Yo quiero ver a Dios

Por: Héctor E. Contreras.

Mateo 19:14 y Salmo 27:1-2.

Me he atrevido a tomar la publicación de la Revista El Aposento Alto del día 27 de   mes Noviembre 2020, donde una abuela y su nietecito sostienen un diálogo que me ha llamado mucho la atención y por tal motivo, he tomado el título de “YO QUIERO VER A DIOS”, que fueron las palabras del niño en su conversación con la abuela. Hace varios años, en la Iglesia Metodista Libre del sector Los Frailes, hoy Santo Domingo Este, utilicé el texto de Mateo 19:14. Recuerdo haber tomado de los brazos de su madre a un bebé y anduve por un buen rato por el templo mientras trataba el tema enseñado por Jesús sobre ser como niños. Creo que la madre del bebé era Belkis Matos, que aún permanece fiel al Señor junto a su esposo. ¿Por qué razón nuestro Señor utiliza la alegoría del nuevo nacimiento en su diálogo con Nicodemo?, San Juan 3:1-6. La respuesta es sencilla, porque el nuevo nacimiento equivale a volver a ser como niños en todo nuestro actuar y vivir. Fue así como el nietecito de la hermana, en la Revista El Aposento Alto de ese día, mientras ésta oraba a Dios de rodillas, él se le acercó e inició un diálogo bastante interesante que comparto con cada persona que hoy lee este mensaje. El diálogo es entre su abuela Ivette y Michael, de Puerto Rico. Como todo niño o niña, en la mayoría están llenos de  picardía, pero  sana a la vez al estar junto a sus abuelos, en este caso, Michael, con una sonrisa en sus labios se acerca a su abuela y le dice: “Abuela, ¿amas a todo el mundo?, si mi amor, amo a todo el mundo. Luego de esta respuesta, el niño fija sus ojos frente a la abuela y vuelve a preguntarle: ¿Pero, por qué, si te hacen daño y lloras?, ella le dice: Tengo a Cristo en mi corazón y uno de los primeros mandamientos es amar a tu prójimo como a ti mismo. Es mandato de Dios. En este interesante diálogo, a su abuela hablarle del amor y el perdón, el niño le dice: “Yo quiero ver a Dios, ayúdame a encontrarlo”, después de estas palabras de Michael su nieto, la hermana Ivette dijo: “Todo mi ser, alma y corazón se estremecieron a tal magnitud que comencé a llorar como una niña pequeña”. La experiencia de esta conversación entre dos seres que se aman más allá de lo indecible, debe servirnos de un ejemplo viviente en cuanto a la relación de familia se refiere. 

Lo más importante e interesante de la mentalidad de un niño o una niña, es que aceptan tus palabras y creen en tí. El niño había visto a su abuela llorar y por eso su pregunta sobre el amor hacia los demás. 

El amor que hoy sembramos en el corazón de nuestros hijos e hijas, es lo que sirve de ejemplo para la posteridad de cada quien, sea hembra o varón.    Yo quiero ver a Dios, deben ser las palabras para cada persona que lee ahora este mensaje. 

Cuando el pueblo de Israel, en su peregrinaje a la tierra prometida, en medio del desierto hubo un diálogo entre Dios y Moisés, éste le dice al Señor: “Ahora, pues, si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca, y halle gracia en tus ojos; y mira que esta gente es pueblo tuyo”, a lo que Dios le responde: “Mi presencia irá contigo, y te daré descanso”, entonces Moisés le responde: “Si tu presencia no ha de ir conmigo, nos nos saques de aquí”, Éxodo 33:13-15. Moisés, así como Michael, Dios busca hombres y mujeres que se atrevan a pedir su presencia en sus vidas. YO QUIERO VER A DIOS, palabras de un niño hablando con su abuelita. TE RUEGO QUE ME MUESTRES AHORA TU CAMINO, le pide Moisés a su Señor. En su osadía frente a Dios, Moisés sigue su diálogo y le hace la siguiente pregunta: “¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos, y que yo y tu pueblo, sino en que tú andes con nosotros, y que yo y tu pueblo seamos apartados de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra?” A la inquietud e interrogantes de este hombre, Dios le responde: “También haré esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia en mis ojos, y te he conocido por tu nombre”. Y Moisés vuelve y le dice a Dios: “Te ruego que me muestres tu gloria”, Éxodo 33:16-18. Es un diálogo que debe llamarnos la atención en este tiempo, porque marca varias palabras que nos enseñan el significado de andar y servir a Dios. TE RUEGO QUE ME MUESTRES AHORA TU CAMINO, SI TU PRESENCIA NO HA DE IR CONMIGO, QUE SEAMOS APARTADOS DE TODOS LOS PUEBLOS. Sólo estas tres utilizaré, para tratar de llevarles al lugar donde cada uno de ustedes, se atrevan a ser como Moisés o como Michael. Te ruego me muestres ahora tu camino. Jesucristo, en uno de sus tantos  diálogos con sus discípulos, Él les dice: 

Sabéis a dónde voy, y sabéis el camino, a lo que Tomás, que era uno de ellos, le  dice: Señor, no sabemos el camino a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? y Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”, Juan 14:4-6. Desde Moisés hasta Jesucristo, el CAMINO está abierto para que cada persona se atreva andar por éste, que es el que nos lleva a la eternidad junto al Padre de gloria. El texto de Yo Soy de Jesús es triple; las dos últimas expresiones explican el sentido en el que Jesús es el camino… al Padre. Él es la verdad acerca de Dios y de la verdadera vida divina. Como tal, Él nos revela la verdad y nos da vida. Si tu presencia no ha de ir conmigo. Acerca de estas palabras, Isaías escribió: “El sol nunca más servirá de luz para el día, ni el resplandor de la luna te alumbrará, sino que Jehová te será por luz perpetua, y el Dios tuyo por tu gloria”, Isaías 60:19. Cuando Moisés dirigía al pueblo por todo el desierto del Sinaí, la Biblia revela que Dios iba delante y detrás para protegerlos. Hoy Dios camina de mano con nosotros, guiándonos por este mundo, que muchas veces nos turba, nos abate y tambalea; pero al ser dirigidos por nuestro Dios, Él nos ayuda en este peregrinar hasta alcanzar lo que nos hemos propuesto, siempre que estemos dentro de sus propósitos. Por último, en cuanto a las peticiones de Moisés frente a Dios, es que seamos apartados de todos los pueblos. El ser apartados por Dios a través de Jesucristo, nos lleva a, primero, que es una cualidad fundamental de Dios y de su Espíritu, segundo, es una virtud indispensable de cada creyentes en Jesucristo y tercero, es un atributo de ciertos lugares, objetos, días y fechas o acciones. 

Todo esto encierra una sola palabra: SEPARACIÓN. Dios, en su diálogo con Hageo, le hace algunas preguntas acerca de la santidad, veamos: “Si alguno llevare carne santificada en la falda de su ropa, y con el vuelo de ella tocare pan, o vianda o vino, o aceite, o cualquiera otra comida, ¿será santificada? Y respondieron los sacerdotes: No. Y dijo Hageo: Si un inmundo a causa de cuerpo muerto tocare alguna de estas, ¿será inmunda? Y respondieron los sacerdotes, y dijeron: Inmunda será. Entonces Hageo les dijo a los sacerdotes: Así es este pueblo y esta gente delante de mí, dice Jehová; y asimismo toda obra de sus manos; y todo lo que aquí ofrecen es inmundo. Ahora, pues, meditad en vuestro corazón desde este día en adelante, antes que se pongan piedras sobre piedra en el templo de Jehová”, Hageo 2:12-14. La separación de o apartarse de, es una decisión de cada persona frente a Dios. 

Es una separación total del mundo para seguir a Cristo Jesús. Cuando Dios me separó del mundo para servirle a Él, se cantaba mucho un coro que dice así: “He decidido seguir a Cristo, he decidido seguir a Cristo, he decidido seguir a Cristo, no vuelvo atrás, no vuelvo atrás”. Esto es separación, para continuar en pos del galardón que está preservado en los cielos, para cada persona que se ha decidido por seguir las pisadas del Maestro, Jesucristo el Señor. Por último, en cuanto a Hageo y nuestro Dios, veamos lo siguiente: “Os herí con viento solano, con tizoncillo y con granizo en toda obra de vuestras manos; mas no os convertisteis a mí, dice Jehová. Meditad, pues, en vuestro corazón, desde este día en adelante, desde el día veinticuatro del noveno mes, desde el día que se echó el cimiento del templo de Jehová; meditad, pues, en vuestro corazón. ¿No está aún la simiente en granero? Ni la vid, ni la higuera, ni el granado, ni el árbol de olivo ha florecido todavía; mas desde este día os bendeciré”, Hageo 2:17-19. ¿Hemos sido heridos, sufrido, nos hemos enfermado, también azotados y vejados? ¡Claro que sí! Con todo, existe una promesa hecha por el mismo Dios y es que Él nos bendecirá desde el momento en que decidamos apartarnos del mundo, para seguirle a Él, santificados para Él y con nuestra confianza en su poder para continuar, siempre hacia adelante. DESDE ESTE DÍA OS BENDECIRÉ, es una promesa fiel de nuestro Dios para este tiempo. 

 Al final de la conversación de la hermana Ivette y su nieto Michael, ella dijo: “Las palabras de mi pequeño nieto me hicieron reflexionar en el gran ejemplo que los niños nos ofrecen a los adultos en asuntos de la fe. De mi nieto aprendí acerca del deseo genuino de buscar a Dios. Le pido a Dios que me ayude cada día a amar a mi prójimo y a perdonar con el corazón de un niño”.  

Tú oración hoy debe ser: Muéstrame tu gloria y Yo quiero ver a Dios. Bendiciones abundantes.                  

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