Champions como terapia: el Atlético busca curar su síndrome de Jekyll y Hyde ante el Brujas

El Atlético de Madrid llega a su cita con el Brujas como si viviera dentro de una novela de Stevenson: el extraño caso del equipo que alterna entre el Doctor Jekyll y Mister Hyde. Capaz de deslumbrar con un 4-0 al Barcelona en Copa y, días después, ofrecer una versión irreconocible frente al Rayo, el conjunto de Simeone parece atrapado en esa dualidad que tanto desconcierta a su afición.

El técnico lo sabe y por eso ha decidido romper con las rotaciones. La Champions no admite disfraces ni medias tintas. Recuperar a Koke, Griezmann y Giuliano es más que un movimiento táctico: es un intento de devolver al equipo su identidad, de rescatar al Atlético que compite con intensidad y colmillo cuando siente que el partido es de vida o muerte.

Las bajas de Barrios y Nico obligan a ajustar planes y reducen alternativas, pero Simeone no puede permitirse un Atlético partido. El Brujas no será un gigante, pero sí un rival que castiga cualquier desconexión con precisión quirúrgica. La gran incógnita está en Marcos Llorente, cuya ubicación definirá el dibujo: interior en un 4-3-3 junto a Koke y Griezmann, o lateral derecho para sostener la intensidad.

La defensa parece haber encontrado estabilidad con Pubill y Hancko, respaldados por Oblak, mientras que en ataque Lookman reclama protagonismo, Giuliano es imprescindible y Julián Álvarez busca reencontrarse con su mejor versión. El once que perfila Simeone transmite jerarquía y una intención clara: volver a ser el Atlético que intimida en Europa.

La metáfora de Jekyll y Hyde no es gratuita. El Atlético se juega en Bélgica algo más que un resultado: se juega su credibilidad. La Champions exige coherencia, intensidad y carácter. Simeone ha decidido que no hay espacio para experimentos y el reto es que el equipo deje de oscilar entre dos caras. Y se reconozca, por fin, en la que le ha dado prestigio: la del Atlético que compite como si cada partido fuera el último. @mundiario