Las medidas han sido calificadas como «draconianas», «innecesarias» y un «atentado contra las libertades» por un grupo creciente de diputados tories que se oponen, sobre todo, a que se exija un certificado de vacunación y a que la inmunización sea obligatoria para el personal sanitario. Las voces más críticas denunciaron que estas medidas provocan «discriminación» y «segregan» a las personas.
La mayor rebelión
La Cámara de los Comunes votó el denominado Plan B para Inglaterra con 441 parlamentarios a favor del uso de la mascarilla y 41 en contra, de estos últimos 38 tories, mientras que el uso del pasaporte sanitario contó con 369 votos a favor y 126 en contra. De estos últimos, un centenar fueron de conservadores, un número que supera a los 70 rebeldes que se esperaban así como a la mayor rebelión anterior contra el gobierno de Boris Johnson, que involucró a 59 parlamentarios. Un varapalo para Johnson. La votación final decidió, por 385 contra 100 que el personal de primera línea sí debe ser obligado a vacunarse, y por unanimidad se decidió cambiar la cuarentena por un sistema de pruebas rápidas diarias.
El responsable de Sanidad en la sombra, Andrew Gwynne, aseguró antes de la votación que que su partido «no jugará a la política con la vida de la gente» y que por ello no dudaría en apoyar las propuestas del Gobierno. Al contrario que los conservadores rebeldes, calificó las normas como «proporcionadas» y destacó que gracias a ellas la población tendrá tiempo de vacunarse con la dosis de refuerzo.
La meta del ejecutivo es que a finales de diciembre todos los mayores de 18 años tengan las tres dosis, la única forma, según expresó el ‘premier’, de atajar el ‘maremoto Ómicron’ que se avecina. Pese a este apoyo, los laboristas señalaron a Johnson como el culpable de «daño irreparable a la confianza pública» y de haber «socavado los mensajes de salud» pública, en clara referencia a las fiestas navideñas que supuestamente se celebraron en Downing Street en las navidades del año pasado, cuando las restricciones vigentes no permitían este tipo de celebraciones.
Así, el liderazgo de Johnson, pese a esta votación favorable en la Cámara de los Comunes, está en entredicho, sin el apoyo del público, que según las encuestas está cayendo en picado, y, visto lo visto, sin el de su propio partido.

