Fátima Mansouri reivindica su autoridad frente al machismo en el Parlamento marroquí

Traigo a este comentario un hecho político que invita a mirar a Marruecos desde la perspectiva del papel de la mujer en una sociedad de profundas tradiciones y arraigadas costumbres machistas bajo una “democracia controlada”, como muchos la califican.

En Marruecos ganó las elecciones de septiembre el Partido de la Autenticidad y la Modernidad (PAM) y el rey Mohamed VI encargó a Fátima Ezzahra El Mansouri la formación del nuevo Gobierno. Por primera vez una mujer asumía la jefatura del Ejecutivo, un hecho histórico que por sí solo no garantiza el papel relevante de las mujeres, pero abre una puerta a la esperanza.

Lo cierto es que la primera ministra empezó demostrando que no está dispuesta a ocupar el cargo como figura decorativa. En un debate parlamentario el representante del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), de orientación islamista moderada, se refirió a ella como ”jefe de Gobierno” y su respuesta fue tan sencilla como contundente: “Me has llamado dos veces jefe de Gobierno, pero yo soy la jefa de Gobierno. No pasa nada, ya terminarás acostumbrándote”.

También arremetió contra otros dirigentes del partido islamista que cargaban contra el trabajo de las mujeres fuera de casa usando la metáfora “lámpara” para defender su papel tradicional dentro del hogar. “Yo no soy lámpara, soy una mente, una conciencia, unas convicciones y una lucha. Esta es la mujer que tienes delante”, afirmó. La corrección gramatical y el símil de la lámpara reclamaban el reconocimiento de su condición de mujer en el ejercicio de la máxima responsabilidad política del país.

El episodio tiene una evidente carga simbólica. Si una mujer llega a la presidencia del Gobierno y debe recordar a sus adversarios que el cargo también tiene nombre femenino, cabe pensar cuánto queda aún por recorrer para que la igualdad deje de ser una declaración formal y se convierta en una realidad cotidiana. Y más aún cuando el interlocutor es un partido islamista, aunque se defina como moderado, que mantiene una concepción de la sociedad en la que las viejas tradiciones pesan mucho en el papel de la mujer en la sociedad.

Sería prematuro afirmar que Marruecos está cambiando a partir de un debate parlamentario. Pero tampoco conviene minusvalorar lo ocurrido. Los cambios sociales comienzan a veces con gestos que rompen inercias, deshacen prejuicios y comportamientos arraigados en la sociedad. Fátima El Mansouri recordó que la autoridad no tiene género y que las mujeres no están condenadas a ocupar un lugar secundario en la vida pública.

Ojalá imponga su autoridad también para impedir que las mujeres, los niños y jóvenes sean utilizados como escudos humanos, como en la invasión de Ceuta, y abra las fronteras para que todos vuelvan a Marruecos. Sería positivo para los inmigrantes y ganaría mucho la imagen del país. @mundiario