Carlos Alcaraz volverá a faltar a otro gran escenario. El tenista murciano confirmó este lunes que tampoco disputará Wimbledon ni la gira de hierba por culpa de la lesión de muñeca que arrastra desde abril, una ausencia especialmente dolorosa por tratarse de uno de los torneos más importantes de su carrera y donde ya sabía lo que era reinar.
La imagen empieza a ser extraña para el tenis mundial. El circuito sigue avanzando, los grandes torneos continúan cayendo uno tras otro y Alcaraz permanece fuera, mirando desde lejos cómo se escapan semanas, puntos y oportunidades. Madrid, Roma, Roland Garros, Queen’s y ahora Wimbledon. Demasiados nombres para un jugador llamado a liderar esta era.
Porque el gran problema ya no es únicamente la lesión. El gran problema es el vacío competitivo que deja su ausencia. Cada torneo sin Alcaraz se convierte automáticamente en territorio liberado para Jannik Sinner, que empieza a asentarse como líder absoluto del tenis mundial. El italiano no solo mantiene el número uno, sino que empieza a construir una distancia psicológica y clasificatoria muy difícil de recortar.
Hace apenas unos meses, la rivalidad entre ambos parecía destinada a marcar una época. Alcaraz venía de conquistar Australia y completar el Career Grand Slam más joven de la historia, mientras Sinner respondía con una regularidad casi inhumana en Masters 1000 y finales ATP. El circuito parecía dividido entre dos gigantes destinados a intercambiar golpes durante años.
Sin embargo, las lesiones frenaron de golpe el ascenso del español. Y el tenis actual no perdona pausas. Mientras Alcaraz se recupera, Sinner acumula semanas como número uno, suma títulos y empieza a gobernar el ranking con una sensación de estabilidad que recuerda a las grandes hegemonías del pasado reciente.
La ausencia de Wimbledon tiene además un componente emocional especialmente fuerte. Allí Alcaraz había construido parte de su leyenda reciente. Era el torneo donde el español parecía más libre, más creativo y más dominante. Ver el cuadro sin él deja una sensación extraña incluso para el aficionado neutral. Porque más allá de rankings y estadísticas, el murciano representa el factor imprevisible que transforma cualquier torneo en un espectáculo.
El propio Alcaraz reconoció en su comunicado que su recuperación avanza bien, pero que todavía no se encuentra preparado para competir al máximo nivel. Una decisión prudente pensando en el largo plazo, aunque dolorosa para un jugador acostumbrado a vivir permanentemente en las rondas finales y en las grandes noches del circuito.
Mientras tanto, el tenis sigue adelante sin una de sus grandes estrellas. Y cada semana que pasa aumenta la sensación de que Sinner gobierna solo el circuito ATP. No porque no existan grandes jugadores, sino porque el único capaz de discutirle realmente el trono lleva demasiado tiempo lejos de las pistas. @mundiario
