Un silencio ansioso tomó el centro de la ciudad, con buena parte de sus negocios cubiertos con tablones por el temor a incidentes, durante la casi hora y media que se tardó en comunicar el signo del veredicto. Fuera de los juzgados se escuchaban los gritos habituales de las protestas del verano pasado. ‘Black lives matter!’ (‘las vidas negras importan’) o ’Say their name!’ (‘Decid sus nombres’), seguido de la letanía de hombres -la mayoría jóvenes- que han protagonizado casos trágicos de abusos policiales. Una muchedumbre de periodistas rodeaba a Courtney Ross, que fue novia de Floyd y que testificó en el juicio. «Un veredicto de ‘culpable’ es lo que necesita esta ciudad para recuperar su paz», decía.
‘Guilty’, ‘guilty’, guilty’, leyó el juez del caso, Peter Cahill, cuando el jurado entró en la sala para entregarle la nota con su veredicto. ‘Culpable’, ‘culpable’, ‘culpable’. Una vez por cada uno de los tres cargos de homicidio no intencionado, en diversos grados, que pesaban sobre Chauvin. Todos relacionados con las imágenes que corrieron como la pólvora por Mineápolis, EE.UU. y el mundo a finales de mayo del año pasado. Una viandante grabó la detención de un hombre negro por parte de la policía. Chauvin asfixió durante casi diez minutos a Floyd, con la rodilla contra el cuello de la víctima. El detenido estaba esposado, contra el suelo y rodeado por otros tres agentes. Chauvin siguió apretando aunque Floyd decía que no podía respirar. También, durante un par de minutos, después de que la víctima perdiera el conocimiento.
Júbilo
Chauvin escuchó el veredicto detrás de una mascarilla quirúrgica. No reaccionó, más allá de un movimiento nervioso de ojos. Cuando salió el jurado de la sala, sabía lo que tenía que hacer. Se puso de pie y colocó sus manos detrás de la espalda para que le colocaran las esposas. Fuera de los juzgados, entre la muchedumbre, estalló el júbilo. También entre quienes se congregaron donde Floyd murió, delante de la tienda en la que trató de pagar con un billete de 20 dólares, donde comenzó su final.
La numerosa gente que esperaba el veredicto estalló en júbilo al concocer su culpabilidad
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Los jurados -seis blancos, cuatro negros y dos que se identifican como multirraciales- tenían en sus manos una decisión de voltaje máximo. En la víspera, habían escuchado las exposiciones finales de las partes, después de semanas de presentación y discusión de pruebas. El abogado de Chauvin, Eric Nelson, insistió en que la acusación no había probado «más allá de la duda razonable» que el expolicía usó fuerza excesiva y que Floyd murió por su actuación. El consumo de drogas, su pasado médico y la tardía actuación pudieron ser factores determinantes. La acción agresiva del policía pudo ser exigida por las circunstancias de la detención, defendió Nelson. La acusación rebatió esos puntos y exigió a los jurados que no olvidaran lo que vieron sus ojos: un vídeo que conmocionó al mundo en la primavera pasada y que provocó una oleada de protestas y tensiones raciales dentro y fuera de EE.UU.
‘Culpable’, ‘culpable’, ‘culpable’. Fue un veredicto alcanzado de forma exprés, en poco más de diez horas de deliberación, que significa, para una parte de un país muy polarizado, un trato justo que tarda mucho en llegar.

