Rusia considera por su parte que el veredicto es un «acto evidentemente hostil». «El momento del veredicto tampoco se elige por accidente. Al parecer, alguien tiene interés en que el diálogo entre Rusia y el nuevo gobierno federal se vea ensombrecido por esto desde el principio«, dijo el embajador ruso.
Alemania ya había expulsado anteriormente a dos empleados de la embajada rusa, durante la última legislatura de Angela Merkel, tras los primeros resultados de la investigación del caso por parte del Fiscal Federal. En ese momento, Rusia reaccionó expulsando a dos diplomáticos alemanes. Ahora, Rusia responderá también «adecuadamente». «Las acciones no amistosas de Berlín no quedarán sin respuesta» ha adelantado a través de Telegram la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, en alusión aun inminente comunicado en el que Ruisa anunciará sus medidas de respuesta.
Antes de cumplir su primera semana en el cargo, Baerbock ha tenido tiempo también de anunciar que Alemania no autorizará la entrada en funcionamiento del gasoducto ruso Nord Stream II, ya terminado y esperando su licencia, en caso de que se produzcan pasos de escalada en la frontera de Ucrania, frete a la que el Kremlim ha desplegado tropas rusas, y que Berlín ha llegado previamente al respecto a un acuerdo de principio con Estados Unidos. Debido a la tensa situación de seguridad en la frontera de Ucrania, «el anterior gobierno alemán acordó con los estadounidenses» que en caso de nueva escalada el gasoducto no se pondrá en marcha, ha explicado la ministra en una entrevista concedida a la cadena de televisión pública alemana ZDF, en la que dio a entender que el nuevo gobierno, una coalición formada por socialdemócratas, liberales y verdes, mantendrá ese compromiso. El gasoducto, apoyado por Vladimir Putin y Angela Merkel, ha sido muy criticado por países como Ucrania, que hasta ahora servía de país de tránsito del gas y se beneficiaba económicamente por ello. A Estados Unidos y a varios países de Europa del Este, empezando por Polonia, les preocupa además que Europa dependa demasiado de la Rusia de Putin. Nord Stream II, que ha requerido una inversión de 10.000 millones de euros, es un proyecto encabezado por la rusa Gazprom pero en el que participan también la francesa Engie, las alemanas Uniper y Wintershall, la austriaca OMW y la anglo-holanesa Shell, recorre 1.230 kilómetros a través del mar Báltico y está listo para transportar gas desde Rusia hasta la costa norte de Alemania con una capacidad de 55.000 millones de metros cúbicos de gas al año, que duplicará la actual.

