Brasil, a las urnas: Lula y Flávio Bolsonaro miden sus fuerzas en una primera vuelta de infarto

Brasil acude este domingo a las urnas para decidir quién pasa a la segunda vuelta de unas elecciones presidenciales profundamente polarizadas y con Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro como protagonistas de una disputa que trasciende sus respectivas candidaturas. El presidente, líder del Partido de los Trabajadores (PT), aspira a un cuarto mandato no consecutivo, mientras el senador del Partido Liberal (PL) intenta recuperar para el clan Bolsonaro la Presidencia que su padre perdió ante Lula en 2022.

Los sondeos más recientes mantienen al mandatario por delante en la primera vuelta, pero sin alcanzar el 50 % de los votos válidos, mientras la distancia se estrecha en los escenarios de segunda vuelta.

La elección llega después de una campaña en la que ambos candidatos han construido discursos prácticamente antagónicos. Lula presenta la votación como una defensa de la democracia, la soberanía y las políticas sociales, mientras Flávio Bolsonaro reivindica el legado de su padre, endurecer la respuesta contra el crimen y reformar unas instituciones judiciales que considera cooptadas. Los dos cerraron el sábado sus campañas en São Paulo reclamando el voto y expresando confianza en una victoria, aunque el escenario que dibujan las encuestas apunta a una probable segunda vuelta el 25 de octubre.

Para Lula, la jornada tiene una dimensión personal y política extraordinaria. El dirigente sindical que llegó por primera vez a la Presidencia en 2003 busca convertirse en el primer presidente brasileño elegido democráticamente para cuatro mandatos. Su trayectoria ha atravesado la transición desde la dictadura militar, los grandes programas sociales de sus primeros Gobiernos, la crisis política que acabó con su sucesora Dilma Rousseff y el posterior ascenso del bolsonarismo.

El propio Lula ha utilizado en campaña su experiencia como argumento frente a una derecha que considera una amenaza para el modelo democrático construido durante las últimas décadas. El sábado, durante su acto de cierre en la avenida Paulista, afirmó que los brasileños acudirían a las urnas sabiendo que estaba en juego “la democracia y la soberanía”, frente a lo que definió como “barbarie y corrupción”. Son términos utilizados por el propio candidato para describir la disyuntiva electoral.

El presidente llega, sin embargo, con puntos débiles. El coste de la vida, la seguridad y las acusaciones de corrupción han pesado sobre su gestión, mientras distintos episodios relacionados con el Supremo Tribunal Federal (STF) han proporcionado argumentos tanto a sus adversarios como a los sectores críticos con la actual dirección de las instituciones. En las encuestas, Lula mantiene ventaja en asuntos como pobreza y desigualdad, política exterior y sanidad, pero Flávio Bolsonaro aparece mejor situado entre los electores que priorizan la inflación, la corrupción y la seguridad.

Flávio Bolsonaro, heredero de una derecha todavía movilizada

Al otro lado se encuentra Flávio Bolsonaro, senador de 45 años y primogénito de Jair Bolsonaro. Su candidatura supone el intento de mantener vivo el proyecto político de su padre después de que el expresidente quedara fuera de la carrera electoral y afrontara una condena por su papel en el intento de revertir el resultado de las elecciones de 2022. Flávio ha convertido esa herencia política en uno de los principales activos de su campaña.

Su estrategia combina la defensa de posiciones conservadoras con una fuerte ofensiva contra el Supremo. El candidato sostiene que existe una excesiva concentración de poder en la Justicia y acusa a algunos de sus magistrados de actuar políticamente en favor de Lula. También plantea una política de seguridad más dura frente a las organizaciones criminales y una relación más próxima con EE UU y el entorno político de Donald Trump.

El bolsonarismo llega, además, con una base electoral consolidada. La derecha conserva una importante presencia en el Congreso y el debate político brasileño continúa condicionado por el enfrentamiento que comenzó durante la presidencia de Jair Bolsonaro. El resultado de este domingo determinará no solo quién pasa a una eventual segunda vuelta, sino también el peso parlamentario con el que deberá gobernar el próximo presidente.

El caso Banco Master entra en la campaña

Uno de los elementos que más ha alterado la competición electoral durante los últimos meses ha sido el caso Banco Master, una investigación sobre las operaciones del antiguo presidente de la entidad, Daniel Vorcaro, que ha terminado salpicando a las cúpulas de todos ámbitos de la política y de las instituciones brasileñas en la mayor trama financiera de la historia del país.

Flávio Bolsonaro quedó formalmente bajo investigación en julio por posibles delitos relacionados con el dinero destinado a financiar la película Dark Horse, centrada en la trayectoria de su padre. La investigación se conoció públicamente en septiembre, cuando el Supremo levantó parcialmente el secreto de las actuaciones. Documentos de la Policía Federal señalan que Flávio actuó como interlocutor directo de Vorcaro en las negociaciones sobre la financiación del proyecto. El candidato rechaza cualquier irregularidad.

El caso no se limita al entorno de Bolsonaro. Las pesquisas también han abierto una crisis en el propio Supremo por las relaciones de algunos de sus magistrados con el banquero y por las discrepancias internas sobre la gestión y difusión de la documentación. El magistrado Alexandre de Moraes, exministro de Lula e instructor en los procesos judiciales contra Jair Bolsonaro, ha quedado igualmente bajo escrutinio político a raíz de las derivadas de Vorcaro por centenares de mensajes intercambiados en un chat, en el que el financiero pedía información y hacía peticiones sobre el procedimiento en su contra.

Una elección que no termina este domingo

La principal incógnita electoral es hasta qué punto la ventaja de Lula en la primera vuelta se transforma en una ventaja efectiva en la segunda. Las encuestas más recientes muestran al presidente por delante en intención de voto, aunque sin mayoría suficiente para evitar el balotaje. Un sondeo de Quaest situó a Lula en el 37 % frente al 33 % de Flávio, mientras AtlasIntel registró una diferencia de tres puntos y Datafolha también mantuvo al presidente por delante.

Esos datos describen una competición ajustada, pero no permiten anticipar el resultado. En Brasil, además, una primera vuelta con varios candidatos redistribuye el tablero para la segunda por los votos de las demás candidaturas, el comportamiento de los electores indecisos y las alianzas que se formen en las semanas posteriores pueden modificar sustancialmente la disputa.

Los dos candidatos llegan, por ello, al día decisivo con estrategias distintas. Lula busca consolidar la ventaja que le conceden los sondeos y movilizar a su electorado tradicional. Flávio Bolsonaro intenta ampliar el espacio de la derecha más allá del núcleo duro del bolsonarismo y convertir la seguridad, la corrupción y la crítica al Supremo en motores de una candidatura capaz de disputar el poder al presidente.

Dos modelos para un Brasil dividido

La elección representa, en definitiva, dos proyectos políticos enfrentados para el Brasil posterior al bolsonarismo. Lula ofrece continuidad respecto de su actual etapa de Gobierno, con énfasis en las políticas sociales, la reducción de la desigualdad, la protección ambiental y una política exterior más autónoma frente a Washington, alineada con China y Rusia. Flávio Bolsonaro plantea una ruptura con esa orientación, una agenda conservadora más marcada, una política de seguridad de mayor dureza y un acercamiento político a EE UU.

La dimensión internacional añade otra capa a la disputa. La Administración de Donald Trump ha tenido una relación especialmente conflictiva con el Gobierno de Lula y mantiene vínculos políticos estrechos con la familia Bolsonaro. Washington ha aplicado medidas comerciales contra Brasil y sanciones contra integrantes del Poder Judicial brasileño durante la controversia en torno al proceso contra Jair Bolsonaro, mientras Lula ha reivindicado la soberanía del país frente a las presiones estadounidenses. @mundiario