La entrega, el sacrificio

Romanos 5:7-8.

Por: Hector. E. Contreras                             hector.contreras26@gmail.com

Las noticias corrieron alrededor del mundo aquel día de terror para los estudiantes y docentes del Instituto  Politécnico y Universidad Estatal de Virginia, conocido como “Virginia Tech”, en Blacksburg, Virginia, Estados Unidos de Norte América.  Alrededor de las 07:15 a 8:00 de la mañana del día 16 de Abril del año 2007, se llevó a cabo una de las masacres más sangrientas en el mundo. Ese día, marcado para la historia, 33 personas, docentes y estudiantes, incluyendo al autor del tiroteo, murieron y 15 resultaron heridos de balas de un fusil que portaba el estudiante de Literatura Inglesa, el  surcoreano Cho Seung-Hui, de 23 años de edad. Formaba parte de la docencia el profesor Liviu Librescu, con estudios de Ingeniería Aeroespacial en la Universidad Politécnica de Bucarest. Este hombre, luego de sus vivencias pasadas, siendo, entre éstas, tener que abandonar la academia en Bucarest por haberse negado  aceptar  pasar a formar parte del Partido Comunista. La Academia de Ciencias de Rumania le premió con un doctorado en el año 1969 por su labor en mecánica de fluidos. Su renuencia a aceptar ser miembro del partido, afectó su vida durante varios años, así como su carrera académica. Sus inconvenientes con las autoridades rumanas, le llevó a solicitar autorización para abandonar la Academia y el país para emigrar a Israel, cosa que le fue negada. Al cabo del tiempo, el primer ministro israelí, Menachem Begin, intercedió en su favor para que pudiera trasladarse a Israel junto a su familia en el año 1978. Este hombre sobrevivió a algunos de los episodios más difíciles de la historia del siglo XX, entre estos, el Holocausto judío.

Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguna osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”, Romanos 5:7-8. Y el apóstol San Juan nos dice: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos”, Juan 15:13.

Estas dos citas de la Biblia, la Santa Palabra de Dios, conforman todos los deberes y lo que debe guiar la conducta a cada vida de forma sencilla. Estas declaraciones bíblicas, establecen lo que debe ser la prioridad para toda persona que se ha decidido por Cristo. Hay dos prioridades o principios que debo destacar y son estas: 1-) Nuestra prioridad es amarnos los unos a los otros y 2-) Nuestra senda es amar como Cristo nos amó, quien pusoentregó su vida. ¿Quién puede medir este amor? Cristo dejó el confort, el gozo y la adoración del cielo para llevar sobre sí los pecados de la humanidad. Soportó el dolor de los azotes, los clavos en sus manos, la lanza que hirió su costado, la corona de espinas sobre su cabeza; todo lo cual implica la medida de su gran amor. Descubrimos su amor, vemos su manera de amar y  somos llamados a sobrellevar los pecados de otras personas, el dolor, los golpes, las crueldades y el trato impropio. ¿Imposible? Puede ser que sí, esto es para la naturaleza humana, pero como nuevos templos del Espíritu Santo, quien ha derramado el amor de Dios en nuestros corazones, podemos pedir y recibir la gracia y el poder de amar tal como Jesús amó y salir adelante como vencedores en Cristo Jesús, nuestro Señor.

Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos”, Juan 15:13. Esto fue lo que hizo el profesor Liviu Librescu. A los 76 años de edad, en el aula 204 del edificio Morris, el mismo donde cada mañana impartía sus clases de matemáticas, ese fatídico día, 16 de Abril del año 2007, al comenzar la matanza por el estudiante Cho Seung-Hui, ordenó a todos sus alumnos saltar por las ventanas mientras él bloqueaba la puerta de entrada del aula, impidiendo así, con su sacrificio que sus estudiantes fueran asesinados por el joven, que fusil en mano intentó traspasar el umbral de la puerta donde se encontraba. El cuerpo inerte del profesor Librescu, fue encontrado al pie de la puerta de entrada al aula donde impartía sus clases.

El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas”, Romanos 8:32. Dios se despojó de su Único Hijo, Jesucristo y lo entregó por toda la humanidad con el único propósito de reconciliarnos con Él por medio de este sacrificio.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna”, Juan 3:16. El amor de Dios fue un amor incondicional. La entrega de Jesucristo, también. Ahora bien, existe una base para llegar a este amor y es: “todo aquel que cree”. Lo primero es creer, luego aceptar y confesar a Jesucristo, tal como lo declara el apóstol Pablo con las siguientes palabras: “Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”, Romanos 10:8-10. “creyeres”, del griego “pisteuo”. Es la forma verbal de “pistis”, “fe”. Significa confiar en, tener fe en, estar plenamente convencido de, reconocer, depender de alguien. “Pisteuo” es más que creer en las doctrinas de la Iglesia o en los artículos de fe. Expresa dependencia y confianza personal que deviene en obediencia. El vocablo implica sometimiento a los propósitos de Dios y una confesión positiva del señorío de Jesucristo en la vida del que le confiesa. Te invito, con un inmenso amor a que te decidas por seguir a Jesucristo el Señor, quien entregó su vida muriendo en una cruz, llevando así tu pecado hasta allí, la cruz del dolor, del martirio y el sacrificio.

Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante”, Efesios 2:1-2. Tu vida debe ser un modelo de ejemplo vivo a Jesús el Señor, imitando su vida, su entrega y sacrificio en tu favor. Debes comprender que Él es el modelo perfecto del amor que Dios requiere de tí. Sed, pues imitadores de Dios como hijos amados, son las primeras palabras de estos versos. Muchas veces se imita a alguien a quien seguimos y queremos ser como esa persona; incluso, en ocasiones nos sacrificamos por alcanzar la estatura que ésta posee. Como creyente en Jesucristo, te invito a que seas un ferviente seguidor e imitador de lo que Él es para tí, para tu familia, para los que te rodean.

Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden, a éstos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquéllos olor de vida para vida. Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?”, II-Corintios 2:15-16. Estos últimos versos son una invitación para mantener una conciencia limpia para que puedas permanecer ecuánime ante las reacciones de la gente. Debes comprender que la rectitud puede a veces provocar también reacciones negativas en tu diario vivir.

Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios”, Filipenses 4:18. “Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención”, Hebreos 9:11-12. El sacrificio de Cristo nos ofrece una ayuda permanente como seguidores de Él. El pacto Mosaico habilitó sacrificios de animales que traían alivio temporal a la culpa del hombre, ofreciendo lecciones sobre la justicia de Dios. El pacto de Moisés proveyó un vínculo con Dios por medio de la sangre de los animales sacrificados. Sin embargo, estos sacrificios tenían que repetirse anualmente en el tabernáculo de reunión, el cual constituía solamente un simbolismo del altar eterno y celestial de Dios. Pero Jesucristo entró en la historia como sacerdote eterno, para ofrecer un sacrificio eterno por el pecado de la humanidad. El derramamiento de su sangre proveyó de un sacrificio y de un vínculo permanentes entre Dios y los seres humanos. Su sangre fue derramada no solamente en un altar terrenal, sino ante el verdadero altar de Dios en el cielo, donde obtuvo redención para el pecado de todos aquellos que le reciban como su Señor y Salvador. El inmutable vínculo establecido a través del nuevo pacto con la sangre de Cristo, la realización definitiva de la promesa del Dios justo y  misericordioso. El sacrificio de Cristo es el “Sacrificio Perfecto” para la humanidad,  así como fue el sacrificio y entrega del profesor Librescu por sus alumnos de aula.

Bendiciones sobreabundantes para cada vida, ahora y siempre.

 

 

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