Bruselas afloja el nudo ante Grecia: nuevas sanciones a Rusia pero con el petróleo blindado

La Unión Europea ha evitado este jueves un revés político de gran calado al conseguir la aprobación del vigésimo primer paquete de sanciones contra Rusia por la invasión de Ucrania. Sin embargo, el acuerdo ha llegado tras una compleja negociación en la que varios Estados miembros han obligado a Bruselas a suavizar buena parte de las medidas inicialmente planteadas.

La principal victoria diplomática ha correspondido a Grecia. Atenas ha conseguido preservar parte de los intereses de su potente sector marítimo, obligando a introducir excepciones en uno de los puntos más sensibles del nuevo régimen sancionador, el transporte de gas natural licuado ruso hacia terceros países.

El acuerdo permite así que determinados contratos firmados antes de la invasión rusa de febrero de 2022 puedan seguir ejecutándose durante un periodo de doce meses, una excepción que será revisada anualmente.

Durante las últimas semanas, el Gobierno conservador de Kyriakos Mitsotakis había bloqueado el paquete comunitario alegando que una prohibición absoluta perjudicaría más a la industria europea que a Rusia. El principal argumento griego giraba en torno a Dynagas, una de las mayores compañías navieras especializadas en el transporte de gas natural licuado desde el Ártico mediante metaneros rompehielos.

Atenas defendía que obligar a estos buques a abandonar ese mercado no reduciría las exportaciones energéticas rusas, sino que abriría la puerta a operadores de China, India, Japón o Estados Unidos para ocupar ese espacio. Finalmente, Bruselas aceptó una excepción que satisface las exigencias griegas y desbloqueó así un acuerdo que amenazaba con fracasar en el último momento.

El tope al petróleo evita un aumento inmediato

Uno de los elementos más relevantes del acuerdo afecta al precio máximo autorizado para el petróleo ruso. La medida expiraba precisamente este jueves. De no haberse alcanzado un consenso, el límite habría aumentado automáticamente desde los actuales 44,10 dólares por barril hasta superar los 58 dólares, permitiendo a Moscú incrementar notablemente sus ingresos en un momento de fuerte tensión internacional.

La decisión de los Veintisiete mantiene congelado ese tope durante los próximos doce meses, en un intento de limitar los beneficios extraordinarios que Rusia obtiene gracias al encarecimiento del crudo provocado por la guerra en Oriente Próximo y el cierre del estrecho de Ormuz. La prórroga del mecanismo era considerada una prioridad estratégica por Bruselas, que temía enviar una señal de división interna al Kremlin.

La aprobación del paquete llega, sin embargo, con un contenido mucho más limitado que el planteado inicialmente por la Comisión Europea. Durante la negociación, distintos Estados miembros lograron eliminar o suavizar varias propuestas. Bulgaria consiguió retirar de la lista de sancionados al patriarca Kirill de la Iglesia Ortodoxa rusa, al fundador de Lukoil, Vagit Alekperov, y a otras figuras empresariales. Alemania y Portugal frenaron la prohibición de importar determinados productos pesqueros rusos, especialmente relevantes para sus industrias alimentarias.

Austria obtuvo modificaciones relacionadas con el banco Raiffeisen Bank, mientras que Francia e Italia rebajaron significativamente las restricciones previstas sobre la concesión de visados a ciudadanos rusos que hubieran servido en las Fuerzas Armadas. El resultado es un paquete que mantiene la presión económica sobre Moscú, pero que evidencia las dificultades crecientes para alcanzar la unanimidad entre los Veintisiete.

Más presión financiera

Pese a las concesiones, la Unión Europea incorpora nuevas medidas dirigidas a erosionar la capacidad financiera del Kremlin para sostener la guerra. El nuevo paquete incluye la incorporación de 32 entidades financieras rusas al régimen sancionador, nuevas restricciones sobre plataformas vinculadas a criptomonedas utilizadas para esquivar controles internacionales y la ampliación de la lista negra de personas y empresas relacionadas con la invasión.

En total, Bruselas incorpora 218 nuevos nombres entre individuos y sociedades cuyos activos quedarán congelados dentro del territorio comunitario y que tendrán prohibida la entrada en la Unión. Las sanciones también amplían el cerco sobre la denominada “flota fantasma” utilizada por Rusia para transportar hidrocarburos evitando los controles internacionales.

Bruselas defiende la eficacia de las sanciones

Desde la presidencia irlandesa del Consejo de la UE, la ministra de Exteriores, Helen McEntee, defendió que el nuevo paquete sigue golpeando las principales fuentes de financiación del esfuerzo bélico ruso. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, aseguró igualmente que las nuevas medidas continúan debilitando la base económica sobre la que Moscú sostiene la invasión de Ucrania. No obstante, el desarrollo de las negociaciones refleja también el creciente peso de los intereses nacionales dentro del debate europeo sobre las sanciones.

La desaparición del tradicional veto de Hungría tras la salida del poder de Viktor Orbán hacía prever una negociación más sencilla. Sin embargo, el protagonismo asumido ahora por Grecia y las reclamaciones presentadas por otros gobiernos ponen de manifiesto que mantener la unidad europea resulta cada vez más complejo a medida que el conflicto se prolonga y las sanciones afectan también a sectores estratégicos de los propios Estados miembros.

La aprobación del paquete evita una crisis política inmediata dentro de la Unión y mantiene la presión sobre Rusia, pero también confirma que Bruselas necesita cada vez más equilibrio entre la contundencia frente al Kremlin y la protección de los intereses económicos nacionales de los Veintisiete. @mundiario