Dos jornadas, dos empates y una sensación que va bastante más allá de los resultados. El Deportivo ha sumado ante Elche y Málaga, dos rivales que pueden compartir su pelea durante buena parte de la temporada, pero todavía no ha conseguido explicar sobre el campo qué clase de equipo pretende ser. Ante los ilicitanos tuvo un 39% de posesión, recibió más remates y acabó sufriendo; en La Rosaleda volvió a entregar la iniciativa al rival, que tuvo un 55% del balón y generó más disparos.
El contraste resulta especialmente llamativo porque enfrente aparecen equipos con una personalidad bastante más fácil de reconocer. Martín Anselmi llegó al Elche anunciando un conjunto protagonista, intenso, inteligente y con voluntad de tener la pelota. En pretemporada insistió en una presión adelantada, dinamismo ofensivo y una estructura preparada para generar ventajas. En Riazor, con todos los matices propios de una primera jornada, muchas de esas intenciones ya pudieron apreciarse.
Algo parecido sucede con el Málaga. Juanfran Funes construyó durante la pasada campaña un equipo reconocible, con libertad ofensiva, intensidad y una estructura que el propio club llegó a definir como un conjunto que jugaba prácticamente de memoria. El ascenso no modificó esa filosofía. Ante el Deportivo atravesó momentos de dificultad, pero terminó llevando el encuentro hacia el terreno que quería y fue superior durante buena parte de la segunda mitad.
Ni siquiera hace falta limitar la comparación a los dos rivales que ya se cruzaron con los coruñeses. El Racing de Santander, otro recién ascendido, afronta Primera con José Alberto defendiendo públicamente que no piensa renunciar a los principios que llevaron al equipo hasta la élite. Podrá ganar, perder o verse obligado a modificar determinadas cosas, pero existe una base sobre la que construir.
¿Y el Deportivo? Aquí aparece la verdadera cuestión. Porque después del partido de Málaga fue el propio Antonio Hidalgo quien reconoció que el equipo tiene que buscar “qué tipo de equipo somos”. Una declaración probablemente más importante que cualquier análisis de un empate concreto, porque pone palabras a una duda que lleva bastante tiempo acompañando al conjunto blanquiazul.
Tampoco es un debate nacido con el regreso a Primera. La pasada temporada Hidalgo ya defendió en varias ocasiones la necesidad de interpretar diferentes tipos de partidos, gestionar el talento disponible y buscar equilibrio en función de las circunstancias. Incluso explicó que muchos rivales modificaban sus planes cuando se enfrentaban al Deportivo. Esa capacidad para adaptarse puede ser una virtud, pero existe una línea muy fina entre ser versátil y convertirse permanentemente en aquello que exige el contrario.
El problema aparece cuando la adaptación deja de ser una herramienta y se convierte en el punto de partida. El Deportivo puede cambiar de dibujo, modificar alturas, presionar de una manera u otra o ceder determinados espacios dependiendo del adversario. Eso forma parte del fútbol. Lo que debería resultar reconocible son los principios que permanecen independientemente de quién esté enfrente.
Y ahí es donde este equipo todavía genera demasiadas preguntas. ¿Quiere mandar con el balón o sentirse cómodo atacando espacios? ¿Pretende presionar arriba o protegerse principalmente desde un bloque más bajo? ¿Busca someter en Riazor y sobrevivir fuera? ¿Qué hace cuando se adelanta? ¿Continúa atacando o empieza a proteger inmediatamente lo conseguido? No existe una única respuesta correcta. El problema es no tener todavía una suficientemente clara.
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— RC Deportivo (@RCDeportivo) August 25, 2026
Tampoco se trata de exigir posesiones del 70%, ataques constantes o convertir al Deportivo en un equipo temerario. Ser más conservador también puede constituir una identidad perfectamente válida si está trabajada, asumida y proporciona rendimiento. Pero con el talento y los recursos que tiene actualmente la plantilla, el conjunto coruñés debería aspirar a imponer más veces sus condiciones y no limitarse constantemente a interpretar las del adversario.
Hidalgo ha demostrado que sabe preparar diferentes escenarios y adaptar a sus jugadores. Ahora llega un reto distinto: conseguir que sean los demás quienes también tengan que adaptarse al Deportivo. La pregunta ya no es si este equipo puede jugar de muchas maneras. La pregunta es qué quiere ser y a qué quiere jugar el Deportivo. Y que todavía tengamos que formularla es, precisamente, parte del problema. @mundiario
