Reacomodo tectónico en Washington: Trump da todo el poder a Stephen Miller tras las midterms

Donald Trump ha respondido al varapalo electoral de los republicanos en las midterms con un movimiento que apunta en dirección contraria a cualquier rectificación política y ha situado a Stephen Miller, el ideólogo de su estrategia de deportaciones masivas y uno de sus asesores más radicales, al frente de la Casa Blanca. El presidente ha anunciado que su consultor para política doméstica asumirá el puesto de jefe de Gabinete el próximo lunes 9 de noviembre, en sustitución de Susie Wiles, hasta ahora una de las figuras más poderosas en Washington y a quien se le atribuye el rol de puntal que ejercía cierto orden en una Administración minada de guerras intestinas.

El nombramiento, comunicado por Trump a través de Truth Social, supone el primer gran relevo en el núcleo del poder presidencial tras las elecciones de mitad de mandato, en las que los demócratas han logrado una mayoría histórica en el Congreso. Lejos de interpretar el resultado como una llamada a moderar su agenda a pesar del rechazo en las urnas a las medidas maximalistas de la Administración, el mandatario ha optado por reforzar la posición de quien ha diseñado buena parte de sus políticas más controvertidas. La salida de Wiles y la llegada de Miller dibujan así una nueva etapa en la que la Casa Blanca podría adoptar una actitud todavía más beligerante frente a la oposición.

Con apenas 40 años, Miller lleva una década integrado en el círculo de confianza de Trump. Fue uno de los principales arquitectos de su primera agenda migratoria y ha desempeñado un papel central en el diseño de las medidas de control fronterizo, las restricciones de entrada y el programa de expulsiones masivas impulsado por el presidente en su segundo mandato.

Hasta ahora ejercía como jefe adjunto de Gabinete y responsable de política interna, aunque su influencia excedía ampliamente esas funciones. Su conocimiento de los entresijos del Poder Ejecutivo y su capacidad para materializar las prioridades presidenciales en órdenes y decisiones administrativas le han convertido en una pieza fundamental de la maquinaria trumpista.

El radicalismo migratorio de Miller es conocido incluso dentro de la propia Administración. El propio Trump llegó a bromear con que algunas de las ideas de su asesor podían resultar demasiado extremas hasta para él. “Me encantaría que subiera al estrado y contara lo que piensa de verdad. Quizá no sus pensamientos más verdaderos. Pueden ir un poco demasiado lejos”, comentó el presidente en un acto con empresarios.

La promoción de Miller coloca al principal defensor de la línea dura en una posición desde la que podrá influir en prácticamente todas las decisiones de la Casa Blanca, coordinar la relación con los departamentos federales y organizar la respuesta presidencial a la nueva mayoría demócrata en el Congreso.

Susie Wiles, el muro de contención que pierde influencia

La marcha de Wiles supone el final de una etapa para una de las figuras más singulares del entorno de Trump. Considerada durante meses la persona con más poder en la Casa Blanca después del presidente, había conseguido algo poco habitual en su equipo como ganarse su confianza, influir en sus decisiones y mantener una estructura de trabajo relativamente disciplinada en medio de las pugnas entre facciones.

La prensa estadounidense destaca la mano izquierda de Wiles para evitar los enfrentamientos públicos, trasladar sus discrepancias al ámbito privado y tratar de encauzar las decisiones presidenciales sin cuestionar abiertamente la autoridad de Trump. Esa capacidad de adaptación al entorno volátil del presidente más impredecible de EE UU le permitió ejercer como una suerte de muro de contención frente a algunas de las iniciativas más agresivas de los sectores radicales de la Administración.

Sin embargo, su margen de maniobra tenía límites. Wiles fue una de las voces internas que cuestionaron la guerra con Irán y también expresó reservas sobre los métodos más duros de la política migratoria defendidos por Miller. Precisamente esas dos decisiones, que contribuyeron al desgaste electoral del trumpismo, terminaron por debilitar su posición, según Axios.

La hasta ahora jefa de Gabinete comunicó su salida después de presentar su dimisión al presidente, según fuentes de la Casa Blanca. “Hoy es mi último día como jefa de Gabinete”, escribió en X. En su mensaje agradeció a Trump la oportunidad de trabajar a su lado y aseguró que, aunque su función cambiará, su compromiso con el mandatario y con su proyecto político permanecerá intacto. El presidente, por su parte, elogió públicamente su trabajo y anunció que pasará a formar parte de su equipo de operaciones políticas.

Una salida rodeada de polémica por los vínculos con Bosnia

La salida de Wiles también se produce después de que su entorno quedara envuelto en una controversia relacionada con Bosnia-Herzegovina. Su hija, Katie Wiles, trabaja para una firma de grupos de lobby estadounidense que firmó en febrero un contrato de 35.000 dólares mensuales para representar a la República Srpska, la entidad de mayoría serbia del país balcánico.

La polémica aumentó después de que James Blair y Chris LaCivita, dos estrategas republicanos que habían trabajado con Wiles en la campaña de Trump, viajaran a Bosnia a comienzos de octubre para colaborar con la Alianza de los Socialdemócratas Independientes (SNSD), la formación del dirigente prorruso Milorad Dodik. Su victoria electoral abrió un nuevo frente de críticas dentro del Partido Republicano, especialmente por las conexiones políticas y económicas de los asesores estadounidenses con el entorno del líder separatista, además de las cada vez más ventilados vínculos entre Washington y los dirigentes, partidos y empresarios de Europa del Este.

Aunque la controversia ha añadido presión sobre Wiles, su salida se interpreta también a la luz del resultado electoral y de las discrepancias que mantenía con algunas de las decisiones más relevantes del presidente. La capacidad de Wiles, también floridana y superviviente del cáncer, para moderar los impulsos de Trump desde dentro nunca fue ilimitada, pero su marcha deja ese espacio en manos de un colaborador mucho más identificado con la línea dura.

Miller quiere preparar a Trump para la guerra con los demócratas

La nueva responsabilidad de Miller llega cuando Trump tendrá que gobernar con una oposición demócrata reforzada y un Congreso dispuesto a fiscalizar al máximo las acciones de la Administración, especialmente en el ámbito económico y energético. La derrota republicana amenaza con abrir una etapa de investigaciones parlamentarias, comparecencias y bloqueos legislativos que pondrán a prueba la resistencia de la coalición conservadora que mantiene al presidente.

En ese escenario, Miller aparece como un asesor de combate. “Trump necesita prepararse para una guerra con los demócratas en el Congreso y todas las investigaciones que van a poner en marcha. Stephen es un asesor para tiempos de guerra”, resumió un miembro del entorno presidencial citado por Axios.

Su visión del poder ayuda a explicar el alcance del nombramiento. En una entrevista con CNN en enero, Miller defendió que las relaciones internacionales están determinadas por la fuerza y sostuvo que Estados Unidos podía hacerse con Groenlandia porque era una “superpotencia”. “Vivimos en un mundo en el que podemos hablar todo lo que uno quiera sobre sutilezas internacionales y demás, pero vivimos en un mundo, el mundo real, que está gobernado por la fuerza, gobernado por la dureza, gobernado por el poder”, afirmó. La Administración terminó negociando con Dinamarca y las autoridades groenlandesas un aumento de la presencia estadounidense en la isla, sin llegar a la compra o anexión que Trump había planteado.

Esa concepción de la política exterior conecta con la estrategia de seguridad nacional de la Casa Blanca, que sitúa el continente americano en el centro de las prioridades estadounidenses y presenta la inmigración y el narcotráfico como amenazas fundamentales. Miller ha extendido progresivamente su influencia más allá de la política interior y forma parte del grupo de altos cargos encargados de coordinar la estrategia de Washington respecto a Venezuela, junto a Marco Rubio, Pete Hegseth y J. D. Vance. @mundiario