Crowley, quien se impuso con el 53.34 % de los sufragios frente al 46.66 % del republicano Tom Tiffany. Finalmente, en Michigan, otra gobernación abierta de alta prioridad, la demócrata Jocelyn Benson lidera la carrera frente al republicano John James.
El panorama confirma que la batalla por las gobernaciones no es una expansión unilateral demócrata. Ambos partidos intentan aprovechar las debilidades del contrario, aunque el desgaste de Trump ha obligado a los republicanos a defender más territorios de los que esperaban.
Associated Press señalaba que los demócratas llegaban a las elecciones con gobernadores que representaban aproximadamente al 60 % de la población nacional, pero los republicanos conservaban 26 de las 50 gobernaciones. La mayoría demócrata se había alcanzado por última vez en 2006, cuando el partido consiguió seis gobiernos estatales en las últimas elecciones de medio mandato de la presidencia de George W. Bush. Los republicanos recuperaron la ventaja cuatro años después.
Por qué las gobernaciones importan para Trump y las elecciones de 2028
El control de más gobiernos estatales permitiría a los demócratas incrementar su capacidad de resistencia frente a las decisiones de la Casa Blanca. Trump ha mantenido enfrentamientos con Estados gobernados por la oposición por el despliegue de la Guardia Nacional, las operaciones migratorias, las condiciones para recibir ayudas federales y los intentos de ampliar la intervención federal en las normas electorales, incluido el voto por correo.
Los gobernadores tienen capacidad para recurrir a los tribunales, negociar con Washington, aplicar sus propias políticas dentro del marco legal y coordinar respuestas institucionales. Por eso, el resultado de 2026 puede influir también en la organización de las elecciones presidenciales de 2028, especialmente en Estados competitivos como Arizona, Georgia, Michigan, Nevada, Pensilvania y Wisconsin.
Tres gobernadores demócratas considerados posibles aspirantes a la Casa Blanca en 2028 —Wes Moore, de Maryland; JB Pritzker, de Illinois; y Josh Shapiro, de Pensilvania— consiguieron la reelección. Una victoria amplia, una buena capacidad de recaudación y la posibilidad de ayudar a otros candidatos del partido pueden convertirlos en figuras nacionales con mayor influencia.
El gobernador de California, Gavin Newsom, también ha utilizado sus enfrentamientos con Trump y sus demandas judiciales contra la Administración federal para ganar visibilidad política. Las gobernaciones funcionan así como plataformas desde las que se construyen candidaturas presidenciales y liderazgos nacionales.
La estrategia demócrata ha consistido en defender sus gobiernos, aprovechar el desgaste presidencial republicano y competir en territorios tradicionalmente conservadores. El resultado de Georgia demuestra que esa apuesta puede funcionar; el de Florida recuerda, al mismo tiempo, que Trump conserva capacidad de movilización y que el Partido Republicano mantiene estructuras electorales fuertes. @mundiario
