Merkel ha especificado que el diálogo con los talibanes «no puede ser incondicional». «Será difícil, pero tenemos que intentarlo», ha insistido, y ha fijado los tres puntos de la actual posición del Gobierno alemán respecto a la crisis afgana: prolongar la evacuación tanto como sea posible, apoyar a las agencias internacionales sobre el terreno, muy especialmente a Acnur, y desde la UE, y establecer vías de comunicación con los talibanes que permitan seguir apoyando a la población afgana.
Merkel ha pedido autorización al Bundestag para el despliegue de hasta 500 soldados en la misión de evacuación que se está llevando a cabo desde el aeropuerto de Kabul y que deberá continuar, más allá del 31 de agosto, «a través de aeropuertos civiles» aún por determinar.
Ha aclarado que Alemania no sigue ningún camino por su cuenta, sino que actúa en coordinación con los socios de la OTAN y la UE. En este sentido, ha informado acerca de sus conversaciones telefónicas con los jefes de gobierno de Pakistán y de Turquía, para ofrecer apoyo en la organización de los refugiados que salgan por tierra de Afganistán hacia países vecinos. También ha mantenido conversaciones con Putin y con los responsables del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, que se han comprometido a seguir apoyando el desarrollo en el país.
La canciller almena ha reconocido que Occidente valoró mal la situación en Afganistán, pero ha hecho un balance relativamente positivo de los 20 años de misión internacional, recordando por ejemplo que el 90% de los afganos tienen hoy electricidad, cuando en 2001 era solo el 20%.
Respuesta a las críticas de la oposición
A las críticas de la oposición, muy especialmente procedentes del partido Los Verdes, ha recordado que fue el ministro de Exteriores Joshka Fischer, perteneciente precisamente a este partido y que formó parte de la coalición con los socialdemócratas del canciller Gerhard Schröder, quien apeló en noviembre de 2001 al compromiso internacional de Alemania. «En pocas semanas celebraremos el aniversario del 11-S», ha señalado, fecha tras la que Alemania se sumó a la misión internacional en Afganistán en virtud del artículo 5 del Tratado de la OTAN y «por solidaridad con nuestros amigos americanos». «Los objetivos de esa misión eran crear las bases para la democracia, la libertad, formar policías y periodistas, dotar al país de infraestructuras… eran y siguen siendo objetivos admirables», ha valorado.
También ha hecho autocrítica y ha adelantado que «hará falta tiempo para entender qué hicimos mal», aunque ha mencionado que «infravalorar la corrupción en Afganistán» podría encontrarse entre los fallos.
Y a la pregunta más repetida por la oposición, ¿por qué Alemania no comenzó antes a evacuar a su personal?, Merkel ha respondido recordando que la presencia del personal alemán estaba garantizando, entre otras muchas cosas, la llegada de medicamentos y el suministro de agua y electricidad a muchas poblaciones que, una vez salgan de allí, volverán muy posiblemente a la misma situación de miseria que la misión internacional se encontró a su llegada.

