Rusia ha vuelto a atacar infraestructuras energéticas y objetivos urbanos de Ucrania en una ofensiva que pone en entredicho la eficacia de la tregua energética anunciada por el presidente estadounidense, Donald Trump. Los bombardeos registrados durante la madrugada del miércoles 14 de octubre han causado víctimas mortales en Kiev, daños en una central eléctrica y cortes de suministro que, según el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, han dejado sin electricidad a más de 600.000 personas. La continuidad de los ataques coincide con un deterioro de las relaciones entre Washington y Kiev y con las advertencias ucranianas sobre la ausencia de información anticipada de inteligencia.
El balance difundido por las autoridades ucranianas situó inicialmente en cuatro los fallecidos y en más de una veintena los heridos en la capital, aunque otros informes recogidos durante la jornada hablaban de tres muertos en Kiev. La diferencia refleja el carácter provisional de las cifras durante una emergencia. Los ataques también alcanzaron viviendas y provocaron daños en instalaciones energéticas, mientras se registraban explosiones en otras ciudades, entre ellas Járkov y Dnipró.
Según Zelenski, Rusia lanzó durante la noche 39 misiles balísticos y más de 120 drones de ataque. El presidente ucraniano denunció daños en al menos 26 instalaciones eléctricas y otras cuatro infraestructuras del sector del petróleo y el gas. Moscú, por su parte, reconoció haber llevado a cabo un ataque de gran escala contra instalaciones de comunicación y energía que, según su versión, son utilizadas por las fuerzas ucranianas.
La central térmica Darnytska CHP-4, una de las instalaciones que contribuyen al suministro de electricidad y calefacción de Kiev, resultó alcanzada, según las autoridades ucranianas. El daño tiene especial relevancia ante la proximidad del invierno, cuando la demanda energética aumenta y las temperaturas convierten las interrupciones de calefacción en un problema humanitario y de seguridad.
El anuncio de Trump pretendía establecer una pausa en los ataques contra infraestructuras energéticas de Rusia y Ucrania. Sin embargo, la iniciativa se presentó sin un mecanismo público de verificación suficientemente claro y sin que quedara acreditada una aceptación bilateral con condiciones detalladas. Kiev aseguró que estaba dispuesto a respetarla si Moscú hacía lo mismo, pero los nuevos bombardeos rusos han puesto en cuestión la posibilidad de que el anuncio se traduzca en una reducción efectiva de las hostilidades.
Zelenski calificó el ataque contra la infraestructura energética como deliberado y sostuvo que Rusia había mostrado un «desprecio» ostensible hacia la propuesta del presidente estadounidense. La acusación contiene una dimensión militar y otra diplomática: Kiev intenta demostrar que está dispuesto a aceptar una pausa limitada, mientras presenta la continuidad de los bombardeos rusos como una prueba de que las declaraciones políticas no bastan para proteger a la población.
Moscú no ha asumido públicamente una obligación verificable en los términos planteados por Trump. Además, el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, ha cuestionado que Ucrania merezca el respiro que supondría una tregua, alegando que Europa podría aprovecharla para aumentar el suministro de armas a Kiev. Esa posición refleja la distancia entre los objetivos de los contendientes: Ucrania busca reducir los ataques contra sus infraestructuras y preservar su capacidad de defensa, mientras Rusia intenta condicionar cualquier pausa a sus propias exigencias militares y políticas.
La situación también revela una debilidad del planteamiento estadounidense. Un alto el fuego anunciado unilateralmente o sin compromisos verificables puede generar expectativas en la población sin modificar necesariamente los cálculos operativos de las partes. Si no existen canales de comunicación, procedimientos para confirmar las violaciones y consecuencias acordadas, la tregua corre el riesgo de convertirse en una disputa sobre quién la incumple, en lugar de funcionar como una herramienta para reducir los daños.
Kiev denuncia la falta de alertas de inteligencia
Uno de los elementos más preocupantes para Ucrania es la aparente pérdida de anticipación ante los lanzamientos de misiles balísticos rusos. Zelenski aseguró que, por segunda vez en aproximadamente 24 horas, los sistemas ucranianos detectaron proyectiles cuando ya se encontraban cerca de Kiev. El presidente no identificó al aliado que habría dejado de proporcionar la información habitual, pero el episodio se produce en medio de las dudas sobre la continuidad del intercambio de inteligencia con Estados Unidos.
El portavoz de la Fuerza Aérea ucraniana, Yuri Ignat, indicó posteriormente que los socios sí notificaron el lanzamiento de otras oleadas de misiles durante esa misma noche. Por tanto, los datos disponibles no permiten concluir que toda la cooperación de inteligencia se haya interrumpido. Lo que Kiev denuncia es la ausencia de una alerta temprana en momentos concretos, una carencia que puede reducir el tiempo disponible para activar las defensas y proteger a la población.
La información sobre el lanzamiento de un misil balístico puede proporcionar minutos decisivos para emitir avisos, movilizar sistemas de interceptación y buscar refugio. No garantiza que el proyectil vaya a ser derribado, pero permite preparar la respuesta. Cuando la detección se produce demasiado tarde, las posibilidades de reacción se reducen considerablemente.
La controversia está ligada a la presión de Trump para que Ucrania detenga sus ataques contra refinerías y otras instalaciones energéticas rusas. Según informaciones publicadas por varios medios, Washington habría amenazado con restringir el intercambio de inteligencia y otras formas de asistencia si Kiev no atendía esa exigencia. El presidente estadounidense negó que se hubiera suspendido el intercambio de información, una declaración que impide dar por confirmada una ruptura formal de la cooperación.
Aun así, la incertidumbre tiene consecuencias estratégicas. Ucrania necesita la información de sus aliados para anticipar ataques, pero también depende de ellos para recibir armamento y mantener sistemas de defensa aérea. Esa dependencia limita el margen de maniobra de Kiev en sus decisiones militares, especialmente cuando Washington vincula la ayuda a sus objetivos diplomáticos y económicos.
En este contexto, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, pidió aumentar la protección de Ucrania, con especial atención a la defensa aérea. Durante una comparecencia en Tallin junto al primer ministro estonio, Kristen Michal, advirtió de que, con el invierno acercándose y los ataques rusos en curso, los aliados deben hacer más para ayudar a Kiev a defenderse.
Rutte tiene previsto reunirse con Zelenski en Bruselas al margen de los encuentros europeos. La cita llega en un momento incómodo para la Alianza: los países europeos buscan sostener el apoyo militar a Ucrania, mientras la posición de la Administración Trump introduce dudas sobre la continuidad y las condiciones de la asistencia estadounidense.
Preguntado por la posibilidad de que Washington hubiera restringido la inteligencia, Rutte restó importancia a esa hipótesis y se remitió a las declaraciones de Trump, quien negó que el intercambio se hubiera detenido. Su respuesta refleja la cautela de la OTAN para evitar una confrontación pública con Estados Unidos, cuyo peso militar y tecnológico sigue siendo fundamental para la defensa ucraniana.
Michal, por su parte, sostuvo que Rusia pretende desgastar a los aliados y hacer que concentren su atención en sus propios problemas hasta que disminuya su disposición a apoyar a Kiev. Estonia anunció que mantendría su asistencia militar. El desafío para los socios europeos consiste en convertir esas declaraciones en capacidades concretas: interceptores, munición, radares, sistemas de alerta y medios para reparar unas infraestructuras energéticas que vuelven a sufrir daños.
La defensa aérea no elimina por sí sola la vulnerabilidad de la red eléctrica ucraniana. La extensión del territorio, el volumen de proyectiles y drones y la diversidad de objetivos obligan a distribuir recursos escasos. Proteger una central térmica significa defender también el suministro de calefacción, agua y electricidad de millones de personas, pero cada sistema desplegado en una ciudad o instalación estratégica deja otros puntos que pueden quedar menos protegidos.
La sensación de traición y el giro de Washington hacia Moscú
La percepción de abandono por parte de Kiev se ha convertido en una ruptura diplomática abierta debido a los recientes giros en la política exterior de Donald Trump. El presidente Zelenski reconoció explícitamente en una entrevista concedida este miércoles al programa británico Piers Morgan Uncensored que se siente «traicionado» por el mandatario estadounidense. El detonante directo de este malestar fue la decisión de la Casa Blanca de levantar las sanciones a las exportaciones de diésel ruso para abastecer los mercados occidentales y la posterior exigencia de Trump para que Ucrania detenga de inmediato sus ataques a las refinerías de Moscú.
Zelenski lamentó amargamente que Trump esté «eligiendo el bando incorrecto de la historia» al favorecer los ingresos del Kremlin en lugar de mantener una postura neutral, especialmente después de que el líder norteamericano sugiriera públicamente que Ucrania necesita «un nuevo presidente». Al ser cuestionado sobre si esto constituía una traición, Zelenski respondió afirmativamente, matizando que la supervivencia de su país ante la pérdida de un socio estratégico tan fuerte va mucho más allá de una simple reacción emocional.
La tensión se agravó después de que Trump anunciara un acuerdo relacionado con la compra y exportación de diésel ruso y reclamara que Kiev pusiera fin a sus ataques contra instalaciones petrolíferas. La posible relajación de restricciones económicas sobre Rusia resulta especialmente controvertida para Ucrania, que sostiene que los ingresos energéticos contribuyen a financiar la guerra del Kremlin. Washington, en cambio, ha defendido sus decisiones en el marco de sus prioridades económicas y de su intento de presionar para obtener una pausa en los ataques.
A este cuadro se suma la controversia por las restricciones de velocidad denunciadas por Ucrania en los terminales Starlink utilizados por sus fuerzas armadas. Los problemas de conectividad habrían interrumpido varias misiones con drones, según las autoridades ucranianas. No está demostrado que esas restricciones respondieran a una orden política de Trump, pero su coincidencia con las tensiones diplomáticas ha aumentado la preocupación en Kiev sobre la dependencia de tecnología estadounidense. @mundiario
