La pista central del imponente Ariake Colosseum aguardaba la segunda puesta en escena de Carlos Alcaraz en el ATP 500 de Tokio con una notable dosis de expectación y cierta demora obligada en el horario previsto. La extenuante batalla a tres mangas que protagonizaron previamente Denis Shapovalov y Alejandro Tabilo retrasó el calentamiento del tenista español, quien comparecía en la capital nipona con la necesidad de ofrecer un salto de calidad tras un estreno dubitativo y cargado de claroscuros frente a Alex Michelsen. Al otro lado de la red asomaba Matteo Arnaldi, un adversario al que ya había superado en torneos de renombre como el US Open e Indian Wells, pero cuyo estatus como semifinalista en Roland Garros obligaba a no rebajar la guardia.
El arranque de la contienda pareció encarrilar el mejor de los guiones imaginados para los intereses del número uno español. Alcaraz saltó al cemento tokiota con una marcha más, presionando sin cuartel desde la devolución para gozar de un triple punto de rotura en el primer turno de saque de su adversario. La agresividad del murciano forzó la capitulación inicial del italiano, permitiendo a Carlitos consolidar la ventaja con su propio servicio tras superar un pequeño titubeo que le obligó a recurrir al desempate para situar un prometedor 2-0 en el electrónico.
Sin embargo, el jugador de San Remo no estaba dispuesto a ejercer de comparsa y protagonizó una fulgurante reacción basada en la valentía y el juego directo. Respaldado por una extraordinaria movilidad de piernas y acelerando la pelota para desplazar al murciano de banda a banda, Arnaldi comenzó a sacar provecho de las dudas de Alcaraz con el segundo servicio. Con 2-1 y bola de rotura en contra, un error de derecha del tenista de El Palmar restableció la igualdad en el luminoso, abriendo un asfixiante tramo de equilibrio donde el transalpino forzaba el empate a cuarenta en casi todos los turnos al resto.
La paridad se adueñó de la cancha hasta los límites reglamentarios del primer asalto sin que ninguno de los dos contendientes cediera un milímetro de terreno con su saque. Arnaldi exhibió una determinación encomiable para sostener sus turnos de servicio mediante un tenis vertical y decidido, mientras Alcaraz debió templar los nervios y apretar los dientes desde el fondo de pista para contener el vendaval y asegurar el 6-6. El desenlace del set exigía la resolución en una muerte súbita que prometía un intercambio de máxima intensidad.
El desempate arrancó teñido por completo con los colores de la bandera italiana tras dos errores no forzados consecutivos de Alcaraz que entregaron la iniciativa a su oponente. Con una solidez conmovedora y cubriendo cada palmo de la pista, Arnaldi neutralizó los ataques del español hasta alcanzar una ventaja abrumadora de 6-2 en el marcador. Cuatro bolas de set consecutivas reposaban en las manos del transalpino, un escenario límite en el que la grada japonesa ya se preparaba para presenciar el golpe de mano del tenista forastero en el primer parcial.
Resistencia prodigiosa en el abismo y vendaval hacia cuartos
Fue justo en ese instante crítico cuando emergió la versión más indomable, competitiva y prodigiosa del campeón murciano. Al borde del precipicio, Alcaraz encadenó una de esas secuencias milagrosas que solo están al alcance de los elegidos: desactivó la primera bola de set con un golpe quirúrgico, forzó el fallo en la red de Arnaldi en la segunda y neutralizó las dos restantes a base de puro orgullo competitivo. Con una volea antológica en la cinta, completó una racha sideral de seis puntos consecutivos para cerrar el tie-break por 8-6, arrancándole el parcial de las manos a un incrédulo oponente.
El brutal mazazo psicológico de la remontada cayó como una losa de plomo sobre la resistencia de Arnaldi en los primeros compases del segundo set. Con la moral por las nubes y plenamente conectado a la pista, Alcaraz inauguró la manga reteniendo su saque en blanco en apenas un minuto de juego. La desolación del italiano contrastó de inmediato con el hambre del pupilo de Samuel López, quien mordió nuevamente al resto para anotarse una rotura en blanco y colocar un prematuro 2-0 que inclinaba definitivamente la balanza.
Lejos de contemporizar con la ventaja adquirida, el tenista de El Palmar pisó el acelerador a fondo para transformar el segundo asalto en un recital inapelable. Consolidó la brecha con otro juego inmaculado al servicio, combinando una pegada atronadora desde el fondo con dejadas milimétricas que desarticularon cualquier intento de reacción rival. Arnaldi, desbordado física y anímicamente tras el esfuerzo estéril de la primera manga, vio impotente cómo Alcaraz sellaba un nuevo quiebre para colocar un contundente 4-0.
El español no concedió el más mínimo respiro a su adversario y estiró la renta hasta el 5-0 exhibiendo una autoridad implacable con el saque. Aunque Arnaldi logró tirar de amor propio en el sexto juego para inaugurar su casillero en el parcial y eludir el rosco en el marcador, la inercia del choque resultaba completamente irreversible para la suerte del transalpino. Con bola en mano, Carlos se dispuso a finiquitar la faena con la compostura de quien ha descifrado por completo las condiciones de la pista.
Sin titubeos y atacando la pelota con máxima determinación desde el primer punto de partido, Alcaraz certificó el triunfo con un definitivo 7-6 y 6-1 tras una exhibición de menor a mayor. La épica resistencia en el desempate no solo salvó un compromiso envenenado, sino que desató la versión más arrolladora del murciano en suelo asiático. Instalado en la antepenúltima ronda del torneo, Carlitos se citará ahora en cuartos de final con el canadiense Denis Shapovalov con el firme propósito de reservar un billete para las semifinales. @mundiario
