El Deportivo afronta una noche que pesa más que tres puntos. En Castalia no solo se mide al Castellón: se mide a sí mismo. Dos victorias consecutivas han devuelto la ilusión y la posibilidad de asaltar la segunda plaza. Y en medio de ese escenario aparece un nombre que agita Abegondo: Riki.
El asturiano llegó en el último día del mercado con una misión clara: organizar. Su debut ante el Albacete fue apenas un anticipo, pero dejó una sensación nítida: el balón le obedece. Un perfil que el Depor necesitaba para mandar en los partidos y no solo sobrevivirlos.
Hidalgo, fiel a su estilo, no improvisa. El doble pivote José Ángel–Mario Soriano funcionó a ratos, pero se deshilachó con el paso de los minutos. La entrada de Riki fue un intento de recuperar el timón, aunque el equipo siguió sufriendo. Ahora, con más entrenamientos y un rival que aprieta arriba, la opción de verle como titular gana fuerza.
Si Riki entra, el mapa cambia. Soriano podría adelantarse a la mediapunta, su territorio natural, y eso empuja a alguien al banquillo. Hidalgo no parece dispuesto a arriesgar con un pivote demasiado frágil, pero sabe que mantener el tridente ofensivo es vital. La decisión no es táctica: es estratégica.
El Depor tiene en sus manos algo más que un partido. Tiene la oportunidad de demostrar que su techo puede elevarse con una sola pieza. Riki no es un fichaje cualquiera: es una idea. Y en Castalia, donde el balón quema y el ascenso se intuye, Hidalgo deberá elegir entre la paciencia… o el salto de fe que puede cambiar la historia. @mundiario
