Hay entrenadores de los que se pueden recitar ocho o nueve titulares prácticamente de memoria. Con Claudio Giráldez sucede justamente lo contrario. Intentar adivinar una alineación del Celta se ha convertido en uno de esos ejercicios en los que la lógica sirve únicamente hasta que aparece el once oficial. Cambian los centrales, los carrileros, el centro del campo y, sobre todo, el ataque. Un jugador puede ser titular un domingo, quedarse en el banquillo cuatro días después y regresar al once en el siguiente encuentro sin que necesariamente haya ganado o perdido jerarquía.
Los números demuestran que no se trata de una percepción. Durante la temporada 2025/26, el Celta disputó 55 partidos entre Liga, Europa League y Copa del Rey y Giráldez presentó 55 alineaciones diferentes. Ni una sola repetición. En Liga introdujo una media de 4,34 cambios entre jornadas consecutivas, con un mínimo de dos modificaciones y partidos en los que llegó hasta siete. Un curso antes ya había completado las 38 jornadas ligueras sin repetir una sola formación. Convertir la excepción en norma durante dos temporadas deja claro que detrás hay una decisión consciente y no una sucesión de circunstancias.
Mestalla fue únicamente el último ejemplo. Los pronósticos situaban a futbolistas como Starfelt, Javi Rueda, Iago Aspas o Williot Swedberg en el equipo inicial. Giráldez presentó en cambio a Yoel Lago, Javi Galán, Jones El-Abdellaoui y Hugo Álvarez, entre otras decisiones difíciles de anticipar. Hasta los medios que siguen diariamente al equipo tienen problemas para acercarse al once, algo perfectamente comprensible cuando el propio entrenador ha construido un sistema en el que ser suplente una semana no significa ser suplente la siguiente.
Giráldez no tiene un once: tiene una plantilla
Esa es probablemente la primera explicación. Giráldez parece pensar mucho menos en once titulares y mucho más en una plantilla de veinte o veintitantos futbolistas utilizables. Durante la pasada Liga llegó a emplear 31 jugadores y los únicos futbolistas de campo que superaron las 40 titularidades sumando todas las competiciones fueron Marcos Alonso y Javi Rodríguez. Ilaix Moriba, Carreira, Mingueza o Hugo Sotelo también tuvieron mucho protagonismo, pero prácticamente nadie alcanzó la condición de intocable.
También existe una razón táctica. El entrenador prepara muchos partidos atendiendo al rival y dispone de futbolistas capaces de ocupar funciones muy diferentes. El-Abdellaoui ha sido extremo, carrilero, segundo delantero y punta; Mingueza podía aparecer como central, carrilero o centrocampista; Hugo Álvarez ha actuado por fuera y por dentro. El propio Giráldez ha explicado anteriormente que variar las alineaciones ayuda a mantener la competitividad interna y también dificulta la preparación del adversario. Si nosotros tenemos problemas para adivinar quién jugará, probablemente el entrenador rival también.
Después está el componente físico. El Celta disputó 55 partidos la temporada pasada y llegó hasta los cuartos de final de la Europa League, además de terminar sexto en Primera y volver a clasificarse para Europa. Gestionar semejante calendario con un núcleo reducido de catorce futbolistas habría supuesto asumir un desgaste enorme. Giráldez eligió el camino contrario: repartir minutos, refrescar continuamente el equipo y utilizar prácticamente todas las herramientas disponibles. Fue, de hecho, el único técnico de Primera que realizó los cinco cambios en las 38 jornadas de Liga.
La política tampoco parece perjudicar especialmente a quienes empiezan en el banquillo. El Celta consiguió 17 goles ligueros de suplentes durante la pasada campaña. Borja Iglesias marcó cuatro entrando desde fuera, Williot hizo tres y también aportaron Aspas o El-Abdellaoui. El mensaje es evidente: en el Celta de Giráldez, no salir en la foto inicial no equivale a tener un papel secundario. El partido se plantea cada vez más como una unidad de 90 minutos en la que pueden intervenir 16 futbolistas.
Las virtudes también pueden convertirse en defectos
Pero semejante rotación también tiene riesgos. Un futbolista necesita continuidad para alcanzar su mejor versión, especialmente cuando es joven, cambia de posición o acaba de llegar al club. Saber que una buena actuación no garantiza repetir cuatro días después puede mantener elevada la competencia, pero también dificultar la creación de automatismos y la confianza individual. Hay parejas defensivas, sociedades en el centro del campo y mecanismos ofensivos que normalmente mejoran cuanto más tiempo comparten los mismos jugadores sobre el césped.
También puede llegar un momento en el que tanta igualdad complique la construcción de jerarquías. Todo equipo necesita saber quién aparece cuando llega una eliminatoria decisiva, quién ejecuta determinadas acciones y cuáles son los futbolistas alrededor de los que se construyen los partidos importantes. Durante algunos tramos del curso pasado llegaron a aparecer esos roles con mayor claridad: Radu en la portería, Marcos Alonso o Starfelt atrás o determinados jugadores en encuentros de máximo nivel. Incluso Giráldez redujo ocasionalmente las modificaciones cuando el calendario permitió preparar mejor los partidos.
✍️ 𝐂𝐋𝐀𝐔𝐃𝐈𝐎 𝐆𝐈𝐑𝐀́𝐋𝐃𝐄𝐙 🩵 pic.twitter.com/Ab25BrIJCW
— Celta (@RCCelta) March 13, 2024
Sin embargo, los resultados hasta ahora dificultan discutir demasiado el método. El Celta pasó de pelear por evitar problemas a clasificarse dos temporadas consecutivas para Europa, terminó sexto en la última liga y alcanzó los cuartos continentales mientras mantenía una plantilla joven y daba espacio constantemente a la cantera. Giráldez ha conseguido que cambiar medio equipo no signifique necesariamente cambiar la identidad del equipo. Esa quizá sea la mayor victoria de todas.
Por eso intentar pronosticar sus alineaciones probablemente seguirá siendo una batalla perdida. Giráldez no rota porque todavía esté buscando su once; rota porque parece convencido de que no necesita tener uno. Mientras otros entrenadores construyen una columna vertebral y modifican las piezas de alrededor, el técnico porriñés ha convertido la incertidumbre en parte de su modelo. Puede acabar siendo una de sus mayores virtudes o, si alguna vez los resultados dejan de acompañar, uno de los primeros aspectos que se le cuestionen. De momento, los únicos realmente perjudicados son quienes tienen que publicar una alineación probable del Celta. @mundiario
