Arabia Saudí se desgasta en Yemen ante unos hutíes que dinamitan el mar Rojo

La guerra de Yemen ha dejado de ser únicamente un conflicto enquistado en la península arábiga. La nueva ofensiva de los hutíes y la respuesta militar de Arabia Saudí están convirtiendo el litoral del mar Rojo en otro escenario de la guerra regional que enfrenta a Irán con sus adversarios. En los últimos días, ambos bandos han intercambiado ataques aéreos, drones y misiles, mientras decenas de miles de yemeníes abandonan sus hogares.

Según corroboró Reuters, Arabia Saudí realizó nuevos ataques contra posiciones hutíes en las provincias yemeníes de Hajjah y Taiz, mientras los rebeldes volvieron a lanzar drones y misiles contra territorio saudí. La Defensa Civil saudí confirmó además que los restos de un dron interceptado sobre Taif provocaron la muerte de un residente yemení y heridas a otras dos personas. Es la primera muerte anunciada por Riad dentro de Arabia Saudí desde la intensificación de los ataques.

El dato es relevante porque demuestra que los hutíes conservan capacidad para llevar la guerra al territorio saudí, aunque la mayoría de sus ataques recientes se han concentrado en las zonas fronterizas y en objetivos militares o energéticos. En semanas anteriores se habían registrado heridos en ciudades como Taif, Abha y Khamis Mushait. Riad, por su parte, ha respondido con una campaña aérea sobre distintos puntos de Yemen.

Para entender la situación actual hay que retroceder a 2014, cuando los hutíes tomaron Saná y ampliaron su control sobre buena parte del norte y oeste del país. En 2015, Arabia Saudí encabezó una coalición militar en apoyo del Gobierno yemení reconocido internacionalmente. El conflicto terminó convirtiéndose en una guerra indirecta entre Riad y Teherán, aunque las relaciones entre los hutíes e Irán son más complejas que una simple relación de subordinación.

La intensidad de los combates disminuyó considerablemente después de la tregua auspiciada por Naciones Unidas en 2022, aunque nunca se alcanzó un acuerdo de paz definitivo. El conflicto permaneció congelado en numerosos frentes hasta la actual escalada. 

La diferencia ahora es el terreno ganado por los hutíes. Su ofensiva sobre la costa occidental les ha permitido hacerse con posiciones estratégicas y aproximarse al estrecho de Bab el Mandeb, uno de los grandes puntos de paso marítimo entre el mar Rojo y el golfo de Adén. La ofensiva ha expuesto problemas de inteligencia, divisiones entre las fuerzas yemeníes adversarias y dificultades de la estructura militar respaldada por Arabia Saudí.

El golpe estratégico de los hutíes

El avance hutí no se limita a conquistar territorio. El control de posiciones próximas a Bab el Mandeb proporciona al movimiento una capacidad adicional para amenazar una ruta utilizada por buques comerciales y petroleros. La importancia estratégica aumenta porque el estrecho de Ormuz, por donde circula una parte fundamental de los hidrocarburos mundiales, permanece gravemente afectado por la guerra entre Estados Unidos e Irán.

El resultado es una peligrosa coincidencia: dos de los grandes accesos marítimos para el petróleo y el gas de Oriente Próximo están sometidos a presión simultáneamente. Al respecto, Reuters informó el jueves que solo tres buques comerciales atravesaron el estrecho de Ormuz el miércoles —frente a los doce del día anterior—, mientras que el tráfico por Bab el Mandeb también registró un descenso. En este contexto, el crudo Brent cerró el jueves en 104,82 dólares por barril y el West Texas Intermediate en 101,91 dólares. Ante la situación, Arabia Saudí intenta compensar parte de las interrupciones mediante vías alternas de exportación y trabaja para recuperar de forma parcial su oleoducto Este-Oeste, el cual resultó dañado en ataques recientes.

Por eso los hutíes están golpeando donde más puede doler a Riad: no necesariamente intentando derrotar militarmente al ejército saudí, sino elevando el coste de la guerra y poniendo en cuestión la seguridad de las infraestructuras energéticas y las rutas marítimas.

La capacidad hutí para emplear drones y misiles contra Arabia Saudí no es nueva. Durante los años más intensos de la guerra, el movimiento ya había atacado aeropuertos, instalaciones petroleras y otras infraestructuras saudíes. La novedad actual es que esos ataques coinciden con un avance territorial de los rebeldes.

Los hutíes han afirmado además haber derribado un caza saudí F-15. Han difundido imágenes que, según ellos, demostrarían la destrucción del aparato, pero esa afirmación no ha podido ser verificada de manera independiente.

La prudencia resulta especialmente necesaria en este punto porque la guerra informativa forma parte del enfrentamiento. Cada bando intenta presentar sus operaciones como una respuesta defensiva y las del adversario como una agresión. Arabia Saudí sostiene que está protegiendo su territorio y respaldando al Gobierno yemení reconocido internacionalmente; los hutíes aseguran que combaten contra una intervención extranjera.

El recrudecimiento de la guerra en Yemen ha trasladado la tensión geopolítica directo a los lugares más sagrados del islam. El coronel Turki al-Malki, portavoz de la coalición liderada por Arabia Saudí, denunció que las fuerzas de defensa aérea interceptaron un dron cargado de explosivos al sur de La Meca antes de que lograra adentrarse en el espacio aéreo restringido de la ciudad santa, advirtiendo que la seguridad de los peregrinos constituye una «línea roja». En respuesta, el líder del movimiento rebelde, Abdel-Malik al-Houthi, desmintió tajantemente la acusación en un discurso televisado, calificándola de «mentira atroz» y propaganda destinada a justificar los bombardeos saudíes.

Paralelamente, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, Esmaeil Baghaei, matizó la postura de Teherán al declarar que cualquier agresión a los sitios sagrados es condenable, pero subrayó que la simple afirmación de haber derribado un aparato no constituye una base jurídica suficiente para incriminar a los hutíes, sugiriendo incluso la posibilidad de una operación de «falsa bandera». Hasta el momento, agencias internacionales como Reuters recalcan que la procedencia y el objetivo real del dron no han podido ser verificados de forma independiente.

Yemen vuelve a pagar el precio

Mientras Arabia Saudí y los hutíes intercambian ataques, la población civil vuelve a desplazarse. La Organización Internacional para las Migraciones registró más de 101.000 personas desplazadas dentro de Yemen entre el 1 y el 15 de septiembre, elevando a 104.796 el acumulado desde el comienzo de la escalada iniciada en junio. 

Miles más han cruzado el mar Rojo hacia Yibuti. La Agencia de la ONU para los Refugiados había contabilizado más de 100.000 desplazados internos y nuevos movimientos por mar, mientras Yibuti advertía del aumento de llegadas.

Otro elemento decisivo es la posición de Washington. Arabia Saudí ha solicitado apoyo militar estadounidense, pero Donald Trump ha rechazado hasta ahora una intervención directa contra los hutíes. Los medios internacionales señalan que Estados Unidos sí mantiene cooperación en materia de inteligencia y apoyo para la identificación de objetivos, pero no ha autorizado ataques estadounidenses directos.

Riad ha recurrido también a otros socios. China ha pedido públicamente contención y diálogo y, según fuentes citadas por Reuters, habría solicitado privadamente a Irán que utilizara su influencia para contener a los hutíes.

El movimiento diplomático revela hasta qué punto el conflicto yemení ha cambiado de naturaleza. Ya no se trata únicamente de quién controla una provincia o una carretera. Está en juego quién controla o puede amenazar uno de los principales corredores marítimos entre Asia, Europa y Oriente Próximo. @mundiario