Con motivo de esta cumbre, Bruselas se ha vestido estos días de azul, con los colores de la OTAN. El Ayuntamiento y la fuente de la plaza Montgomery se iluminarán en azul, así como el propio emblema turístico, el Manneken Pis ha sido vestido con motivos aliados. La bandera de la OTAN ondea entre los arcos del Cincuentenario y en la entrada del Atomium.
Además de los desafíos que plantean las políticas militares de Rusia y China, los dirigentes de los treinta países miembros revisarán también la compleja retirada de tropas Afganistán con sus previsibles consecuencias así como una nueva agenda para tratar de adaptar a la Alianza a los nuevos retos que planteará el mundo en la próxima década. El secretario general Jens Stoltemberg ha dicho esta mañana que el análisis de la relación con China no se dirige hacia una nueva guerra fría, sino que se trata de «abordar los retos que supone para nuestra seguridad» el ascenso del gigante asiático.
Varios de los dirigentes vienen de la reunión del G 7 en el Reino Unido donde han mantenido ya abundantes contactos y Biden celebrará después una reunión en Ginebra (Suiza) con el dirigente ruso Vladimir Putin. Antes, el presidente norteamericano mantendrá una reunión formal con la UE, un gesto que todas las instituciones comunitarias han considerado como muy importante. Pedro Sánchez tiene previsto reunirse con algunos de sus colegas, entre ellos con el propio Biden, con el británico Boris Johnson, el canadiente Justin Trudeau y con el turco, Recep Tayip Erdogan.

