El efecto dominó de la derrota de Trump: Vox, Meloni y Le Pen toman distancia

La relación entre Donald Trump y la extrema derecha europea atraviesa su momento más incómodo. El presidente estadounidense, que hace apenas dos años representaba una referencia de éxito electoral para los movimientos nacionalistas y conservadores del continente, se ha convertido en una figura de la que varios de sus antiguos admiradores prefieren tomar distancia. La contundente derrota republicana en las elecciones de mitad de mandato ha acelerado ese cambio de actitud y ha puesto de manifiesto las contradicciones de una alianza que parecía consolidarse a ambos lados del Atlántico.

El resultado electoral ha alterado el valor político de Trump para sus socios ideológicos. Su regreso a la Casa Blanca en 2024 alimentó la expectativa de que una nueva etapa de liderazgo estadounidense impulsaría a las formaciones europeas que compartían su discurso contra la inmigración, las instituciones tradicionales y las políticas progresistas. Sin embargo, el desgaste de su popularidad, el encarecimiento de la vida y las decisiones de política exterior han debilitado esa imagen.

Ahora, quienes antes exhibían su proximidad al mandatario buscan explicar que sus proyectos políticos son independientes del movimiento MAGA (Make America Great Again). La estrategia consiste, en buena medida, en separar sus propias propuestas de las consecuencias de las decisiones de Washington.

La derrota republicana también ha dejado al descubierto un problema de fondo: respaldar a Trump podía resultar electoralmente atractivo mientras representase una fuerza ascendente, pero mantener esa cercanía se vuelve mucho más complicado cuando sus decisiones comienzan a perjudicar a sus aliados.

Meloni y la derecha italiana intentan marcar distancias

Italia ofrece uno de los ejemplos más evidentes de este cambio. Giorgia Meloni, que durante meses cultivó una relación privilegiada con Trump, ha ido reduciendo progresivamente su exposición a una alianza que amenaza con convertirse en un coste político.

La primera ministra italiana comenzó a modificar su posición cuando comprobó que la relación con Washington no le proporcionaba necesariamente beneficios dentro de su propio país. Las amenazas estadounidenses contra sus aliados europeos, las tensiones comerciales y, especialmente, la guerra contra Irán, complicaron su discurso de defensa de la estabilidad y los intereses nacionales.

Uno de los episodios más delicados fue el enfrentamiento entre Trump y el papa por las críticas del pontífice a los bombardeos en territorio iraní. Meloni terminó calificando de inaceptables las declaraciones del presidente estadounidense. La respuesta de Trump, que manifestó su decepción con ella y cuestionó su valentía, evidenció que la relación entre ambos estaba lejos de ser incondicional.

El distanciamiento se ha extendido al resto del Gobierno italiano. Antonio Tajani, vicepresidente del Ejecutivo y líder de Forza Italia, ha insistido en que Meloni y su formación nunca han sido partidarios del trumpismo, sino conservadores. Una explicación que contrasta con los gestos de proximidad que algunos dirigentes italianos habían mostrado anteriormente hacia el movimiento MAGA.

Incluso Matteo Salvini, uno de los políticos europeos que celebró abiertamente la victoria republicana de 2024, ha tenido que asumir que la situación ha cambiado.

Le Pen y Bardella protegen su estrategia electoral en Francia

En Francia, el Reagrupamiento Nacional también intenta evitar que el desgaste de Trump afecte a sus perspectivas electorales. Marine Le Pen y Jordan Bardella mantienen una posición especialmente delicada, porque su formación aspira a consolidar su influencia política y acercarse al poder en un contexto nacional muy distinto al estadounidense.

Bardella ha rechazado establecer paralelismos entre el resultado de las elecciones de mitad de mandato y las expectativas electorales de su partido. Su argumento es que los votantes franceses toman decisiones atendiendo a sus propias circunstancias y que la política estadounidense no determina el comportamiento de los ciudadanos europeos.

La postura supone un cambio respecto al entusiasmo que despertó la victoria de Trump entre los dirigentes de la formación francesa. Entonces, el regreso del republicano se interpretó como una señal de que las fuerzas nacionalistas podían ganar terreno frente a los partidos tradicionales.

Sin embargo, el Reagrupamiento Nacional arrastra una relación particular con Estados Unidos. Sus antiguos vínculos con Rusia y la proximidad que Marine Le Pen mantuvo con Vladímir Putin han condicionado su posicionamiento internacional.

Louis Aliot, vicepresidente de la formación, ha atribuido el desgaste de Trump a su intervención militar en Irán. De esta manera, el partido intenta presentar el problema como una consecuencia de la política exterior estadounidense, sin entrar a valorar las coincidencias ideológicas que durante años han acercado a ambos movimientos.

Vox y AfD también intentan evitar el desgaste de Washington

La misma cautela se observa en España y Alemania. Santiago Abascal ha restado importancia al resultado republicano al recordar que los presidentes estadounidenses suelen sufrir retrocesos en las elecciones de mitad de mandato. Con ese argumento, el líder de Vox ha tratado de evitar que la derrota se interprete como una señal de debilidad para las formaciones europeas que comparten parte del ideario de Trump.

Su respuesta también refleja la dificultad de mantener una relación política demasiado estrecha con un dirigente extranjero cuando sus decisiones generan rechazo entre determinados sectores del electorado.

En Alemania, Alice Weidel, colíder de Alternativa para Alemania (AfD), ha centrado sus explicaciones en el incumplimiento de las promesas de Trump sobre política exterior. Según su interpretación, el presidente estadounidense ha perjudicado a los republicanos al abandonar su compromiso de evitar nuevas intervenciones militares.

La guerra contra Irán se ha convertido así en el argumento común de buena parte de la extrema derecha europea para explicar el castigo electoral. El conflicto ha elevado los costes energéticos y ha añadido presión sobre los hogares, un escenario especialmente perjudicial para partidos que basan parte de su discurso en la defensa del poder adquisitivo y la soberanía nacional.

El problema de fondo: la factura de una alianza ideológica

Para Jeremy Cliffe, investigador del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR), la relación entre Trump y la derecha radical europea nunca fue completamente homogénea. Mientras algunas organizaciones, como el Reagrupamiento Nacional francés, mantuvieron reservas desde el principio, otras, entre ellas Vox, apostaron por exhibir una mayor afinidad.

El acercamiento respondía tanto a coincidencias ideológicas como a intereses electorales. Asociarse con un dirigente que había conseguido regresar al poder en Estados Unidos permitía a los partidos europeos proyectar una imagen de fortaleza y presentar sus propuestas como parte de una transformación política internacional.

Pero esa ventaja tenía una contrapartida: los errores de Trump también podían terminar afectando a quienes habían convertido su figura en un referente.

Las amenazas contra Groenlandia, los enfrentamientos comerciales con Europa y la intervención militar en Irán han complicado el discurso de unos movimientos que defienden la soberanía nacional y cuestionan las intervenciones exteriores. La contradicción resulta todavía más evidente cuando sus dirigentes deben explicar por qué respaldaron a un presidente cuyas decisiones chocan con algunos de sus principales argumentos políticos.

En Reino Unido, Nigel Farage también ha reconocido la magnitud del revés republicano. El dirigente británico ha señalado que una parte de los jóvenes que apoyaron a Trump en 2024 ha cambiado de posición, en un contexto marcado por el coste de la vida y el rechazo a la guerra.

El distanciamiento, sin embargo, no significa que las coincidencias ideológicas hayan desaparecido. Las posiciones sobre inmigración, identidad nacional y rechazo a determinadas políticas progresistas siguen acercando a estos movimientos. Lo que está cambiando es el cálculo sobre cuánto conviene exhibir esa relación.

Trump todavía conserva capacidad para influir en la política internacional y sus decisiones pueden volver a alterar el escenario europeo. Pero su derrota ha dejado una advertencia para sus antiguos aliados: identificarse demasiado con un líder extranjero puede convertirse en un riesgo cuando su popularidad se desploma. @mundiario