¿Boicot deliberado? Marco Rubio intenta apagar el fuego con Ucrania y recupera las alertas de EE UU

Las relaciones entre Estados Unidos y Ucrania atraviesan uno de sus momentos más tensos y críticos desde la invasión rusa a gran escala. Volodímir Zelenski acusa a la Administración de Donald Trump de aplicar restricciones que debilitan la defensa ucraniana, mientras el secretario de Estado, Marco Rubio, intenta contener el enfrentamiento y niega que Washington haya decidido perjudicar deliberadamente a Kiev. El problema va más allá de un intercambio de reproches: afecta a la protección de la población, al suministro de armas y a las condiciones de una eventual negociación de paz.

«Las restricciones al intercambio de información de inteligencia y la reducción de la velocidad de Starlink ya no son simples amenazas, sino una realidad. Es injusto para nosotros», afirmó Zelenski en una entrevista con el diario italiano Corriere della Sera. El presidente ucraniano insistió en que sigue agradeciendo el respaldo del pueblo estadounidense y de los miembros de la Administración que buscan terminar la guerra, pero reclamó una relación basada en la transparencia: «Entre socios debe haber honestidad».

La declaración resume la contradicción que Kiev percibe en la política de Trump. Por un lado, Washington mantiene contactos diplomáticos con Ucrania y participa en los esfuerzos para negociar un acuerdo. Por otro, las decisiones estadounidenses sobre inteligencia, comunicaciones y armamento pueden limitar la capacidad ucraniana para responder a los ataques rusos.

Zelenski sostiene que ha planteado una fórmula concreta para reducir la escalada: Ucrania podría suspender durante un periodo determinado sus ataques de largo alcance contra refinerías rusas si Estados Unidos facilita misiles interceptores Patriot para proteger las infraestructuras energéticas ucranianas. La propuesta intenta vincular la moderación militar de Kiev con una mejora tangible de sus defensas.

El presidente ucraniano no presenta, por tanto, la cooperación con Washington como una cuestión exclusivamente política. Para su Gobierno, la disponibilidad de interceptores y las alertas tempranas pueden determinar cuántos misiles rusos alcanzan ciudades, instalaciones eléctricas y otros objetivos estratégicos.

Los Patriot, el punto crítico de la disputa

La controversia se ha agravado por la demora en autorizar el envío de interceptores Patriot que, según funcionarios ucranianos, ya habían sido financiados por países aliados. Kiev sostiene que una entrega permanece pendiente de aprobación en el Pentágono, bajo la responsabilidad del secretario de Defensa, Pete Hegseth. La información fue recogida por medios estadounidenses y ucranianos, aunque Washington rechaza que exista una orden política deliberada para castigar a Ucrania.

Rubio reconoció el 20 de octubre que algunos envíos podrían experimentar retrasos, pero argumentó que los interceptores se encuentran entre los productos más demandados del sector de defensa. Estados Unidos, explicó, también debe atender sus propias necesidades militares y las de otros socios. «No ha habido una directriz política deliberada para perjudicar a Ucrania», aseguró.

La explicación pone de relieve un problema real de disponibilidad, pero no despeja todas las dudas sobre el procedimiento. Si los aliados europeos han pagado determinadas entregas y estas siguen pendientes de autorización estadounidense, la discusión no se limita a quién financia las armas, sino también a quién controla su transferencia y con qué criterios.

La guerra contra Irán y el consumo de reservas militares han añadido presión sobre los arsenales estadounidenses y aliados. En ese contexto, la escasez puede explicar parte de los retrasos, pero también obliga a Kiev a competir por recursos que considera imprescindibles para sobrevivir a las campañas aéreas rusas.

El intercambio de información de inteligencia se ha convertido en un nuevo foco de fricción bilateral. El presidente Zelenski denunció que Ucrania dejó de recibir de manera anticipada alertas sobre ataques con misiles balísticos rusos provenientes de sus socios occidentales, particularmente de Estados Unidos, tras un mortífero bombardeo masivo contra Kiev.

Según detalló el mandatario, esta falta de avisos previos se prolongó durante al menos una semana y afectó la capacidad de la defensa aérea para activar las alarmas a tiempo. Aunque el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, negó categóricamente que Washington hubiera pausado deliberadamente el flujo de inteligencia, Zelenski confirmó horas más tarde (tras mantener conversaciones de alto nivel y una llamada telefónica con el propio Rubio) que el sistema de alerta temprana ha vuelto a estar operativo, permitiendo proteger a la población civil y dando un margen crítico a las unidades militares para intentar interceptar los proyectiles balísticos de Moscú.

El 20 de octubre, tras mantener la conversación telefónica de unos 45 minutos con Rubio y reunirse en Oslo con el enviado estadounidense Steve Witkoff, Zelenski afirmó que las alertas habían vuelto a funcionar. Agradeció a Washington la reanudación del servicio y subrayó su importancia para la seguridad de los civiles. La recuperación de esa cooperación representa un alivio inmediato, aunque no resuelve las discrepancias sobre por qué se produjo la interrupción o si obedeció a una decisión política.

Rubio, por su parte, ha negado que Estados Unidos suspendiera deliberadamente el intercambio de inteligencia. La diferencia entre ambas versiones continúa sin una explicación pública plenamente concluyente.

A ello se suma Starshield, la versión militar de la red satelital de SpaceX utilizada por las fuerzas ucranianas. Las limitaciones denunciadas por Kiev habrían afectado a operaciones con drones, incluidas algunas acciones de alcance medio. La dependencia de estas comunicaciones muestra hasta qué punto la tecnología privada y las decisiones del Gobierno estadounidense se han convertido en factores operativos de la guerra.

Rubio intenta recomponer la relación, pero los obstáculos continúan

La crisis se intensificó después de que Trump anunciara el 9 de octubre un acuerdo para que Rusia suministrara diésel a los mercados estadounidense e internacional, acompañado de una flexibilización de determinadas sanciones energéticas. La Casa Blanca presentó la iniciativa como una forma de aliviar la presión sobre los precios del combustible antes de las elecciones legislativas de noviembre.

Para Kiev, sin embargo, el anuncio fue una señal preocupante: mientras Ucrania solicita más defensas para contener los ataques rusos, Washington abre una vía de cooperación económica con Moscú. Zelenski calificó la decisión de injusta y cuestionó que los enviados estadounidenses estuvieran trabajando en favor de una paz equilibrada.

Trump, a su vez, ha acusado al presidente ucraniano de no querer terminar la guerra e incluso ha planteado la necesidad de un cambio de liderazgo en Kiev. Estos reproches han desplazado la discusión desde las condiciones de un alto el fuego hacia la propia legitimidad política de Zelenski, aumentando la desconfianza entre ambos gobiernos.

La conversación entre Rubio y Zelenski y las reuniones de Oslo muestran que todavía existe un canal diplomático activo. El secretario de Estado intenta evitar que las acusaciones públicas bloqueen la cooperación, mientras el presidente ucraniano insiste en que está dispuesto a negociar. «La paz es la prioridad», afirmó, aunque advirtió de que las cuestiones personales no deben confundirse con las necesidades estratégicas de los dos países.

El margen de Rubio, sin embargo, no depende únicamente de su voluntad de reducir la tensión. Las decisiones sobre los misiles Patriot corresponden al aparato de Defensa, mientras que las restricciones tecnológicas y el rumbo de la negociación están condicionados por las prioridades de Trump y de sus principales asesores. La falta de una posición pública coherente entre los distintos ámbitos de la Administración alimenta las dudas de Kiev sobre la continuidad del respaldo estadounidense.

El siguiente paso diplomático será la reunión de Witkoff con representantes rusos en San Petersburgo, prevista para el 21 de octubre, después de los contactos mantenidos en Noruega con Zelenski y dirigentes europeos. Entre los asuntos discutidos figuran posibles garantías de seguridad para Ucrania inspiradas en el artículo 5 de la OTAN. El Gobierno ucraniano reclama que cualquier acuerdo incluya compromisos jurídicamente sólidos y que no se decida su futuro sin su participación.

La posibilidad de una cumbre entre Trump, Vladímir Putin y Xi Jinping, sin Zelenski, agrava esa preocupación. Para Kiev, una negociación sobre su territorio y su seguridad sin representación ucraniana sería inaceptable. Para Washington, el desafío consiste en demostrar que puede mantener una relación funcional con Ucrania mientras negocia directamente con Moscú. @mundiario