Como enfrentar el sufrimiento

Romanos 8:18-27.

En su segunda carta a la Iglesia de los Corintios, el apóstol Pablo escribió lo siguiente: “Por tanto, nos desmayamos; antes aunque este hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas”, II-Corintios 4:16-18. Para nadie es un secreto las palabras antes citadas sobre nuestro cuerpo. Nos desgastamos poco a poco; en ocasiones nos miramos al espejo y nos asombramos al vernos, porque en verdad no somos ni sombra de lo que fuimos. Lo más importante es forjar todo nuestro ser en nunca desmayar, buscando la forma de renovar nuestro espíritu cada día. ¿Que nos produce tribulación, sufrimientos? Sí, no obstante, leyendo a Pablo, tomemoslo como una leve tribulación, que solo es comparable con el futuro eterno peso de gloria. Que es lo que nos dice el primer verso de nuestra lectura central. También, es bueno resaltar las palabras: “no mirando”, lo cual no significa “ignorando”, sino un estar atentos constantemente, u observando. Pablo reconoce que el ser exterior padece (v-16), pero por la fe podemos ver más allá de lo externo y del momento presente. Debemos contemplar las cosas temporales a la luz de las eternas. Hebreos 11:1, que nos dice así: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. A esto podemos llamarle: “esperar con esperanza”.

Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse”, Romanos 8:18. Señoras y señores, leamos esto con mucha atención, por favor: “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales”, Romanos 8:11. Solamente con nuestro espíritu interior vivificado por el poder del Espíritu Santo de Dios, es que podemos hacer frente a nuestras aflicciones y tribulaciones que a diario nos azotan.

Nos enfermamos, se enferman nuestros hijos/as, nuestros esposos/as, familia en general, así como nuestras amistades. Durante casi todo el año 2020 hasta la fecha, son muchas las vidas que hemos visto partir, familiares, amistades, colegas; sin siquiera tener la oportunidad de compartir un momento en su sufrimiento, no pudiendo cumplir con estas personas estando aún en vida por todo el pavor que ha causado la pandemia del Coronavirus  en todo el mundo. Uno de mis grandes amigos, a final del año pasado fue diagnosticado con esta enfermedad; no pude asistir al hospital a verle, porque no se me permitía, ni mucho menos al sepelio, porque si iba tendría que observar desde la distancia, porque, por el famoso “protocolo”, que se ha convertido en la palabra más usada en los últimos meses, me era imposible dar el último adiós a mi amigo. Esto nos produce tribulaciones y aflicciones, porque nos sentimos impotentes en tal situación. “Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que sujetó en esperanza, porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios”, Romanos 8:19-21. La creación natural también será redimida cuando se consuma nuestra redención, es la definición del verso 21. Todo el universo creado ha sufrido las consecuencias del pecado humano, y ha estado sujeto a contaminación, futilidad y corrupción. Sin embargo, ese proceso de deterioro es sólo temporal, porque Dios ha provisto esperanza y liberación. ¡Gloria a Dios! “Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo”, Romanos 8:22-23. Creo que no existe un dolor más fuerte que el que produce el alumbramiento de su bebé de una mujer; así describe el autor de su carta a la Iglesia de Roma, gime, grita y no existe nadie que la pueda auxiliar hasta que no llega el momento del nacimiento de su criatura. Así como las primicias de la cosecha son un anticipo de todos los frutos que se pretende recolectar, la dádiva del Espíritu Santo constituye una primicia de lo que recibiremos con la plena adopción como hijos e hijas de Dios, cuando nuestros cuerpos sean redimidos. La metáfora también sugiere que el Espíritu Santo nos permite saborear lo que será la vida por venir.

Nosotros gemimos porque, aunque nuestras almas han sido salvadas, nuestros cuerpos aún están sujetos al dolor y al pecado. Pero miramos hacia adelante con esperanza, principio del verso 24, aguardando la resurrección de nuestros cuerpos, que serán liberados de su fragilidad y pecado.

Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que se ve, ¿a qué esperarlo? Pero si esperamos lo no vemos, con paciencia lo aguardamos. Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles”, Romanos 8:24-26. La esperanza es un estado que vivimos, una espera, anhelamos la llegada que por algún tiempo hemos buscado. Esta no se puede ver, no es visible a nuestros ojos; esta se convierte, pues en “fe”, por esto las palabras del verso 25: “Pero esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos”. El Espíritu nos ayuda, dice el verso 26. La palabra griega traducida como “ayuda” se usa en Lucas 10:40, donde Marta le pide a María que le ayude. El término no indica que el Espíritu va a orar en lugar nuestro, sino que se nos une para hacer más efectivas nuestras débiles oraciones. Algunos interpretan los “gemidos” como emitidos por el Espíritu Santo, debido a que el texto dice que el Espíritu los usa para interceder por nosotros. La expresión “indecible” no necesariamente significa “silente”, sino que más bien quiere decir “imposible de poner en palabras”. Si el verso 26 se refiere a los “gemidos” del Espíritu Santo, que no podemos escuchar, entonces, mis amadas/os del Señor, simplemente ofrece aliento afirmando que el Espíritu ora por nosotros, y lo hace con efectividad cuando nosotros no sabemos hacerlo.

Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos”, Romanos 8:27. Para reafirmar lo escrito en el último verso, se hace necesario trasladarnos hasta el Salmo 139, cuando David escribió: “Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; Has entendido desde lejos mis pensamientos”, Salmo 139:1-2. Y el verso 4, de este mismo salmo reafirma todo lo plasmado en este último párrafo, cuando nos dice: “Pues aún no está la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda”.

Debemos recordar que somos creación de Dios. “Porque tú formaste mis entrañas, Tú me hiciste en el vientre de mi madre”, Salmo 139:13. Para tí, que te encuentras en aflicción hoy, también en sufrimiento, lee esto, por favor: “Jehová cumplirá su propósito en mí; Tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; No desampares la obra de tus manos”, Salmo 138:8. “Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismos os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca”, I-Pedro 5:10. Anterior, en el mismo capítulo, veamos esto: “Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros”, vero 7. Toda la aflicción que padecemos hoy, todo nuestro sufrimiento, vamos a depositarlo sobre nuestro Señor, porque Él nos ha llamado a su gloria eterna, aunque padezcamos enfermedades, pérdidas de familiares y amistades; con todo, mis amadas/os del Señor, todo es pasajero, porque al final obtendremos la victoria que es en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Aun en las dificultades y el sufrimiento, aun en la más amarga desilusión, aun cuando maltratados o maltratadas, debemos saber que Dios obra en medio de esas situaciones; para que se cumplan sus buenos propósitos en nosotros. Puede que Dios cambie o no la situación directamente, pero aun si se mantiene difícil, nuestro Dios garantiza buenos resultados al final; inclusive una mayor madurez a quienes conforme a su propósito son llamados.

Quiero finalizar este mensaje con un testimonio vivo de la Sra. Sandra Sill, de Carolina del Norte, en U.S.A. Es el siguiente: “Al escribir esto, estamos transitando la cuarentena por el Covid-19 y mi esposo, internado en una residencia especializada; está por morir. Afortunadamente, me permitieron verlo por última vez. No es necesario decir lo difícil que es la vida en este momento. Además, una vez que él fallezca, sé que será muy arriesgado pensar en que la familia y los amigos se acerquen para darme su consuelo y su apoyo. Estaré sola—— y a la vez, acompañada. Dios está conmigo”.  Vale plasmar el siguiente verso: “Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones”, Salmo 46:1. Nada debemos temer, vamos a apoyarnos en Dios. Que Él nos bendiga en abundancia.

Pastor: Héctor E. Contreras.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here