Los hutíes bombardean el crudo saudí: se abre el frente más temido entre EE UU e Irán

La amenaza formulada por los rebeldes hutíes de Yemen hace apenas unos días ha dejado de ser una advertencia para convertirse en una realidad con consecuencias potencialmente globales. La milicia respaldada por Irán aseguró este jueves haber atacado con misiles y drones dos petroleros saudíes en el mar Rojo, una acción que supone la apertura de un nuevo frente en la guerra en Oriente Próximo y eleva el riesgo de una crisis energética de alcance internacional.

Poco después del anuncio hutí, la agencia oficial saudí SPA confirmó que uno de los buques afectados, el petrolero Encelia, sufrió un incendio tras ser alcanzado mientras navegaba por el mar Rojo. Según las autoridades saudíes, la tripulación comunicó a los servicios de emergencia que el barco había recibido el impacto de un misil. Riad, sin embargo, no ha confirmado oficialmente que el segundo buque señalado por los rebeldes, el Layla, también resultara alcanzado.

El ataque constituye mucho más que un episodio aislado. Marca la materialización del bloqueo naval contra Arabia Saudí anunciado por los hutíes el pasado lunes y extiende el conflicto a una de las arterias comerciales más sensibles del planeta. Hasta ahora, la principal preocupación de los mercados internacionales giraba en torno al cierre prácticamente total del estrecho de Ormuz, consecuencia directa de la escalada militar entre Irán y EE UU.

Por esa estrecha vía marítima transitaba, antes del estallido del conflicto, aproximadamente una quinta parte del petróleo comercializado en el mundo. La interrupción de ese corredor ya había tensionado los precios internacionales de la energía y disparado las alertas sobre un posible repunte de la inflación mundial.

Ahora, la amenaza se desplaza también hacia el mar Rojo y el estrecho de Bab el Mandeb, paso obligado entre el océano Índico y el canal de Suez por el que circula cerca del 10 % del petróleo mundial y buena parte del comercio marítimo entre Asia y Europa. Si ambos corredores permanecen bajo amenaza simultáneamente, el sistema energético internacional afrontaría una perturbación sin precedentes desde las grandes crisis petroleras del siglo pasado.

Los hutíes abren otro frente contra Arabia Saudí

La respuesta de los mercados no se hizo esperar. Tras conocerse el ataque, el barril de Brent llegó a subir más de un 2 %, superando los 100 dólares por barril y alcanzando su nivel más elevado desde comienzos de junio. El temor de los operadores no se limita al volumen de crudo afectado, sino al riesgo de que las principales compañías navieras comiencen a evitar el tránsito por la zona, encareciendo el transporte marítimo y reduciendo la oferta disponible en consecuencia.

De hecho, varios petroleros ya modificaron sus rutas en las últimas horas para evitar el estrecho de Bab el Mandeb, mientras otros buques saudíes optaron por regresar a puerto antes de atravesar una zona que empieza a considerarse de alto riesgo.

La ofensiva también supone un giro estratégico para los rebeldes yemeníes. Tras años centrando sus ataques en Israel, en embarcaciones vinculadas a Occidente o en objetivos militares estadounidenses, la milicia vuelve ahora a colocar a Arabia Saudí en el centro de sus operaciones. El movimiento reabre un conflicto que parecía relativamente contenido desde las negociaciones impulsadas por distintos actores regionales y amenaza con implicar nuevamente a Riad en una guerra de desgaste que llevaba meses reduciendo su intensidad.

Los hutíes justifican su decisión como respuesta al apoyo saudí a la estrategia estadounidense en la región, mientras Washington sostiene que la ofensiva responde directamente a instrucciones procedentes de Teherán. La animosidad entre el reino saudí y los rebeldes que controlan de facto buena parte del país también pasa por el conflicto yemení, en el que Riad apoya al Gobierno depuesto de Yemen en la guerra civil e incluso ha librado combates con su propio ejército contra las fuerzas de la milicia hutí.

Washington acusa a Irán de extender el conflicto

La Administración de Donald Trump considera que la nueva escalada forma parte de una estrategia iraní para aumentar la presión sobre Estados Unidos y sus aliados en el golfo Pérsico. El secretario de Estado, Marco Rubio, acusó públicamente a Teherán de reforzar la presencia de miembros de la Guardia Revolucionaria en Yemen para coordinar las operaciones hutíes y reactivar el enfrentamiento con Arabia Saudí.

Aunque no aportó pruebas públicas que respaldaran esa afirmación, Washington interpreta que la ofensiva contra los petroleros forma parte de una estrategia coordinada destinada a volver a extender el conflicto más allá del territorio iraní.

La respuesta política de la Casa Blanca también ha elevado el tono. Trump anunció que cualquier nuevo ataque iraní contra embarcaciones en el estrecho de Ormuz tendrá una represalia inminente sobre infraestructuras estratégicas del país persa. El presidente estadounidense advirtió que cada agresión será respondida con bombardeos contra puentes, plantas eléctricas u otros objetivos considerados esenciales para el funcionamiento del Estado iraní.

Mientras tanto, el Comando Central (Centcom) confirmó una nueva oleada de ataques aéreos sobre territorio iraní, ya la duodécima noche consecutiva de bombardeos, con el objetivo declarado de debilitar la capacidad militar de Teherán para amenazar la navegación internacional.

Irán, por su parte, mantiene intacta su estrategia de represalias. El ministro de Exteriores, Seyed Abbas Araghchi, reiteró que cualquier agresión contra infraestructuras iraníes recibirá una respuesta equivalente. Durante las últimas horas, Teherán aseguró haber atacado instalaciones militares estadounidenses en Jordania y Kuwait, además de objetivos energéticos y plantas desalinizadoras en varios países del Golfo, ampliando el alcance geográfico de una guerra que ya afecta a buena parte de Oriente Próximo. @mundiario