Donald Trump ha vuelto a situar Groenlandia en el centro de su estrategia geopolítica con el anuncio de que se preparan operaciones «masivas» de exploración de petróleo, gas y minerales en la isla. En un mensaje publicado en Truth Social, el presidente estadounidense aseguró que los trabajos están a punto de comenzar y sostuvo, sin presentar estudios ni datos concretos, que las reservas de petróleo fácilmente accesibles podrían superar las de casi cualquier otro territorio del mundo.
La afirmación ha sido recibida con reservas por las autoridades groenlandesas. El viceministro de Minería, Jørgen Hammeken-Holm, reconoció que existen actividades de empresas estadounidenses, pero rechazó que la situación pueda describirse como una exploración gigantesca. Según explicó a CNN, hay proyectos de menor escala en marcha, aunque algunos podrían tardar años en llegar a la fase de explotación.
La diferencia entre ambos mensajes no es secundaria. Trump habla como si Groenlandia estuviera a las puertas de una transformación industrial de enormes dimensiones; Nuuk describe una actividad todavía limitada, condicionada por dificultades técnicas, costes elevados y una infraestructura insuficiente. Por ahora, no se han presentado públicamente detalles verificables que permitan confirmar la inminencia, el volumen o la financiación de la operación anunciada por el mandatario.
El episodio también tiene una lectura política. Después de amenazar reiteradamente con hacerse con el control de Groenlandia, Trump vincula ahora la riqueza natural de la isla con la seguridad estadounidense y con la posibilidad de ampliar la presencia militar en el Ártico. La cuestión ya no se limita a determinar qué recursos existen bajo el hielo, sino quién podrá explotarlos, bajo qué condiciones y con qué consecuencias para la autonomía de los groenlandeses.
Groenlandia posee un potencial geológico que despierta el interés de empresas y gobiernos. Entre los recursos identificados figuran minerales estratégicos, incluidos depósitos de tierras raras, además de posibles recursos de hidrocarburos. Estos materiales son importantes para sectores como la electrónica, las tecnologías energéticas, la industria de defensa y la fabricación de determinados componentes de alta tecnología.
Sin embargo, la existencia de recursos no equivale a disponer de reservas comercialmente explotables. La exploración geológica debe determinar la cantidad, la calidad y la ubicación de los depósitos; después es necesario comprobar si su extracción resulta rentable, obtener permisos, financiar las instalaciones y construir las infraestructuras necesarias para transportar y procesar la producción.
En Groenlandia, esos obstáculos son especialmente importantes. Aproximadamente el 80 % de la isla está cubierto por hielo, y numerosos posibles yacimientos se encuentran en regiones remotas, con condiciones meteorológicas extremas, escasa infraestructura y temporadas de trabajo limitadas. La construcción de carreteras, puertos, instalaciones energéticas y sistemas de transporte puede encarecer considerablemente cualquier proyecto.
La extracción de petróleo y gas plantea, además, desafíos específicos en un entorno ártico. Las operaciones deben afrontar riesgos ambientales, dificultades logísticas y exigencias de seguridad que pueden aumentar los costes y reducir la rentabilidad. Un yacimiento prometedor sobre el papel puede no resultar viable comercialmente, especialmente si necesita grandes inversiones antes de producir un solo barril.
Por eso, la afirmación de Trump sobre una cantidad de petróleo fácilmente accesible superior a la de casi cualquier lugar del mundo necesita datos que la respalden. El presidente no identificó los estudios en los que basa esa comparación ni precisó qué áreas se explorarían, qué compañías participarían o qué calendario se contempla. Sin esa información, su anuncio debe interpretarse como una declaración política y una señal de interés estratégico, no como la confirmación de una explotación inminente de dimensiones extraordinarias.
También conviene distinguir entre petróleo, gas y minerales críticos. Son sectores con cadenas de producción, riesgos, inversiones y plazos diferentes. Que existan oportunidades para desarrollar proyectos mineros no significa que pueda ponerse en marcha simultáneamente una industria petrolera de gran escala, y menos aún que todos los recursos identificados sean económicamente recuperables.
Dinamarca niega que el acuerdo militar conceda derechos sobre los recursos
La reacción danesa introduce un límite importante a las declaraciones de Trump. Copenhague ha señalado que cualquier exploración estadounidense debe cumplir las leyes vigentes en Groenlandia y que el reciente acuerdo de seguridad no concede a Washington acceso preferente a los recursos naturales. El pacto firmado el 22 de septiembre amplía la cooperación militar y contempla nuevas áreas de defensa, pero no autoriza por sí mismo la explotación de petróleo y gas.
El acuerdo modifica y complementa el marco de defensa suscrito en 1951. Permite modernizar y ampliar la base espacial estadounidense de Pituffik y contempla nuevas áreas militares en Narsarsuaq y Mestersvig, además de reforzar el acceso de las fuerzas estadounidenses al territorio. También aborda la cooperación económica y minera, pero eso no equivale a otorgar licencias automáticas para extraer recursos.
El texto reafirma expresamente la soberanía y la integridad territorial de Dinamarca, así como el derecho de los groenlandeses a la autodeterminación. La distinción resulta fundamental: Estados Unidos puede ampliar su presencia militar mediante acuerdos negociados, pero no puede convertir esa cooperación en propiedad sobre la isla ni en un derecho ilimitado sobre sus yacimientos.
Las afirmaciones del presidente estadounidense chocan directamente con la legislación del territorio autónomo y el estatus real de sus proyectos. El Ministerio de Recursos Minerales de Groenlandia mantiene vigente la prohibición adoptada en 2021 que suspende la concesión de todas las nuevas licencias de exploración de hidrocarburos por motivos ambientales y económicos. Aunque la Casa Blanca apeló al reciente acuerdo de seguridad firmado en septiembre con Dinamarca, el Ministerio de Asuntos Exteriores danés aclaró formalmente que dicho pacto no altera las leyes de extracción ni concede privilegios comerciales a Washington.
Paralelamente, la firma tejana Greenland Energy Company —vinculada al entorno de Trump— reconoció que carece de permisos de perforación propios y se vio obligada a retrasar sus planes exploratorios en la cuenca de Jameson Land hasta el invierno de 2027, tras una amonestación del gobierno local por desembarcar equipos logísticos sin autorización. Por tanto, las declaraciones del mandatario norteamericano carecen de base legal y técnica para traducirse en una explotación inmediata.
Groenlandia, el Ártico y la estrategia de seguridad de Trump
El interés estadounidense no se explica únicamente por los hidrocarburos. Groenlandia ocupa una posición decisiva entre América del Norte, Europa y el Ártico, en una región donde Rusia mantiene capacidades militares y donde China busca ampliar su influencia económica y estratégica. La isla también se encuentra en una zona relevante para los sistemas de alerta temprana y defensa antimisiles.
Trump ha vinculado esa posición geográfica con su proyecto de escudo antimisiles Golden Dome. Su argumento es que Groenlandia permitiría mejorar la detección y la respuesta ante posibles amenazas procedentes del Ártico. La ampliación de las instalaciones militares estadounidenses responde a esa lógica, aunque la eficacia de cualquier sistema defensivo dependerá de sus capacidades técnicas, sus costes y la cooperación con los aliados.
El deshielo también está modificando las perspectivas comerciales de la región. La apertura estacional de rutas marítimas podría acortar algunos trayectos y facilitar el acceso a determinados recursos, aunque los riesgos meteorológicos, la falta de infraestructuras y las exigencias medioambientales continúan limitando su aprovechamiento. El cambio climático puede abrir oportunidades económicas, pero no convierte automáticamente el Ártico en una región sencilla o barata de explotar.
En ese contexto, el anuncio presidencial mezcla tres objetivos distintos: asegurar el acceso a materias primas, reforzar la presencia militar y proyectar una imagen de expansión económica. Esa combinación puede resultar útil para presentar Groenlandia como una prioridad estratégica estadounidense, pero dificulta separar los proyectos que cuentan con una base empresarial real de las aspiraciones políticas de la Casa Blanca. @mundiario
